
Camino a casa paso por el chino de la vuelta, elijo cuidadosamente las verduras que incluiré en la sofisticada ensalada de la noche que tendrá tomate secos (que hidrataré con agua y luego sumergiré en aceite de oliva), rúcula, almendras tostadas, parmesano y olivas negras. Después paso por la carnicería y elijo dos pechugas que cocinaré vuelta y vuelta en la plancha con un poco de limón, mostaza y miel.
Mientras las hornallas están apagadas, me corro hasta al lavadero de enfrente, retiro las sábanas que dejé el sábado, dejo una tanda más de ropa (que volverá mal lavada y diminuta como para la Barbie que ya no tengo) y vuelvo corriendo para guardar todo en su cajón correspondiente y cambiar sábanas. Repaso apenitas el baño con muchos productos mata todo bicho y bacteria. Atiendo el llamado de MLD fresca como una lechuga mientras voy levantando bombachas que yacen tiradas por el baño, una toalla húmeda que murió en el suelo esta mañana y saco el paraguas de adentro de la pileta de la cocina donde durmió el domingo. MLD avisa que está apenas atrasado pero en camino lo que me da tiempo para una ducha y un brushing de flequillo antes de su arribo. Lo hago, me cambio, maquillo apenas y perfumo. Vuelvo a la cocina, re enciendo las hornallas para terminar la cocción mientras lavo platos del desayuno y vasos del domingo. Hablo con Mara con el teléfono sostenido entre el hombro y la oreja y voy abriendo una botella de vino blanco o al menos eso intento.
-Bancame que abro la botella y te llamo porque me voy a sacar un ojo.
Abro el vino, me sirvo una copa. Pongo la mesa. Prendo dos velitas. Elijo un poco de música. Veo las zapatillas de correr al lado del sillón y corro a mi cuarto a esconderlas debajo de la cama. Mientras las pechuguitas se doran contesto dos mails laborales de clientes desubicados que escriben en horarios ridículos y aún así me obligo a contestarles.
Me creo un ama de casa ejemplar pero termino agotada por falta de práctica y cuando MLD llega estoy tumbada en el sillón.









