De Pampanga a Buenos Aires, una chef multinacional

Nació en EE.UU., se crió en Filipinas, se enamoró de un argentino y cocina platos asiáticos

Por Teresa Bausili

9 de junio de 2013, 03:00

De Pampanga a Buenos Aires, una chef multinacional

La puntada de hambre iba directo al alma. Y fue a raíz de esa tremenda añoranza por su comida, imposible de encontrar en Buenos Aires, que Christina Sunae –norteamericana y asiática en mitades iguales– abrió en 2009 su propio restaurante.

Cocina Sunae es el nombre de lo que rápidamente se convirtió en uno de los mejores étnicos a puertas cerradas de la ciudad. La casa que comparte en Villa Ortúzar con su marido Franco, argentino, y sus hijos Dante (7 años) y Zoe (7 meses), abre las puertas al público los jueves, viernes y sábados, para un ritual gastronómico que se maneja con reserva y lista de espera.

Platos de la infancia, recetas de su madre y abuela filipinas, toques personales y otros adquiridos en su paso por cocinas de todo el mundo, se combinan para llevar al agradecido comensal en un viaje por los sabores del sudeste asiático. Los secretos de esas recetas quedaron plasmados en su flamante libro Sabores del Sudeste Asiático, una selección de 45 platos que pueden prepararse con ingredientes disponibles en nuestro país (muchos, eso sí, se consiguen principalmente en el barrio chino).

"Uso mi sensiblidad para cocinar", dice Sunae (es su segundo nombre, pero ella prefiere que la llamen así), sin alardes ni falsa modestia, mientras sirve un té de lemongrass con azúcar de coco. El living, luminoso, tiene mesas de todos los tamaños, cuadros de colores, fotos de familia, una ventana que da a un patio florido y, en fin, lo necesario como para sentirse en una atmósfera 100% hogareña.

No le es tan simple explicar de dónde es esta mujer de 38 años, ojos apenas rasgados y sonrisa franca. Habla con la misma paciencia y suavidad con las que uno fácilmente se la imagina compenetrada en la cocina, preparando curries y salsas, marinando carnes, enrollando rolls, sazonando sopas, o probando ingredientes y texturas hasta lograr el punto justo.

"Muchos me preguntan si soy brasileña", ríe. Pero no. Nació en Carolina del Sur, aprendió sus primeras palabras en Japón, pasó su infancia en Filipinas, estudió en Nueva York y recaló en Buenos Aires. Eso no es todo: su padre es estadounidense, su madre biológica, coreana, y su verdadera madre, filipina. Fue gracias a esta última, la segunda esposa de su padre y la mujer que prácticamente la crió, que Sunae aprendió a amar la comida desde que tiene uso de razón. En Pampanga, capital culinaria de Filipinas, creció rodeada de la cocina en familia y las visitas diarias a los mercados, donde los pescados se venden vivos y la cabeza de chancho es un corte popular. En este archipiélago de influencia española, china, malaya y norteamericana, el arroz acompaña todos los platos, las carnes se cocinan en cantidades generosas de vinagre (antiguamente y a falta de heladeras, un buen método de conservación), la buena vecindad obliga a compartir la comida, las casas tienen dos cocinas (se usa principalmente la exterior) y, puertas adentro, se come con la mano (siempre la derecha, en pequeños trozos y empujando el bocado con las puntas de los dedos).

Fue una infancia feliz, colorida y claramente marcada por la comida.Tenía un hornito de barro, recuerda Sunae, donde cocinaba el arroz con el que se alimentaba a los gallos: su primera experiencia de "cocina de autor".

A los 14 años regresó con su familia a Carolina del Norte, donde comenzó a limpiar mesas en un restaurante. A los 21, ya instalada en Nueva York (donde cursó sus estudios de Marketing), trabajó de moza, bartender y, en el prestigioso Kin Khao aprendió los trucos de la cocina tailandesa, que más tarde perfeccionaría en sus viajes por el sudeste asiático.

Porque viajar, de hecho, siempre le corrió por la sangre, y en su ajetreada agenda encontraba huecos para escapar a donde fuera: Costa Rica, Brasil o incluso un fin de semana en República Dominicana. Claro que para aprender español, que también figuraba como asignatura pendiente –o una excusa para conocer nuevas latitudes–, lo mejor era mudarse a otro país. Y así, a través de Julián, un amigo argentino que había conocido en Manhattan, fue que se decidió por Buenos Aires. Franco era amigo de Julián y se ofreció a hospedarla en su PH de San Telmo hasta que ella encontrara dónde vivir.

"Nunca me mudé. Bueno, sólo me mudé de cuarto", ríe.

Eso fue en 2005. En 2006 se casaron, enseguida llegaría Dante (sorpresivamente, su embarazo estuvo marcado por antojos de milanesas con puré), en 2009 abría Cocina Sunae y en 2012 nacía Zoe, una beba risueña y cachetona.

"Zoe todavía es muy chiquita, pero a Dante le encanta comer filipino", comenta Sunae, que se las ingenia para lograr los sabores que aquí no encuentra. Por ejemplo, la sopa de guayaba amarilla la hace con guayaba verde y maracuyá, o el gusto del típico limón filipino, el calamansit, lo alcanza con jugo de limón, naranja y azúcar.

Los cuatro pasos del menú de Cocina Sunae cambian todas las semanas e incluyen una sopa, una entrada, dos opciones de principal y un postre. Un ejemplo: langostinos salteados con salsa de tamarindo; sopa tailandesa con pollo, leche de coco, galangal y lemongrass; cerdo braseado en curry del norte de Tailandia con jengibre, comino, cúrcuma y maní, servido con arroz al vapor, y, de postre, budín de mandioca con leche condensada, acompañado con mango y helado de té verde.

Más opciones taquilleras, y también para reservas, en www.cocinasunae.com