-Hola
-¿Olivia? Soy Javier, era tu número nomás.
(Casi sin voz)
-Menos mal, ¿cómo estás?
-Bien, ¿en qué andas?
-Mirando tele...
-¿Querés que vayamos a tomar algo mañana?
(Miedo)
-¿Mañana no puedo... el viernes?
-Tengo una despedida de solteros en Rosario, te llamo la semana que viene, ¿querés?
-Dale, besos
No podía creer que el caño ese, el tipo parecido a Germán Palacios, me acabara de llamar. Le conté todo a mi compañera de laburo, estábamos las dos anonadadas. Me llamó al lunes siguiente y quedamos en que me pasaba a buscar por la escuela de cine, él estudiaba por ahí cerca. Les dejé todos los datos a mis amigas, faltaba ponerme un GPS, no sabía quién era Javier, era un poco inconsciente salir sin más datos que los que tenía, pero no lo pensé demasiado, sólo me aseguré de que un par de chicas de la escuela le vieran la cara.
Caminamos, fuimos a comer una pizza. Tenía 33 años, la edad de Cristo. [Nunca voy a entender esta máxima malísima: cuando tenés 20 te buscan los de 30, cuando tenés 30, te buscan los de 20]. Era abogado, pero no le convencía la profesión. Había dejado todo para arrancar con periodismo y estaba con la radio hacía medio año. Trabajaba en una imprenta, vivía con la madre. En ese momento todo me parecía bárbaro. Nos dimos un beso de punta a punta, en el medio de la mesa.
A partir de ahí vinieron más y más salidas. Me pasaba a buscar en su Fitito, hablábamos, chapábamos y me dejaba en casa. Iba a trabajar en bici, me mandaba mails y me invitaba a hacer picnics los días de la primavera. Lentamente se hacía más cotidiana la cosa, pero yo tenía ESE problema. Y no estaba convencida del todo, ¿sería el indicado? Tenía tanto miedo a estar con él, que fuera el primero y que me dejara tirada, que desapareciera. Ese era mi máximo temor, el después de… el desnudarme, el quedar expuesta. "Tiene que ser con un novio", me decía mi ángel interno. Obviamente no perdí la virginidad con ningún novio, pero ese es otro posteo.
Las cosas se ponían cada día más hot, pero no pasaba de eso. No quería contarle la verdad, me sentía tan looser ... Pensaba que no era un planteo para hacerle a este tipo, que además de estar bárbaro, me llevaba más de una década. Un día pasé por la puerta de la radio y lo vi con la rubia medio a los arrumacos. Concretamente no teníamos nada, pero me indigné. Lo llamé y fuimos a tomar algo, le dije que lo había visto.
Me calmó y me explicó que no pasaba nada, que la mina lo perseguía y que tenían buena onda, nada más. Me prometió exclusividad y me preguntó cuál era mi tema con el sexo. "Se dio cuenta", pensé.
-Olivia… vos sabés que me encantás, ¿no?
-¿En serio?
-Sí... pero hay algo que no entiendo...
-¿Qué?
-Porqué llegás al límite y no pasa nada, ya salimos cinco veces y no parás de poner trabas.
-Dicen que un caballero sabe esperar...
-Sí, pero ya estoy grande para jueguitos.
Se lo tuve que decir. No entiendo bien para qué, si ya la manera de plantearme la situación era un poco grasa. Mirando para abajo como si lo que estuviese confesando fuese un pecado cardinal se lo dije: "Soy virgen". Se quedó como raro y no lo creyó... Me decía que lo estaba chamuyando, que no podía ser, que cuántos años tenía. Nada, se lo juré y me fui indignada.
Javier nunca más apareció. El muy pelotudo no se bancó la verdad y me hizo sentir más looser de lo que ya me sentía, me dejó tirada por mi castidad.
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Nunca me dijeron te amo


