Hoy escribe EscolmoLado B*

Por Redacción OHLALÁ!

1 de julio de 2013, 14:01

Hoy escribe EscolmoLado B*

*EscolmoLadoB es comentarista del blog y fue votada por la mayoría para escribir un post

Planeaba estudiar Medicina, y me recibí de abogada; planeaba casarme para toda la vida, y me divorcié a los 3 años; pensé que después del –difícil- divorcio, me iba a quedar soltera para siempre, y a los pocos meses conocí al hombre de mi vida y padre de mis hijas; planeaba ser una mamá muy joven, y mi primera pioja vino recién a los 31. Por eso, porque nada salió como lo planeaba, sino mucho mejor; porque nada se dio como lo pensaba, y a pesar de eso –o justamente por eso- hoy soy enormemente feliz, es que tengo cierta fascinación y preferencia por lo inesperado, por la otra cara de la moneda, lo que no buscamos, ni deseamos pero pasa. Por El Lado B de la vida.

Y pocas cosas tienen un lado B más profundo que la maternidad. Nadie nos cuenta sobre él, tenemos que descubrirlo solas, y enfrentarlo, o entregarnos a él, acompañadas. Yo siempre digo en chiste que no contar los sinsabores del embarazo y la maternidad es un pacto hecho por una secta secreta de todas las madres y padres, que juran silencio perpetuo para permitir la conservación de la especie humana. Pero la realidad es que así como es imposible transmitir la felicidad que brinda un hijo, también lo es el explicar la angustia, el miedo y las ganas de escondernos en el Polo Norte que se instalan en nuestras vidas a partir del día en el que vemos las dos rayitas.

Lo que nos vuelve locas a veces es algo enorme, y otras, una pavada. ¿Cómo se explica la opresión en el pecho que nos genera ver a un hijo enfermo? ¿Y la sensación de no ser más, nunca más, dueñas de nosotras mismas? ¿No tener tiempo ni para lavarte el pelo? ¿El miedo de no ser la mejor madre que podamos ser? ¿La dificultad de maniobrar trabajo, pareja, pañales y acto del 25 de Mayo? ¿El dolor de parto? ¿La mancha de helado de chocolate en nuestra camisa blanca preferida? ¿El terror de que nazca con tres ojos, o con uno solo? Todo, lo mínimo y lo máximo, se enreda en ese centrifugado de sentimientos que nos genera ese pitufo, ese hijo que nos hace suspirar de alivio cuando por fin se duerme, para extrañarlo 20 minutos después.

Todas tenemos nuestras armas para sobrevivir al Lado B, algunas un buen psiquiatra, otras, yoga, o pegar cuatro buenos gritos cada tanto. Yo tengo varias (mi marido, mi mamá, mi hermana, mi pediatra, mi inclinación al ridículo...) pero la más importante, y que hoy quiero compartir, es la conciencia del milagro.

Flor es la mujer de un compañero de trabajo, devenido en amigo, de mi marido; Flor y yo quedamos embarazadas casi al mismo tiempo; Flor y yo no nos conocíamos en ese momento. Flor y yo tuvimos con diferencia de días el scan de las 20 semanas de embarazo. Flor y yo entramos al estudio felices. Yo salí igual. Ella salió distinta, y nunca volvió a ser la misma. Tato (su bebé se llamaba igual que su papá, pero era tan esperado que ya tenía su propio apodo) tenía una cardiopatía que ponía en serio riesgo su vida. No voy a abundar en detalles tristes, pero Tato nació antes de tiempo, y aunque luchó como un león (en eso tenía a quién salir), se fue demasiado rápido.

Cuando mi hija Belén tenía 6 meses, empezó a enfermarse mucho, muchísimo. Yo me preocupé y me ocupé, pero nunca, ni viéndola internada y con oxígeno, me desesperé ni perdí el humor. ¿Cómo iba a hacerlo, si ella estaba acá, con nosotros, y su vida no estaba en peligro? Y eso se traslada todos los días y en cascada hasta el menor de los contratiempos del Lado B de mi maternidad. ¿Cómo me voy a quejar del caos de ser mamá, si quien lo genera se despierta todos los días abrazada a su sapo de peluche y viene despeinada a pedir su mamadera?

Muchas pueden, con todo derecho, pensar que es de mal gusto "usar" una historia tan trágica para beneficio de la propia salud mental; pero Flor misma me enseñó que aún de lo más terrible (¿y qué puede ser más terrible que la muerte de un hijo?) puede salir algo bueno. Y Flor misma me lo repitió cuando le pedí permiso para compartir con ustedes su historia.

Flor hoy espera a su sanísima beba Benedicta, y es feliz. Y no hay Lado B que pueda con eso.

¿Qué piensan? ¿Cómo vivieron ustedes el Lado B de la maternidad? ¿Y cuáles son sus armas para enfrentar esa otra cara?

PD: El post prometido para el martes (de una alumna del taller) probablemente se publique el día jueves. ¡Buen arranque de semana!

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