Ulises: el que me invitó a recorrer Centroamérica

Por Redacción OHLALÁ!

30 de mayo de 2013, 15:27

Ulises: el que me invitó a recorrer Centroamérica

Febrero 2013, Buenos Aires. Estoy sentada en una mesa con tres amigas, suena "Me matan Limón". Esa canción me traslada a una playa, a una persona especial y a una guitarra. Me acuerdo de él, levanto la cabeza y veo a su clon. No puede ser él, no hay manera de que sea él. Me paro y voy al baño, me lavo la cara, me tiemblan las manos. Vuelvo y les digo a mis amigas: "Creo que ese pibe que está ahí es Ulises". No me creen, es que no puede ser. Una mirada se clava en mis ojos, veo la camisa, la cicatriz. No tengo dudas. Los redondos siguen sonando. Está sentado en la mesa de enfrente, se levanta y viene directo a mí.

-No estaba seguro si eras vos...

-Me pasó lo mismo.

-¿Cómo estás, tanto tiempo?

-Bien, ¿vos?

(La mirada se hace cada segundo más familiar, más penetrante, más insoportable)

-Bien, ¡estás igual!

-Vos también...

-Hace poco estuve pensando en vos.

-¿Ah, sí?

-Sí, te quería pedir perdón.

Febrero 2010, México. Llegamos a un hostel en Puerto Escondido, en Oaxaca. Venimos cansadas de un colectivo eterno que nos trajo desde San Cristóbal de las casas hasta las playas del Pacífico. Estamos en el cuarto que compartimos con Pola, una chica de Buenos Aires, se escuchan ruidos de gente llegando.

-Andá a mirar si son pibes (le digo a mi amiga)

-Pará, ¡no seas desesperada! (me contesta)

Más tarde, vamos a la sala común. Uno de ellos está en una de las computadoras, lo saludo. Es lindo. Corro con el chisme a mi amiga y a Pola. A la noche hay fiesta en la playa. Nos bañamos en tandas, me queda el último turno. Cuando termino de cambiarme salgo al pasillo y veo a las chicas interactuando. Ellos son 8. Hablamos de idioteces, mientras los pibes se preparan para venir con nosotras. Faltan dos para que esté el equipo completo.

Lo veo. Es hermoso: alto, morocho, ojos grandes, mirada absolutamente penetrante. Tiene una camisa blanca con rayas. Me quedo sin palabras. Siento que no tengo nada para decir. Arrancamos a caminar todos juntos, me quedo cerca de él. Habla del Amazonas, de comidas exóticas, de viajes. Creo fervorosamente que es el hombre más perfecto que conocí. Llegamos a la fiesta, hay barra libre. Esa noche nos besamos.

Me despierto pensando que nada pasó. Vamos a la playa, ellos aparecen. Él me sigue mirando, pero yo soy una estúpida que no puede mantener la cara sin hacer muecas. Me meto al mar, me sigue y nos besamos.

Mi amiga se pone un poco molesta. Pero no puedo evitarlo. Quiero estar con él todo el día, todo el tiempo. Pasamos dos días en Puerto Escondido y vamos en grupo a Mazunte. Elegimos dormir en una choza, llena de bichos, hay alacranes, arañas, mosquitos. Nada importa, siento que, por primera vez en mi vida, me estoy enamorando. Es tan dulce... Lo único que hacemos es mirarnos y acariciarnos.

Nos quedamos contemplando el mar. Tomamos cerveza. Él toca la guitarra, está obsesionado con "Me matan Limón". Yo lo observo. Hablamos, nos reímos. Los días están como suspendidos en el aire.

Es de noche, estamos en un puestito en la playa. Hay carpas, nuestra choza queda a algunos chiringuitos de por medio. Miramos las estrellas, tirados en una hamaca paraguaya. Sus amigos empiezan a hablar con unas minas. Una de ellas se sorprende al verme.

-"Vos sos la hermana de Riki".

-Sí, qué loco verte acá...

(Los encuentros en los viajes son muy raros, pienso. ¿Una amiga de mi hermano en medio de una playa mexicana? Todo es posible)

Pasamos un par de días pegados. Mis ojos no se pueden despegar de él, pero nos tenemos que separar. Tengo vuelta desde San Diego; él desde Guatemala. Él sigue para Chiapas, yo para DF. La despedida es imposible.

Atardecer pacífico. Fumamos algo que conseguimos por ahí. Sentados en un mirador nos abrazamos con una sensación familiar; es como si nos conociéramos desde siempre. Esto no puede terminar. Saca un cuadernito.

-Pasame tu mail.

Lo escribe, lo acompaño hasta la combi. Se va.

Los días pasan lentos. El viaje hasta DF es eterno. Miro por la ventana y sólo me imagino sus facciones. Me late el corazón, me río sola. Parezco loca… De descreer en el amor, paso a amar en cuatro días. Entiendo que tiene que ser una especie de ensoñación de verano.

15 de febrero. "Olivia, esto no es lo mismo sin vos; ya no tengo quien me peleé constantemente, aunque haga el intento de agarrarme con Leo. Tampoco tengo a quien cuidar de los alacranes y, sobre todo, me falta esa sonrisa hermosa y esa mirada profunda y pícara a la vez, que tanto bien me hizo estos días. Como te dije que iba a pasar, te extraño. No te digo más para que no te agrandes, ja. Hoy averigüé para extender mi pasaje unos días, pero sólo hay para el 27 de febrero. Lo raro (y terrible) es que, en otro momento, hubiese dicho que sí de una, pero cuando ví el mail donde me lo avisaban no me alegre tanto, y creo que un poquito tenés la culpa vos, que apareciste así intempestivamente y sin pedir permiso en mi vida.

17 de febrero. ¡Qué difíciles me hacés las cosas, niña! Leo tu mail hermoso y me dan ganas de salir corriendo para el DF, raptarte y traerte conmigo a viajar por toda Centroamérica. ¡¿Qué me pusiste en la comida!? Ya estoy casi seguro de que me engualichaste para que no pudiera dejar de pensar en vos. Malditos aviones, los odio, con sus lugares de partida inamovibles, que fijan tu itinerario y te reducen el margen de improvisación. Tengo unas ganas de compartir más días de viaje con vos que no se pueden explicar con palabras, sólo con besos.

18 de febrero. Che, te voy a tirar una bomba atómica, una idea que me surgió en un momento de delirio místico y que iba a morir ahí , pero que finalmente me pareció que valía la pena compartirla con vos. Por ahí te suena una locura digna de un interno del Borda, pero por ahí no, y mil millones de veces prefiero que me digas que estoy del marote a guardármela y quedarme con la duda. La cuestión es la siguiente: resulta que me quedé con unas ganas chiquititas, pero muy chiquitititas, de verte y seguir compartiendo tiempo con vos. Entonces, se me ocurrió que, tal vez, en lugar de esperar a Buenos Aires, podíamos vernos de vuelta un poco más lejos de nuestras casas, en las mágicas tierras centroamericanas. Pensé que por ahí existe la forma de que nos encontremos por México/Guatemala y emprendamos juntos un recorrido. Pensalo tranqui, sin apuro y sin presiones...

*****

Continuará...