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 • HISTORICO

Al mal tiempo,¡paraguas!

En Londres sobran los modelos para elegir cómo afrontar la lluvia; algunos cuestan más de mil dólares




Alguna vez el gran crítico de arte John Ruskin intentó explicar que el mal tiempo no existe. "Sólo existen diferentes tipos de buen tiempo", decía. Su observación tan optimista es probablemente compartida por el inglés medio, que suele salir a la calle con un paraguas bajo el brazo a la espera de ser imprevistamente visitado por aquel otro tipo de buen tiempo .
Londres está inevitablemente preparada para las lluvias, y no debe sorprender descubrir allí la más antigua y famosa casa de venta de paraguas del mundo.
En 53 New Oxford St., muy cerca del British Museum, se levanta en una esquina James Smith & Sons , uno de los más antiguos negocios de Londres que aún sobrevive con su aire inconfundiblemente victoriano.
Esta casa de paraguas, bastones y látigos fue fundada en 1830, pero no se instaló en New Oxford Street hasta 1857.
En sus 142 años de existencia distintos miembros de la familia Smith se hicieron cargo de la dirección del establecimiento. Naturalmente, fueron cambiando algunos materiales, pero en esencia el sólido paraguas original permaneció inalterable.
El antiguo local -con sus vitrinas de cristales biselados, repletas de tallas y fotografías- conserva los viejos cestos de donde emergen centenares de empuñaduras de bastones y mangos de paraguas tallados en distintas maderas. Alguna vez un coleccionista norteamericano encargó una partida de bastones a razón de uno por cada tipo de madera inglesa. Y así reunió setenta ejemplares diferentes.
Su actual director, Mr. Mesger es bisnieto de James Smith, el fundador de la compañía. Afable y encariñado con los objetos que lo rodean, Mesger recuerda que durante muchos años la firma se especializó en fabricar sombrillas ceremoniales y cetros para jefes de tribus de Sudáfrica, que viajaban especialmente a Londres para elegirlos y encargarlos.
Durante la Primera Guerra Mundial debieron producir miles de bastones de uso militar, y en la actualidad los pedidos provienen tanto de la BBC -aquellas exactas reproducciones de bastones y paraguas para las series de televisión ambientadas en la época victoriana- como de personas que necesitan usar bastón por impedimentos físicos. "En esos casos, explica Mesger, podemos ofrecer un bastón a medida." El cliente elige la empuñadura y el tipo de caña entre los centenares de modelos posibles. Cuando el bastón está casi terminado, el cliente pasa por el negocio y se mide exactamente la altura en la que deberá descansar la mano. Se corta la extremidad inferior, se agrega la puntera, y todo está listo para su uso.
Dependiendo de la calidad de su mango, se ha llegado a pagar algo más de 1000 dólares por un paraguas de esta célebre marca.
Pero aquel dispuesto a no dejarse mojar por un chaparrón londinense puede solucionar el tema por mucho menos. Podrá elegir entre curiosos modelos que no dejan lugar a la improvisación. Los hay para ocasiones de gala y salidas informales; para días de campo. También hay opciones que brindan más estabilidad a su dueño, como el 10 costillas, de una solidez a toda prueba. La seda ha dado paso a otros materiales sintéticos de mayor durabilidad, pero el encanto de los diseños permanece inalterable..
Mientras Londres no cesa de reubicarse en el nuevo milenio, James Smith & Sons es como un lejano sonido de viejos tiempos que se resiste a desaparecer.

Recomendaciones

Normas y previsiones de James Smith & Sons para el mantenimiento de su paraguas:
  • Abrirlo con cuidado.
  • Dejarlo secar antes de enrollarlo.
  • Enrollarlo prolijamente, cuidando de no torcer su estructura.
  • Se recomienda grabar las iniciales en los paraguas.
  • Nunca preste su mejor paraguas a sus amigos. Dice un viejo adagio que "la lluvia cae sobre la persona correcta y sobre la incorrecta. Pero principalmente cae sobre la correcta, porque el incorrecto le está usando su paraguas."

Ofensa a Dios

Explorar la historia del paraguas no es tan fácil como abrirlos y cerrarlos. A mano no hay muchos antecedentes al respecto; sin embargo, viejas lecturas sirven de guía por las montañas de material que comporta la historia de este utensillo compuesto de un bastón y un varillaje cubierto de tela y desplegable, que permite resguardarse de la lluvia y poner buena cara al mal tiempo.
El primer paraguas que se vio por las calles de Londres lo usó Jonas Hanway, pero no fue fue la primera persona. Antes, las mujeres usaban sombrillas, que estaban consideradas exclusivas para damas. A la hora de andar bajo la lluvia, las personas más serias se rieron de Jonás a mandíbula batiente.
Hanway había nacido en 1712 y durante sus viajes fuera de Inglaterra había advertido que el paraguas era el medio ideal para protegerse de la lluvia.

Muy exclusivo

Algunos creyeron que el paraguas constituiría una ofensa contra Dios: si la lluvia no tuviese por objeto mojar a la gente -decían- no la enviaría la Divina Providencia, por consiguiente nadie tenía derecho a utilizarlo para librarse de ella.
Cuando años más tarde se extendió su uso, se decía que había tres clases de gente: los que podían permitirse el lujo de un paraguas, pero no el de un carruaje; los que tenían carruaje y no paraguas, y los que llegaban en su pobreza al extremo de no contar con ninguna de las dos cosas.
Edgardo Kleinman

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