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 • HISTORICO

Amsterdam no gasta los bolsillos

La capital holandesa también tiene opciones para presupuestos reducidos, sólo hay que saber buscarlas




AMSTERDAM, Holanda.- Esta es una ciudad cara... para quienes no la conocen a fondo. Aquí, es posible pasar unos días gastando sólo monedas. La primera elección del viajero al llegar es el hotel. Naturalmente, si se quiere el confort internacional de los alojamientos de cadenas afamadas, con todo lo bueno que ellos tienen para ofrecer, no se tendrá acceso a los rincones de Amsterdam, a los espacios pequeños de la gente común, esa que uno ve pasar en bicicleta bajo una nevada inclemente.
Hoteles de una estrella por el equivalente a 50 dólares la habitación doble hay muchos, pero el Hegra es recomendable por dos razones: sus ambientes son caseros, casi hogareños, sencillos, cálidos, gratos. Está sobre un canal, el Herengracht, en el número 269, muy cerca del corazón urbano que el viajero no podrá evitar: Leidseplein.
Allí, en esa zona de gran movimiento diurno y nocturno, se aglomeran restaurantes y bares de todas las nacionalidades. Al lado del italiano, un tailandés, y pegado un chino, junto a un bar holandés, a tres metros del restaurante indonesio que está enfrente del indio, que comparte medianera con el local árabe de los shawarmas (un sándwich de carne, cebolla, perejil, tomate y salsas es delicioso), y así sucesivamente.
En Holanda, los pubs se llaman krug y en Amsterdam son el segundo hogar de gran parte de una población acostumbrada por el clima a pasar parte de su vida en lugares cerrados.
Pues bien, en ninguno de los restaurantes de Leidseplein deberá comer el viajero que quiera gastar poco. Amsterdam no es barata, y por eso lo mejor es recurrir al mediodía a unos diminutos locales con decenas de ventanitas en las que descansan salchichas holandesas asadas, albóndigas calientes al horno, papas fritas, milanesitas, sándwiches muy chiquitos y un largo etcétera.
Basta poner una moneda en la ranura, a veces de un florín, a veces centavos y en ocasiones la enorme moneda de dos florines y medio, para que el hambriento pueda saciar su angustia oral por muy poca plata.

Sin caer en la tentación

Como no es cosa de sacrificarse demasiado, en la noche vale la pena invertir un poquito más en uno mismo y sentarse a comer generosas raciones en un restaurante chino (no son tenedor libre) o despacharse una excelente pizza en un restaurante italiano.
Aunque la nostalgia se haya hecho callo, no hay que meterse en un restaurante argentino. Se come bien, pero un criollo no debería pagar la fortuna que le cobrarán por unos cortes de carne, que se consiguen por muchísimo menos en cualquier parte del Cono Sur.
Los museos son baratos. Nadie que pase por aquí puede perderse los cuadros de Van Gogh en el museo homónimo ni una visita, más larga aún, al Museo Real, el Reijksmuseum, donde se pueden los personajes pintados por Rembrandt.
No pague para subir a los barcos para turistas que recorren los canales y le cuentan que el Amstel es el canal más grande: hay que conversar con un holandés que vive sobre un barco junto a la calle, y que tiene más comodidades que muchos departamentos de la zona más antigua de la ciudad. El le mostrará cómo vive un amsterdammer y además le hablará de las historias reales de los grandes y pequeños canales.
El Barrio Rojo, la capital de la prostitución y la pornografía europea, es un espectáculo digno de verse, aunque no se tenga interés por acceder a los servicios que allí se ofrecen en vidrieras a la calle en las que se muestran mujeres de todas las edades y procedencias.
Los mercados callejeros forman parte de la idiosincrasia ciudadana: cosmopolitas, desordenados, bulliciosos, sorprendentes, son otra de las variantes gratuitas en materia de paseos.
Un krug cualquiera invita a una velada entretenida. Pero cuidado con tocar, aunque sea en broma, la campana que está sobre el mostrador. Quien lo haga estará obligado a pagar una vuelta de lo que están bebiendo todos los parroquianos presentes y un accidente como ése es capaz de romperle el presupuesto al más tímido de los mortales.
Amsterdam es cara, pero es posible meterse en ella por puertas que no son para turistas: sólo aceptan viajeros con alma mundana.

Datos útiles

Cómo llegar

  • El pasaje ida y vuelta, desde Buenos Aires, cuesta 920 dólares, con tasas de impuestos incluidos, volando por KLM o Alitalia.

Alojamiento

  • Un hotel de 4 estrellas cuesta 200 dólares; de 2, 124; de 1, entre 50 y 60. Los albergues juveniles, entre 15 y 35 por persona.

Gastronomía

  • En la zona de Leidseplein, una cena para dos personas cuesta 40 dólares. Los restaurantes del Barrio Chino se caracterizan por sus buenos platos y precios. Comer en la calle forma parte de la cultura nacional: por 5 dólares es posible almorzar de pie, con gaseosa o cerveza.

Más información

  • Embajada Real de los Países Bajos: Avda. de Mayo 701, 19° piso, 4334-3474.
Leonardo Freidenberg

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