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 • HISTORICO

Baliel ego sagrado

Cultos tradicionales, entrecruzamiento de religiones, adoraciones y danzas; todo parece enaltecer las bellezas naturales




DENPASAR.- Para llegar a Bali hay que estar preparado. Aunque, en general, para los foráneos no es más que un lindo paisaje con hermosas playas y poblada por isleños dispuestos con sencillez infantil. La síntesis no es nueva en la historia de la isla. Dicen que cuando los primeros holandeses llegaron, hace más de 400 años, quedaron tan fascinados que el capitán del barco tardó más de un año en hacerlos subir nuevamente para emprender el regreso a Europa.
Artesanos por costumbre, los balineses, alguna vez vivieron solos; y el resto del mundo ni los consideraba. Pero un día, como por arte de magia, descubrieron miles de ojos posados en ellos.
El resto del mundo había empezado a identificar esos matices infinitos del paraíso contenido en cuatro letras: Bali.
Para llegar -pocos lo saben- no sólo es cuestión de desembolsar los 2500 pesos necesarios para pasar una semana con todos los lujos y una valija cargada de souvenirs (¡la devaluación obliga!).
Lejos del hotel y la seguidilla de playas del Sur se puede adivinar el alma verdadera de la isla: hace falta respirar hondo en la jungla tropical; trepar hasta las nubes clavadas en los volcanes; acomodar la pupila a las distintas gamas de verde en los campos de arroz; avanzar en alguna conversación casual con un isleño, mientras prepara su ofrenda diaria de flores o comida para los dioses...
Muy pocas cosas cambiaron, pese a que el turista pionero recordará que antes las mujeres eran más lindas. Ahora ver una balinesa con los pechos al desnudo es una rareza, quizá posible en las más viejas y remotas poblaciones.
El espíritu de Bali está, como siempre, encarnado en su naturaleza, sus templos y su gente. Llegar es sencillo. Poder verlo es otra cosa.

Regateos por amor al arte


En los alrededores de Kuta, abrir la boca para expresar muchas gracias (pronúnciese terima casi) será suficiente para rechazar tanto las ofertas de droga como artesanías en madera y otras mercancías.
Puro folklore. Ante el menor indicio de interés, los vendedores se multiplican paso a paso con ofertas increíbles. Pero las ganas de entrelazarse en un regateo -cosa que los anima por costumbre y los divierte como pasatiempo- se extienden por los 150 kilómetros de largo de la isla.
Bali se destaca como una perla entre las 14.000 que componen el archipiélago indonesio.
"Esta isla encantada es atravesada por ríos, canales y largos valles sumergidos en el verde. Cubierta de florestas y terrazas de arroz, playas ornamentadas con palmeras, lagos que llenan cráteres de volcanes apagados y lujuriosos altiplanos, la isla representa un escenario único en el que se funden sueño y realidad", así recuerda su experiencia en Bali Antonio Morábito, que ahora pasa sus días como cónsul de Italia en Mendoza, tras su desempeño como diplomático durante varios años en Indonesia.
Uno de los ejes de la vida balinesa es el culto a la montaña sagrada. El Gunung Agung es el monte supremo, reverenciado como ombligo del universo a cuyos pies surge el Puma Besakih, Templo Madre. Además de fiestas y peregrinajes anuales, cada 120 años se realiza en el templo el rito de la Eka dasa Rudra, en el que se sacrifican decenas de animales arrojados al cráter del volcán. En el curso de este siglo, la ceremonia fue celebrada en 1963 y coincidió con una violenta erupción después de siglos de inactividad, que provocó la muerte de 1200 fieles y destruyó aldeas enteras. Puerta de escape del estresado mundo occidental, Bali está abierta para ofrecer su mejor servicio a los turistas más exigentes. La zona de Tuban agrupa hoteles cinco estrellas y el centro comercial, a lo largo de la calle Legian, es una cita. De día, circulan surfers rumbo a la famosa playa de Kuta. De noche, vendedores ambulantes, prostitutas y turistas conviven hasta la madrugada con artesanos locales.
El circuito básico recorre toda la extensión de la isla. Incluye un espectáculo de danzas típicas, visita a las fábricas de artesanos en Ubud y Celuk, un almuerzo frente al volcán Batur y una escala en Bedulu para visitar el Templo de la Cueva del Elefante, que data del siglo XI.
Como si el tiempo y las barreras culturales no existieran, todas las mujeres tienen que estar dispuestas a contestar la pregunta íntima cuya respuesta, pura o impura, abrirá o cerrará las puertas del templo. Superada la prueba, podrán descender los escalones tallados en la roca viva, atravesar senderos y beber agua de fuentes cubiertas de musgo para reunirse con los hombres. Especial concentración se necesita para utilizar la intuición -junto con todos los sentidos- a la hora de avanzar en la completa negrura de una cueva de piedra, hasta llegar al fondo. Cuando la oscuridad se hace insoportable y el más valiente empieza a sospechar los peligros inminentes ante la imposibilidad de medir los pasos o verse la mano ante los ojos propios, el olor regala una pista: varios palitos de incienso taladran conciencias; y al acercarse, una vela minúscula hace alardes de sol en la completa oscuridad de la cueva custodiada por un elefante y un demonio.
Las ceremonias religiosas y los templos son sagrados, por eso los turistas que se acercan con bermudas o polleras cortas deben taparse con un sarong alrededor de la cintura antes de entrar.

Ceremonias diversas

Budistas, musulmanes y cristianos forman apenas el 5 por ciento de la población; el resto dedica su vida a la religión tirta agama, una mezcla propia con sutilezas de hinduismo, algunas dosis de animismo y una cuota de veneración a los antepasados y la naturaleza. Su complejidad alcanza tal magnitud que las ceremonias y rituales varían según cada aldea de la pequeña isla. Es una versión sui géneris del hinduismo que desembarcó junto con los primeros comerciantes de origen indio durante el siglo XV, cuando miles de refugiados durante una invasión islámica en la India llegaron a Bali buscando protección.
Al margen del hinduismo, cultos y costumbres caseras ocupan un espacio importante: frente a las casas, a lo largo de las calles, se pueden ver adornos que cuelgan del extremo de largas cañas de bambú. La victoria del bien sobre el mal es algo que asoma en cada detalle de la isla -especialmente en los retazos de tela en cuadrillé negro y blanco sobre los pedestales en la vía pública- y ornamenta templetes y viste estatuas. Los balineses dan por sentado que el universo se mantiene en equilibrio por la eterna lucha entre el bien y el mal.
En la isla donde la naturaleza y la fantasía se derrochan por igual, Dios no es una figura que se invoque cuando uno está en apuros. Es una inspiración cotidiana. Tallar la madera, tocar música, pintar y bailar son habilidades enseñadas por los dioses para elevarlos de su condición humana.
Hay más templos en Bali que hogares; están en campos de arroz, cruces de ruta o curvas peligrosas. Como para rezar y agradecer al paso, a toda hora y en todos lados. Las ofrendas de flores o comida sobre hojas de palmera se ven tanto a la entrada de los comercios como en los mostradores de los hoteles, bancos o playa. La devoción a lo supremo parece no tener fin. Casi todas las semanas se celebra un nuevo festival. Y están abiertos gentilmente a los turistas, como una buena manera de compensar y alimentar el ego sagrado de los dioses, no sea cosa que se enojen y les quiten su edén de cuatro letras.
Carolina Robbiano

Para no quedarse abajo

Visa

Para una estada menor a los 30 días, no hace falta visado.
Pero es importante recordar que las autoridades aduaneras exigirán una validez del pasaporte de por lo menos 6 meses desde el momento de la entrada en el país.

Aéreo

No hay vuelos directos desde Buenos Aires.
Vía Europa o por Sudáfrica, con conexión en Kuala Lumpur, desde $ 1500.
Taxi. Del aeropuerto a Kuta, $ 28 (una persona) y 15 (dos personas).

Alojamiento

Los resorts y hoteles de lujo quedan en la zona de Tuban, sobre la playa.
Una habitación base doble, en un hotel 5 estrellas, con desayuno incluido, cuesta alrededor de $ 35 por persona.

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