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 • HISTORICO

Barrancas al río, Paraná crece y cambia

Con una nueva playa, proyectos termales y sabores autóctonos, la ciudad busca protagonismo




PARANA.- Esta ciudad nunca fue fundada. No, señor. Tampoco fue conquistada, ni atacada, ni quemada, ni ninguna de esas cosas espantosas que la historia reserva para sus lectores cuando se trata de foráneos que vienen a apoderarse de otras tierras.
Esta ciudad simplemente nació. Y como fue creciendo sin que nadie reparara en ella, como el pueblito pasó a ser una aldea grande y próspera, los abogados (cuándo no) le dieron una designación oficial: el status de "personalidad institucional exclusiva", dotada de un centro de gobierno "con jurisdicción y competencia propia".
Todo ocurrió en 1730, cuando en la Argentina y los países vecinos miles de españoles se dedicaban a fundar ciudades para luego quedarse con lo mejor de ella. Pero se ve que aquellos conquistadores estaban demasiado ocupados saqueando como para mirar hacia el Oeste, y preferían freírse bajo el sol impiadoso de Santa Fe, mientras Paraná, pariente del mar, en lengua indígena, crecía y crecía.
Ese crecimiento fue notable entre 1780 y 1800, y llegó, en 1854, a convertirse en Capital provisional de la Confederación Argentina, ni más ni menos, que la ciudad administrativa más importante del país. La gran capital.
Y así siguió creciendo, orgullosa de ser parte de la Mesopotamia, la segunda que existe en el mundo (la otra está en Asia) y de haber visto nacer al único general argentino que se las ingenió para derrotar y humillar a Juan Manuel de Rosas, el temido Restaurador de las Leyes.
Sí, hablamos de Justo José de Urquiza, un hombre controvertido, que institucionalizó el país y gobernó, desde estas hermosas playas, los destinos del país. No hay que olvidar, claro, al caudillo Pancho Ramírez, pero ésa es otra gesta patriótica...
Y claro, acá casi todo remite a Urquiza, como el parque que lleva su nombre: está sobre las fastuosas barrancas -que en algunos sitios llega a los 30 metros de altura- y es uno de los miradores más bonitos de la ciudad.
El parque tiene 44 hectáreas donadas por la viuda del general, alberga senderos que sí se bifurcan, una costanera imperdible y es uno de los lugares preferidos de los deportistas.

Un paseo por la historia

Entonces, aquí estamos. En Paraná, mirando el inmenso río marrón, espantando los mosquitos y respirando un aire saturado de olores elementales y deseando que los miles de jacarandaes milagrosamente vuelvan a florecer para teñir de violeta las calles.
Las barrancas hacia el río producto (algunas) de las explosiones ocasionadas por una fábrica cementera, la costanera tan bien cuidada -y por la que miles de deportistas corren como desquiciados diariamente-, el casco de la vieja ciudad, los monumentos, los parques, los museos, la gente.
Es una ciudad para recorrer despacito. Primero, el centro, donde está la catedral, la Casa de Gobierno, la Municipalidad, y viejas y hermosas construcciones que contrastan con la peatonal.
Es muy lindo sentarse en algunas de esas mesas y contemplar la plaza o enterarse, a través de la voz de algún paranaense memorioso, que desde allí hasta el río (bastantes cuadras para andarlas a pie) hay una intrincada red de túneles aún no explorados. Dicen, juran, que esos túneles fueron vistos por algunos, que servían de vía de escape, que datan de la época de la Conquista, que tienen laberintos inexpugnables y que la ciudad sencillamente está construida sobre otra ciudad subterránea.
De hecho, en la galería conocida como Valeria Mazza (la hizo el marido de la modelo, Alejandro Gravier) se puede apreciar, gracias a la ayuda de arqueólogos locales, ciertas columnas que pertenecieron a un pasado de hace 400 años.
Y ya que hablábamos de la barranca, digamos que mirando el río se puede aprender los secretos de la ciudad, aunque hemos comprobado que los habitantes de esta capital son muy exagerados, para ser benévolos. Más que los cordobeses.
Dicen que no se puede pescar con luna llena porque hay poco pique y porque los pescados se pudren al toque. Dicen que hay lobizones, que hay piezas en el río de hasta 150 kilos de peso, que Paraná es única en el mundo respecto de un sinfín de cosas...

Megaproyectos

Nada comprobable, vea, eso de los dichos. Pero sí cómo están trabajando para que la ciudad esté mejor: hay una nueva playa, la Thompson, con un parador bellísimo y donde es posible bailar hasta el amanecer en noches de buen clima y muchos arrumacos; hay un megaproyecto de construir un parque termal, que comenzará en los próximos meses, y hay cabañas nuevas para pasar los fines de semana, de cara al río y muy cerca del Puerto Viejo, donde es posible que los baquianos le preparen los mejores pescados.
Allí hubo barcos. Pero el río dejó de dragarse y ahora no entran los de gran porte. Igual, se puede ver todavía casas antiguas que se dedicaron al tráfico fluvial, hoteles, comercios, fondas y hasta la Aduana.
Paraná es una ciudad familiar: las mujeres pueden salir a ver los monumentos y hacer compras en el centro de la ciudad. Los jóvenes no pararán de divertirse en el Parque Urquiza, bailando por la noche o practicando deportes náuticos, como excursiones en 4x4, cabalgatas o esquí acuático.
Y para el jefe de la familia, si le gusta pescar, hay salidas en lanchas que lo llevan a lo mejor del pique y hasta se pueden hacer acreedores a un buen asadito, carancheando el pescado, hecho por alguien que sabe.
En Paraná hay también varios museos y la posibilidad de recorrer la ciudad caminando. Y si está de suerte, hasta puede llegarse a la iglesia de San Miguel, de cierta inspiración gótica, muy bella, y ver la curiosidad que guardan sus fríos muros: los sacerdotes que la habitan son sudafricanos, dedicados a la imposición de las manos y practicar el exorcismo.
Para la gastronomía le sobran lugares y manjares, especialmente ahora que los paranaenses están empacados con el rescate de los sabores autóctonos, que los aprovechan mucho, para deleite de los visitantes.
Ah... y hay más, especialmente para las mujeres: los paranaenses, además de ser muy educados y divertidos, son bellos...

En el agua, los pescadores están en su salsa

PARANA.- ¿Hablamos de un paraíso para pescadores? Sí, Paraná lo es. Y la oferta es variada: se puede hacer pesca embarcados, de costa, con guías de pesca, excursiones, campamentos y torneos.
Desde Buenos Aires se puede ir con embarcación propia o alquilar en el lugar. El paisaje es bellísimo y las especies que se sacan del río, también. Para los que entiendan, hay amarillos, bogas, mandubíes, armados, patíes, que son los que hacen felices a los deportistas porque siempre salen.
Los lugares para intentar la pesca desde la costa son Bajada Grande, Puerto Nuevo, Costanera y el camping Toma Vieja. Para las especies más buscadas, surubí y dorado, habrá que embarcarse.
Para quienes tengan veleidades aventureras y quieran sentirse el Indiana Jones del Paraná, hay otras especies que hay que cazar: dorados, surubíes y rayas, todos enormes.
Más tranquilos se presentan los deportes náuticos, como el yachting, los paseos en lancha, los safaris fotográficos o el descanso en la playa, mientras que las cabalgatas, las travesías 4x4, el trekking y el cicloturismo pueden ser experiencias brillantes.
Pero, además, Paraná tiene canchas de golf de 18 hoyos y de nueve. Allí se juegan campeonatos internacionales que atraen multitudes.

Datos útiles

Como llegar

La ciudad queda a 470 kilómetros de Buenos Aires y se llega después de atravesar indefectiblemente el Túnel Subfluvial.
En ómnibus, el pasajes cuesta $ 45 por tramo.

Alojamiento

Hay varias opciones. De cinco estrellas, como el Maran Suites & Towers, o en uno de cuatro (con habitaciones de tres estrellas, también) como el Gran Hotel Paraná.
En promedio, un tres estrellas cuesta de $ 76 a 94, por persona, por noche, con desayuno incluido, y un cinco estrellas, entre $ 150 y 196.

Paseos

Los paseos en lancha salen entre $ 15 o $ 20, según el circuito; los safaris fotográficos, $ 30; aventuras en 4 x 4, $ 30; pesca embarcados, $ 70 por persona. En tanto, el golf cuesta aproximadamente $ 25 el green fee.

Mas informacion

Secretaría de Turismo de la Municipalidad de Paraná. Informes, Buenos Aires 132. 0343-4230183 y 0800-5559575

En internet

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