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 • HISTORICO

Biarritz hace piruetas sobre las olas del Atlántico

El balneario es codiciado por los surfistas




BIARRITZ, Francia.- Este balneaes sinónimo de tablas, de grandes olas codiciadas por deportistas venidos de todo el mundo. A cualquier hora los surfistas desafían al Atlántico para hacer sus piruetas sobre el mar.
Biarritz, que brilla sobre la costa vasco francesa al sudoeste del país, extiende sus larguísimas playas bañadas por el golfo de Gascuña, a corta distancia de España. Es reducto de jóvenes y jolgorio, pero también de historia, arquitectura y buenos paisajes.
A principios de 1800 los ingleses incursionaron en la zona; luego fue amparada por Napoleón III, cuando mandó a construir para su esposa española la Villa Eugenia, en el extremo de la Gran Playa, en 1855.
Este suntuoso palacio pasó a ser el clásico Hotel du Palais desde 1905, con la amplia terraza hacia el mar y el salón comedor repleto de arañas colgantes, candelabros en las mesas y enormes ventanales, propios del estilo imperial de aquellos años.
La emperatriz Eugenia de Montijo solía pasar aquí las vacaciones estivales, y desde aquella época la ciudad cobró fama de aristocrático balneario, dotada de villas veraniegas, baños terapéuticos por la excelente propiedad de las aguas, y el casino Bellevue de estilo medieval inaugurado en 1858.
Tras la decadencia imperial, Biarritz sucumbió en el tiempo hasta dar con el auge de los modistos que la convirtieron en la ciudad de la moda. Chanel, Laurin, Poiret, Molineux y otros tenían aquí sus sucursales.
En la década del sesenta, la fiebre del cemento se apropió de grandes extensiones, lo que provocó que edificios y torres contrasten con las primitivas casas blancas y bajas de techos rojos, y las casonas señoriales de antigua data.
Desde la abrupta y rocosa ribera marítima suben las callecitas hacia el centro, liderado por la plaza Clemençeau. Lujosas boutiques, coquetos restaurantes y hotelería de primer nivel se esparcen por los alrededores.
De noche cobran efervescencia los pubs y chooperías. Más popular es el puerto de pescadores, donde se puede saborear exquisitos frutos de mar en los tradicionales comedores, mientras se observa a la distancia a los pacientes trabajadores portuarios desenredando las redes y preparando las pintorescas barcazas para una nueva jornada.
La plaza de Padosa guarda fieles vestigios de cuando en sus comienzos, Biarritz era un pequeño pueblo pesquero. Típicas viviendas y añejos bares brindan sus encantos.
Caminar por las avenidas Reina Victoria o Eduardo VII permite apreciar la sobria elegancia urbana. Secuelas de esplendor otorgan la iglesia Ortodoxa Rusa, de 1892, con su destacable cúpula, y la iglesia de Santa Eugenia detrás del casino.
En la costa lideran el faro del puente San Martín con su torre de 73 metros de altura, y el Peñasco de la Virgen construido por Napoleón III para rendir homenaje a la soberana, hoy símbolo indiscutible de la ciudad.

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje aéreo, de ida y vuelta, hasta Biarritz cuesta desde 1000 dólares.
Alojamiento: los hoteles de tres estrellas cuestan 90 dólares diarios. De 4 y 5 estrellas, desde 120 y 160 por persona en base habitación doble.
Más información: Casa de Francia. Avda. Pte. Roque Sáenz Peña 648, piso 9° A, Capital. (4334-0538 y 4345-0664).
En Internet:

Pelota vasca, pasión de multitudes

Uno de los deportes predilectos de los que llegan a estas playas es el golf. Hay nueve campos diseminados en los alrededores, con 18 hoyos cada uno y completa infraestructura. A pesar de eso, la mayor afición se concentra en la pelota vasca o cesta punta como lo llaman los biarrotas. Vale la pena presenciar un partido: los jugadores cruzan de lado a lado con increíble destreza y rapidez, lanzando la bola que viaja hacia la cesta de la raqueta a impresionante velocidad.
Plasmados en bajo relieve, las secuencias de este tradicional juego aparecen en los muros del Blue Cargo, un estratégico bar comedor asentado sobre un acantilado.
Hay mariscos, buena música y auténticos miradores donde los atardeceres y las vistas hacia el mar parecieran atrapar hasta al más distraído, mientras el faro destella en la lejanía su potente haz de luz y la Virgen en la altitud rocosa, resalta su imagen de cara a los navegantes nocturnos.

Veranos al sol

Las playas son amplias y despiertan vigorosamente en cada verano europeo, llenas de turistas y sombrillas de todos colores.
Por momentos, la suave arena se filtra entre grandes peñascos donde el oleaje rompe una y otra vez. Toda la costa está salpicada de bares, comercios, hoteles y reductos gastronómicos.
Marcelo Ruggieri

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