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 • HISTORICO

Caracas: el valle de las luces

De esta ciudad, tan difícil como atractiva, hay que conocer su gente, El Avila y un plato llamado pabellón criollo




CARACAS.- Normalmente, cuando alguien pregunta sobre una ciudad a la que está por viajar, los que ya la conocen le responden con recomendaciones sobre los mejores barrios para caminar, los museos imperdibles, los restaurantes de moda... Cuando se está por ir a Caracas, en cambio, lo que muchas veces se recibe es una advertencia. Un "No vayas al centro", un "Ojo cuando cambiás dólares" o "Te van a querer llevar a la playa de La Guaira: decí que no".
Es una ciudad complicada, sin duda. La inseguridad, la delicada situación social, política y económica, el tránsito descontrolado, no son precisamente material de brochure turístico.
Así la describe Juan Carlos Chirinos, uno de los más interesantes jóvenes novelistas venezolanos, en El niño malo cuenta hasta cien y se retira (2004, editorial Norma; vale la pena buscarla en las librerías caraqueñas): "El aroma embriagante de Caracas lo tentaba aun después de tener todo listo; no es fácil escapar de ella, porque Caracas es una virgen escondida en sucesivos velos, sonriente y con algo dulzón que da el olor de la sangre. Caracas es un asesino, un seductor de mujeres y hombres, la llama de un candil que nunca se apaga. Caracas implora y hay que acudir..."
Pero hay más. Basta con sentarse en cualquier restaurante típico, como El Budare del Este, para conversar con el mozo o con algún vecino de mesa y conocer rápidamente otro lado de la realidad, el de la amabilidad y la simpatía de los caraqueños (especialmente cuando no están manejando). Suena a lugar común de promoción turística, pero de verdad es un rasgo tan visible como la figura del presidente Hugo Chávez.
Así que, si se está de viaje de negocios o de paso hacia maravillas como el archipiélago Los Roques, quizá valga la pena aventurarse por las calles de esta ciudad desparramada al pie del cerro El Avila.

El centro, complicado

Mapa en mano, una de las cosas que los que saben le van a indicar es que mejor no (otra vez...) vaya al Oeste de la ciudad y que permanezca por el Este, donde están las urbanizaciones (barrios; pero barrio le dicen acá a lo que en la Argentina se llama villa) menos peligrosas y más transitables, como Chacao y Las Mercedes.
Lástima, porque en el Oeste quedan el centro, la casa natal de Simón Bolívar, la catedral y otros lugares para ver. ¿Por qué la parte más interesante de la ciudad es también la menos recomendada? Será que Caracas no está precisamente esperando comitivas de japoneses con cámaras ni mucho menos norteamericanos en bermudas. Mientras acompaña a una comitiva internacional por el centro, custodiada por dos soldados con armas largas, un funcionario del área turística admite por lo bajo que el país ha hecho poco por atraer visitantes; a diferencia de la naturaleza, que ha hecho muchísimo, desde Isla Margarita hasta los mencionados Roques.
Sólo el mes último la ciudad se cubrió de afiches naranja y promotoras con remeras del mismo color anunciando la Feria Internacional de Turismo de Caracas. Una movida estratégica de la revolución bolivariana para tener su porción de un negocio en pleno crecimiento global.

El Avila

Más allá de todo, el lugar imperdible de la ciudad es el Parque Nacional El Avila (Guaraira-Repano, para los indios), el pulmón de Caracas, de 85 mil hectáreas. "La mayoría de la gente sigue, desde aquí, media hora más. Pero puede subir todo el día, si quiere", indica uno de los muchos caraqueños que se toman un rato, cualquier mañana o tarde, para hacer ejercicio cuesta arriba por uno de los senderos de trekking. No es una caminata tan exigente, pero el que la intente deberá tener en cuenta el calor caraqueño...
Y quienes consideren que no es momento ni lugar para iniciar una vida sana y deportiva pueden sencillamente subir por el teleférico, que, con buen criterio, llaman cápsula antiestrés. Por un ticket de 15 dólares (general, fines de semana), después de quince minutos de ascenso, a 2150 metros de altura, estarán disfrutando de las increíbles vistas (y la vida fácil) del Caribe, hacia el Norte, y de la ciudad fundada en 1567, hacia el Sur, además de poder visitar arriba el hotel Humboldt, un proyecto turístico no del todo completo, con una insólita pista de patinaje... sobre hielo.
De noche, la visión es todavía más espectacular. Desde la llamada Cota 1000, la avenida Boyacá, el manto de millones de luces es capaz de reconciliar a cualquiera con esta ciudad difícil.

Chacao y Sambil

Un buen acceso a El Avila está casi escondido entre Altamira y La Castellana, urbanizaciones de clase media alta y alta, de calles mayormente silenciosas y edificios con guardias de seguridad y rejas. Con ganas de caminar, desde allí se llega rápido a Chacao, otra zona acomodada, pero de vida más intensa, con oficinas y mucho tránsito. Sobre la avenida Libertador está el Sambil, el shopping más grande de Caracas, recomendado por los mismos conocedores que sugieren evitar el centro. Sambil tiene locales de Louis Vuitton, Tommy Hilfiger, Nautica y Zara, entre otros. Pero sobre todo, como en otros centros comerciales, casas de deportes, telefonía y electrónicos.
Los shoppings son importantes para los caraqueños porque les permiten comprar más seguros. Pero las verdaderas oportunidades están en otra parte. En Sabana Grande, por ejemplo, y en El Cementerio (en el Sur), zonas repletas de los llamados buhoneros (vendedores ambulantes).

Las Mercedes

Los hoteles de cuatro y cinco estrellas se encuentran en Chacao y alrededores, pero también en Las Mercedes (como el Tamanaco, de InterContinental), que es otra parte de la ciudad para caminar. De hecho, si se mira un plano, Chacao y Las Mercedes no están muy separadas. No obstante, como sucede entre muchos lugares de la ciudad, llegar de un punto a otro es complicado: para el peatón, por las autopistas infranqueables; para los autos, por los grandes embotellamientos.
Las Mercedes es todo un polo gastronómico. Por la Avenida Principal de Las Mercedes y por calles como París, Londres y Madrid, hay restaurantes de lo más variados: parrillas, tascas españolas, orientales y los infaltables sports bars a la norteamericana, donde los viajeros de negocios se aflojan la corbata a la noche. También están los restaurantes de comida tradicional, que son opciones más interesantes y, en algunos casos, bastante económicas. En Caracas de Ayer y Los Pilones del Este, por ejemplo, por unos seis dólares (cambio oficial) se puede probar el pabellón criollo, el sabroso, colorido y calórico plato típico con arroz blanco, carne mechada, porotos negros y banana frita. Quien pretenda pasar por un local más debe pedirlo con una cerveza vestida de novia (es decir, helada; en lo posible, Solera) y terminar con un café marrón (con leche) y algún chocolate, que, por supuesto, es producto nacional.
Otro producto autóctono, cuyo precio ningún extranjero deja de comentar asombrado, es el petróleo, claro. "Con lo que en otros países se compran dos litros de agua mineral, en Venezuela se llena un tanque de nafta", es una comparación habitual entre las mesas de Las Mercedes.

Shopping alternativo: compras culturales

Escondido en un subsuelo, junto al estacionamiento de una galería comercial más bien pasada de moda, se inauguró hace cuatro años Trasnocho Cultural, un espacio único en Caracas. Mezcla de shopping, bar moderno y centro cultural, tiene cine, teatro, galería de arte y también locales muy recomendables, como la disquería Esperanto, la librería El Busca y una chocolatería arty (en cajitas ilustradas con obras de Andy Warhol o estampillas del correo venezolano) como no existe en Buenos Aires.
Es el lugar indicado para buscar alguno de estos buenos CD venezolanos: Venezuela Chill Out (varios, electrónico); The Ska Album, de Desorden Público, Papashanty Saundsystem (ídem) y Surfabilly & Roll (Los Havelin, banda surf de Caracas). Promedio, 10 dólares.
La librería El Busca es más bien un cuarto de lectura, con estanterías llenas de novedades y de hallazgos para coleccionistas. Los libros nuevos, de editoriales conocidas, cuestan alrededor de 18 dólares.

De colonial a muy cool

Uno de los lugares más agradables y modernos de Caracas data de 1632. Es Anáuco Arriba, una quinta histórica declarada monumento nacional en 1970, justo a tiempo, antes de que la demolieran para levantar un edificio, como estaba previsto.
Fue construida por el primer alcalde de la ciudad, capitán Juan Sánchez Morgado, en San Bernardino, al pie del cerro Avila. Hoy funciona como centro cultural, con salas de exhibición, jardines y galerías. Y La Tacita del Arte, un café que, con sus nuevas encargadas (artistas plásticas), compite seriamente por el premio al patio más cool de Caracas, gracias a originalidades como té de citronela y toronjilla.
De lunes a domingo, de 10 a 17.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión, desde US$ 605
Buenos Aires-Caracas, ida y vuelta, por Aerolíneas Argentinas (esta tarifa normalmente se consigue sólo con varias semanas de anticipación).

Alojamiento

Hotel Tamanaco (de la cadena InterContinental), en Las Mercedes. Cinco estrellas, con buen restaurante y mejor pileta. Las habitaciones dobles cuestan desde 140 dólares. www.ichotelsgroup.com
Hotel El Paseo, también en Las Mercedes, con vista al cerro El Avila. Dobles, desde 100 dólares. www.hotelpaseolasmercedes.com
Residencial El Cid, en Altamira. Dobles con desayuno, desde 64 dólares. (58-212) 263 2611.

Dónde comer

Cocina típica en Las Mercedes:
El Budare del Este: Avda. Río de Janeiro, entre Mucuchies y Trinidad. (212) 993-9024.
Caracas de Ayer: Avda. Principal de las Mercedes, entre Nueva York y Orinoco. (212) 992-8848.
Los Pilones del Este: Avda. Principal de Las Mercedes y Valle Arriba. (212) 991 2307.

Cambio, cambio

El dólar oficial cerró esta semana en Venezuela a 2147 bolívares. El dólar negro, sin embargo, es de lo más corriente y lo ofrecen no sólo en oscuros callejones, sino en hoteles cinco estrellas y hasta en reuniones de amigos.

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