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 • HISTORICO

Chillán dibuja un horizonte de volcanes en medio del bosque

En verano, este centro termal chileno se viste de verde para vivir la aventura a pleno




CHILLAN, Chile.- El bosque anuncia el final de la mañana. A la sombra de las lengas, el aire es más fresco. Llega cargado con el olor de la madera. Da gusto respirar. Al claro, en cambio, el sol del mediodía aja la montaña. Pasa un cóndor.
Los volcanes con sus conos blancos, el Gran Nevado y el Chillán aparecen recortados en el cielo azul radiante del verano. Del cono más nuevo sube la columna de humo tenue que delata que el coloso aún está despierto, en constante actividad. A 480 km al sur de Santiago, a 78 km al este de la ciudad de Chillán y a 116 de Concepción, Termas de Chillán es un paraje de montaña recostado a 600 metros de altura, sobre las laderas de los volcanes de la cordillera de los Andes.
Solos, al final del camino de los valles que mezcla verdes, violetas y amarillos y gana altura a golpe de sol, viñedos y trigales se levantan los volcanes.
Dicen que guardan los secretos de la tierra y que en la entraña les palpitan juramentos milenarios. Para los antiguos fueron dioses. Ya nadie les reza, pero mucha gente ha dispuesto su vida y su trabajo en torno de las bonanzas que brotan del volcán.
Bajo tierra pasan ríos de agua mineral. En tiempos de la Colonia, los frailes que habían llegado para evangelizar a los indios chiquillán (se cree que de esa palabra derivó el nombre de Chillán que en lengua mapuche significa silla del sol) curaban sus dolencias con el barro rico en azufre que mana de los géiseres. Están a tres horas de caminata desde la base del volcán. ¡Pero hay barro para todos! Aun para quien no quiera emprender la travesía cuesta arriba. En plena montaña hay alternativas para el relax: fangoterapia, hidromasajes con agua termal y baños de vapor natural de azufre. Cada día, jóvenes a cargo de la recreación acompañan a los huéspedes que quieran hacer caminatas por los senderos que atraviesan el bosque. Para los más resistentes se organizan salidas de tres horas para ver los robles, los ñires, las lengas y el maité ya florecido; para ver cómo el bosque se va abriendo y se vuelve otro paisaje. Ya en la altura, el blanco de la nieve contrasta con el negro de la piedra que, tiempo atrás, escupió el volcán.

Acuarela mineral

En invierno, todo se torna blanco. En otoño, el bosque es una acuarela ocre. En verano, un cuadro de Van Gogh. Hay que entrar en el bosque. Hacer silencio bajo el halo fresco de las lengas milenarias. Seguir el camino hasta la cascada del pangue (con sus hojas se envuelve el curanto). Caminar por la garganta de la montaña y quedar entre la piedra y la gran cascada.
Más sol, más verde. Caballos, bicicletas, zapatillas, todo vale y el día da tiempo suficiente. Amanece muy temprano y a las nueve de la noche aún no ha oscurecido. Una telesilla sube desde los 1800 metros hasta la base del volcán, a 2500 m de altura. El paseo vale la pena: telón de volcanes, de nieve y piedra negra... ecos del alma mineral.

Las huellas de los duendes

Bajó la luna y trajo el frío. Nada como recibirla entre baños y vapores de agua termal. Al resguardo de la gran pajarera transparente que cubre la piscina, helechos y santarritas dan marco a los caprichos que el vapor esculpe en el aire. El bosque se despierta anunciando madrugadas. Ha terminado la hora de los duendes. Nunca nadie los vio, pero dicen que hacen fiestas por las noches y dejan sus barbas verdes enredadas entre las ramas más húmedas del bosque. Sabrán los volcanes...

Artesanías típicas y ricos frutos

Chillán, tierra fértil que hace crecer cerezas y frutillas; espárragos y maíz. Tierra que alumbra la poesía y la música de la familia Parra. La ciudad celebra con fiesta el tiempo de las viñas y de la chicha. Cada día ofrece en su gran feria de frutos y artesanías, el arte de las comunas más cercanas: maderas talladas, tejidos, cueros y la típica chupaya, el sombrero campesino que la gente de Quirigue y Ningue teje con pajas de trigo, arroz o pita. Luego del terremoto de 1939, Pablo Neruda pidió al mexicano David Alfonso Siqueiros que dejara un mural para la nueva escuela de esa ciudad. La obra es un homenaje a las culturas indígenas de ambos países. Además, quedó el mural de Xavier Guerrero, Hermanos mexicanos .

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 363
Ida y vuelta, desde Buenos Aires hasta Concepción, por LanChile.

Alojamiento

En el Gran Hotel US$ 112

En el Piringallo US$ 77

La habitación doble.
Incluye pensión completa, uso de piscinas termales, discoteca y actividades de recreación. Para los huéspedes del hotel cinco estrellas, el acceso al spa es sin cargo.

Esparcimiento

El complejo tiene canchas de tenis, de fútbol, gimnasio, un parque de aguas, servicio de minibús para el traslado a las excursiones y un minimarket para los huéspedes de los condominios.

Traslados

Por un mínimo de cinco noches, el hotel ofrece un transfer, ida y vuelta sin costo, desde Chillán o Concepción hasta el complejo.

Más información

En Chillán: (56) 42 223887.
En Santiago: (56) 2 233 1313.
Soledad Pita Romero

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