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 • HISTORICO

Cocina molecular




El viernes fui al Corton, un restaurante francés en el corazón del Soho neoyorkino, reconocido por sus dos estrellas Michelín y cuya gran atracción gran es la cocina molecular. Fue la primera vez que probé esta gastronomía en donde se combina la física, la química y la tecnología para dar lugar a formas y texturas inimaginables. Me fue imposible desprenderme de la moda mientras la comida transcurría entre espumas, gelatinas, humos y geles de mil y un sabores.
Degusté unos ocho platos diferentes más los postres, y cada uno de ellos tenía una presentación cual obra de arte que, de entrada, me hicieron pensar en Karl Lagerfeld y en Alexander McQueen. El glamour que desprendían estos platos me despertó el misterio que, justamente, también me generaron más de una vez estos dos genios de la moda.
Cuando visité hace poco la exposición de McQueen en el Metropolitan Museum of Art recorría las oscuras salas con Frosti, de Bjork, sintiendo puro misterio en el aire. La imagen de unos ventiladores moviendo uno de los vestidos me hizo volar la imaginación y admirar con mayor sensibilidad la perfección de este diseñador que vivirá para siempre. Sentí la necesidad de quedarme horas y horas disfrutando cada pieza y accesorio para indagar en esa nueva curiosidad que sentía, pese a haber visto y conocido tanto de McQueen a lo largo de mi carrera.
Y Lagerfeld... La persona de Lagerfeld es la que me genera un misterio siempre latente: esos cuellos altos y rígidos de sus camisas, los guantes de cuero negro (incluso en verano), sus anteojos oscuros que le cubren media cara pero no esconden su personalidad y, por sobre todo, su capacidad visionaria y única para modernizar Chanel sin abandonar su espíritu clásico ni su excepcional elegancia.



Cuando estaba a punto de probar los platos se repitió el mismo misterio, que ahora se generaba por descifrar cuáles eran los ingredientes, así que crecía la intriga por saber de qué manera los cocineros lograban un sabor y perfume tan originales con una textura que transmitía algo totalmente opuesto. Con cada bocado pensé también en más diseñadores, especialmente los que trabajan en plena semana de la moda de París: cada outfit es especial e irrepetible y les lleva meses, semanas y días de trabajo e imaginación para lograr cada detalle, algo muy parecido a la que pasó con la cocina molecular.
A simple vista, lo que reconocía como pescado, al probarlo no estaba ni cerca de serlo. Uno de los platos que me llamó mucho la atención tenía cuatro cerezas que de un vistazo parecían sólo frutas, pero dos de ellas estaban rellenas con lomo y venían acompañadas por un medallón que simulaba caramelo, pero que terminó teniendo sabor a remolacha y se deshizo en mi boca. Otra sorpresa fue una especie de gelatina muy suave junto a una porción fina de carne sobre la que había espuma con sabor a jamón. Y el postre, "To die for", fue sublime: macaroons de mojito con un perfume y un sabor irresistible e indescriptible. Los bombones de caramel (el dulce de leche yanqui) y las trufas que despedían olor a café coronaron el banquete. Nunca me había pasado de disfrutar con mis sentidos a flor de piel un plato de comida, y, en especial, con mis recuerdos y mi imaginación. Fue muy divertido y desconcertante.

Y yo seguí pensando en diseñadores durante el fin de semana y el gran Hussein Chalayan, nacido en Chipre y archi conocido por su ingenio para crear prendas de otro planeta, no podía estar ausente de este post. Lo suyo y la cocina molecular van de la mano: participé en uno de sus desfiles donde los vestidos se transforman completamente en otros trajes. Recuerdo la sensación de estar en el medio de la pasarela sabiendo que mi vestido iba a cambiar, pero yo no tenía idea cómo ni de qué manera, ni siquiera podía imaginármelo. Mientras esperaba esos segundos eternos sintiendo bajo mis zapatos el piso lleno de purpurina y con diferentes piedras, me daba la sensación como de estar flotando en el espacio, sintiendo la ansiedad del público por saber qué iba a pasar con mi vestido. Segundos más tarde este comienza a tener diferentes pliegues y movimientos por debajo que me van erizando la piel. No les cuento más, les dejo el video de este show para que ustedes mismos puedan descubrir en qué se convirtió y la magia que sobrevoló en aquel inolvidable desfile. Sin dudas, tan parecido en sensaciones como mi experiencia en el Corton.

Saludos,
Mili

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