Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

Confieso que...




Confieso que no es un momento muy óptimo para confesarme... bueh, como si un momento óptimo para confesarse fuera un momento pleno, qué fácil sería y qué aburrido, lo que por naturaleza ni necesita ser confesado.
Confieso o siento que he llegado a un callejón sin salida, que las circunstancias me han arrinconado hasta lo ridículo, que he sorteado un sinfín de obstáculos, que estoy en ese momento en el que el protagonista de la película parece vencido... y en eso, oops, sobreviene el cambio.
Un Deus ex machina necesito, una mano de Dios, un empujón mágico, una pista al menos, una pista que me revele lo poco que necesito saber para dar el siguiente paso, para irme a dormir con la misma inquietud existencial de siempre (estoy viva, voy a morirme, ¿qué sentido tendrá todo esto?) pero sintiendo que hago lo correcto.
Confieso que ya estoy pensando: "¿me entenderán? ¿Estaré escribiendo muy complicado?"
Confieso que no cuento abiertamente la situación que atravieso porque así lo prefiero, no quiero ventilar los detalles de la anécdota, prefiero reservarme esos detalles e ir al hueso de mi sentir, que quizás, quién dice, se parezca al de muchas de ustedes.
Confieso que quizás éste sea uno de mis últimos confiesos, sino el último.
Confieso que la idea de dejar el blog me da miedo, pero me alivia a la vez.
Confieso que me alivia saber que recuperaré intimidad, que podré hacer maniobras vitales importantes sin necesidad de tener que ponerlas rápidamente en juego en mis textos.
Confieso que me pone triste dejar de escribir desde el rol de la mamá, estimo que este apego tiene mucho que ver con el valor que yo le doy al vínculo (al vínculo madre-hijas).
Confieso que no estoy pudiendo concretar encuentros deseados en mi vida (verme con mi abuela, por ejemplo), que siento que me estoy perdiendo en las obligaciones de rutina, que las responsabilidades me devoran el tiempo.
Confieso que tengo un anhelo más profundo que el núcleo interno del planeta y es estar en paz con todos, confieso que ese anhelo me da fuerza.
Confieso que, aunque suene delirante, muchas veces siento el sentido de misión, de propósito, confieso, por otro lado, estar convencida de que no hay otro enemigo que mí misma (o acaso ese manipulador que llamamos ego).
Confieso, yendo a cuestiones más banales, que he me estado comiendo las uñas, que he me quedado despierta hasta cualquier hora evadiéndome con un juego del teléfono.
Confieso que últimamente me siento adicta a los mensajes, a los pequeños textos, a los llamados, que no puedo tolerar mi silencio.
Confieso que, a pesar del calambre emocional que vivo estos días, a pesar de no entender un pito, a pesar de reconocerme muy vulnerable y poco independiente en lo emocional, me sé fuerte.
Me sé invencible. Me creo resistente, creo en un poder que me excede, que me mueve, que no depende de mi voluntad ni de la de nadie.
Confieso sentirme desordenada en este confieso.
Confieso que quisiera contagiarles entusiasmo, lucidez, alegría de vivir, agradecimiento.
Confieso que me apena no estar haciéndolo.
Confieso que quiero seguir confesándome pero miro el reloj y el tiempo apremia, el padre de mis hijas me espera para irse, debo ahora ocuparme de ellas.
Confieso o les cuento que no voy a cerrar el texto por ahora, que volveré a última hora, después de dormirlas.
...
Confieso que siendo las 12.40 me siento a kilómetros de la que era por la tarde, que esa distancia es mérito de un encuentro, de una amiga, de Paula.
Confieso que necesito ayudas amigas, como nunca.
Confieso que no sé si yo llego a dar la mitad de lo que recibo de su parte en estas situaciones de urgencia.
Confieso que gracias a Paula, a su visita, a nuestra charla, volví a reconectar con mis hijas, es increíble cómo actúan los hilos invisibles que nos ligan, basta que yo baje un cambio para que ellas se calmen.
Confieso haber recuperado confianza, confieso sin embargo no poder pensar demasiado, sentirme físicamente muy cansada.
Confieso, confieso, ¿confesé algo jugado? ¿Confesé que ayer lloré mucho? ¿Confesé que tengo miedo al abandono, a lo desconocido y a la desconexión con otros?
Confieso que no me animo a confesarlo todo, que estoy en camino de apertura, de tomar riesgos, pero... pero todavía me asusto, todavía estoy lejos de la Inés que busco.
¿Ustedes qué confiesan?

¡Compartilo!

En esta nota:

SEGUIR LEYENDO

“Muchacha, hacete el Papanicolaou”

“Muchacha, hacete el Papanicolaou”

Tapa para OHLALÁ! de junio con Stephie Demner

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.