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 • HISTORICO

De cartero a albañil

En las colinas de Provenza hay un palacio de rara arquitectura, construido gracias al esfuerzo de un hombre común




HAUTERIVES, Francia.- Muchos monumentos insólitos se encuentran en las regiones más banales. Así es la regla a la que obedece el Palacio Ideal del Cartero Cheval, en el sudeste de Francia. El decorado que lo circunda está conformado por suaves colinas, cubiertas de matorrales del norte de la Provenza.
En los valles, los ríos bañan los cultivos y protegen esos pueblitos cuyos techos cubiertos de tejas rojizas se distinguen a la distancia. Sin embargo, como en las historietas o las películas fantásticas, a la vuelta de un camino se asoma, entre las cúpulas de los árboles y el campanario de la iglesia, una misteriosa construcción que hace pensar que el tiempo y las distancias se mezclaron de un extraño modo.
No se sabe si esta construcción es de la India, del bullicioso Medievo, si se trata de una parte de Angkor Vat en la lejana Camboya, de un palacio de Las mil y una noches , de una obra de Gaudí, de un templo pagano o de un castillo de cuentos de hadas...
Un cartel indica el arribo a Hauterives, un lugar al cual nadie prestaría atención si no fuera por la obra descomunal de un humilde cartero deprincipios de siglo: el facteur Cheval .
Ya en los años 50, el cronista y novelista Alexandre Vialatte, gran amigo del pintor Jean Dubuffet, que fue el impulsor del arte en bruto en los años 50, presentía que un hombre llamado Cheval (caballo en francés) no podía sino dejar una impronta notable en la vida... Esta impronta la dejó de cemento, de piedras y de un sueño demente que hizo realidad a lo largo de más de 35 años de penosa labor. Se trata del Palais Idéal (Palacio Ideal), como él mismo lo bautizó.

Un pensamiento entre piedras

Joseph Ferdinand Cheval era aquel pobre cartero que recorría, en 1870, unos 32 kilómetros diarios, caminando por las rutas y las colinas de la región. Durante 33 años aprovechó su oficio para levantar piedras de las colinas y de los arroyos. Se dice que una pequeña roca de curiosa formación, que lo hizo tropezar un día en su camino, le dio la idea de que algo podía hacer con ella.
Fue a partir de este incidente que empezó a levantar su palacio, que lo convirtió en pionero -sin siquiera poder imaginarlo- de una forma de arte en la cual se reconocieron los surrealistas, y que el pintor Jean Dubuffet iba a defender durante toda su vida: el arte en bruto, o art brut . Una forma muy personal de creación artística realizada por gente sin conocimiento ni contacto alguno con las Bellas Artes.
El palacio, de hecho, no responde a ninguna regla ni planificación arquitectónica. Ni tampoco artística. Lo que se destaca es más bien su ingenua honestidad y vitalidad, su originalidad y la creatividad que se adivinan en él.
Cada parte se diferencia de las otras, y sin embargo forman un conjunto gracias a temas recurrentes, como los pasajes estrechos, las conchillas marinas, las torrecitas que coronan cada sector y, sobre todo, las sentencias escritas en el mismo cemento.
Estas frases reflejan tanto la filosofía de la cultura campesina del siglo pasado como las ideas que tenía Cheval sobre su trabajo: "La vida es un océano de tormentas entre el niño que acaba de nacer y el anciano que va a desaparecer"; "la vida sin objetivo es una quimera"; "Dios, Patria, Trabajo"; "Genio, tenemos que morir aquí olvidados del mundo"; "mi pensamiento vivirá en estas rocas"; "creando este palacio quise probar lo que puede la voluntad".
André Breton afirmó que el Facteur Cheval era "un indiscutible maestro de la arquitectura". Jean Dubuffet y los surrealistas elogiaron su obra. André Malraux, entonces ministro de Cultura de Francia, le rindió un homenaje definitivo cuando incluyó su Palacio Ideal entre los Monumentos Históricos de Francia, en 1969.
Sin duda, el cartero no hubiera pedido tanto. Había buscado en su obra una liberación contra los fantasmas que lo atormentaban, y quería levantar su mediocre destino a la par de sus torres. Seguramente no para dejar una vanidosa huella de su paso por la Tierra, sino más bien para demostrar que el humilde cartero había podido levantar el palacio de sus sueños con su propia voluntad y su trabajo. En el museo que flanquea su obra se recuerda una frase que se le atribuye: "Puesto que la naturaleza quiere ser escultora, yo seré albañil y arquitecto".

Turbulencias

Joseph Ferdinand Cheval nació en 1838, y antes de los 17 años quedó huérfano. Se casó en 1858, a los 29 años consiguió un empleo como cartero, una promoción social muy importante.
Sin embargo, en su vida familiar, la maldición continuó. En 1873 murió su esposa; se volvió a casar en 1878, y al tiempo nació una hija que murió a los 15 años. Eso lo afectó más que cualquier otro drama y a partir de esta fecha se dedicó casi exclusivamente a la construcción de su palacio, empezado al nacer su hija, en 1879.
Pierre Dumas

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