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 • HISTORICO

Descubrí tu fortaleza

Saber cuál es tu fortaleza te conecta con tu propia fuente ilimitada de recursos. Por eso, te proponemos encontrar qué es “eso” que te hace brillar a vos y, por ende, a los demás.




Por María Eugenia Castagnino
¿Alguna vez te preguntaste para qué sos buena?
Probablemente ya tengas una idea clara de qué es ese "algo" que sobresale de tu personalidad, eso que te hace brillar o te destaca entre tu grupo de amigas o tus compañeros de trabajo. Hablar de nuestros dones es reconocer que la vida nos dio un regalo. Enorme, divino, bien envuelto, con un moño gigante. ¿Y qué otra cosa se puede hacer con un regalo que recibirlo y agradecerlo? Ahí queremos llegar. Porque conocer nuestros dones apunta a completar nuestra vida, a hacerla más rica y con más sentido.
Ahora, si lo procesás con la mente en clave utilitaria, probablemente te desilusiones un poco. Porque "don" no es sinónimo de "producto", no es tangible. Nuestra mente –y la sociedad en que vivimos– enseguida tiende a cosificar y quiere obtener un provecho de eso. Imaginalo así: ¿qué diferencia existe entre caminar una hora en un bosque silencioso lleno de árboles y correr ese mismo tiempo en la cinta de un gimnasio? Fácticamente, ninguna. Pero una caminata es más utilitaria que la otra; si lo hacés en la cinta del gym, es porque querés lograr algo: hacer ejercicio. En cambio, la primera tiene más que ver con pasear, con disfrutar del paisaje, con sentir y vivenciar otro tipo de estímulos: el olor de un eucalipto, el sonido de unos pajaritos o el ritmo de tu propia respiración. Y la conclusión casi cae de madura, porque la vida no es un negocio para ser dirigido sino un misterio para ser vivido. "Tu don tiene ese sabor a vida y te conecta con lo intangible, con lo más sutil de tus capacidades", dice el maestro espiritual Osho. Es un capital valiosísimo, propio e intransferible, que se expande a todas las áreas de tu vida, en el trabajo, en la familia, en tus vínculos sociales. Tu don puede llevarte a inspirar a tus amigas, ser la CEO de una multinacional, autogestionar el consorcio de tu edificio o ser un modelo para tus hijos, porque hay una especie de ley existencial que reza que es imposible ir en contra de lo que una es.
Así que no resistamos más: conozcamos, aceptemos y usemos nuestros dones como instrumentos que nos regala el Universo para transitar mejor la vida.

¿Cuál es tu don?

¿Sos capaz de decir cuál es tu don? Muchas veces conocemos la respuesta, pero otras nos invade la duda, quizá disfrazada de falsa humildad. Pero, en definitiva, a pesar de que podamos tener algunas certezas de para qué estamos en este mundo, nos cuesta en general sentirnos seguras con nuestro don. Para esto, existe una explicación de la neurociencia: si hay algo en lo que nuestro cerebro es experto, es en mantenernos alertas y deseantes todo el tiempo. Mirando hacia afuera. Registrando los peligros. Comparándonos con los otros y sus triunfos. Y obvio, enfocándose en lo que nos falta. Parece mentira, pero nuestra mente no está hecha para que nos sintamos buenas y fuertes. Mucho menos completas. Por eso, cuesta ver el otro lado, el más luminoso. El de nuestros talentos y nuestros dones. Así que no está bueno tomarse tan en serio los rollos de nuestra mente. ¡No le creas!

¿Cómo encontrarlo?

Escuchá a otros: así como otras veces dijimos que no hay que prestarle atención a la mirada de los otros, acá puede volverse una herramienta fundamental de búsqueda y exploración. ¿Tenés idea de qué te diría si le preguntaras a tu compañera de oficina: "Che, leí un ejercicio en OHLALÁ! y aprovecho para preguntarte, ¿cuál es mi don?" o "decime una sola cosa para la que soy buena, la primera que se te ocurra…". Probá con muchos informantes, porque cada uno de ellos te va a dar un ángulo y una visión particulares . ¿Qué aspectos positivos aparecen? Es normal que al principio sientas cierta sensación de extrañamiento, de no reconocerte demasiado. "Pero, pará..., ¿yo soy así posta?". Tenemos ciertos dibujos ilusorios, inalcanzables, de lo que es ser creativos, amorosos, graciosos, inteligentes o lo que fuera que nos hayan dicho los demás. Y siempre preferimos tener la ilusión de que hay una mejor vida de la que nosotros tenemos. Eludí a tu criticona mental y escuchá lo que los demás tienen para decirte. Sin exigencias (¿acaso alguien es perfecto?). Con humildad, pero ¡la frente en alto! No pierdas el tiempo pensando si es verdad o no, porque eso te limita y achica lo bueno que tenés para explotar. Recibilo y no lo resistas, porque va a iluminar ciertos aspectos tuyos.
Escuchate a vos misma: probablemente tengas muchas virtudes (¿te habías dado cuenta de que eras TAN genial?) según la mirada ajena, pero también acá vale tu propia percepción. De todo lo que te dijeron: ¿qué es lo que más te resuena hoy, en tu presente? ¿Cuál de todos esos dones aflora con más potencia? Escuchá tu propia voz interna y elegí uno solo, porque sobre ese vamos a trabajar en profundidad. ¿Pensás "bueno, pero tampoco es la GRAN cosa mi don… Pensé que iba a ser algo más rimbombante"? Es normal. Nunca nos va a parecer suficiente. Y acá volvemos al dúo dinámico: ilusión vs. realidad. Los dones imaginarios (siempre propiedad de los otros) son espléndidos, infinitos y geniales. Ahora, los nuestros..., ¡qué chiquitos y de morondanga parecen comparados con aquellos! Lo real viene a ponernos ese límite –lo que es, es– y a darles la justa medida a nuestros dones, muchas veces deformados por las palabras, que crean conceptos rígidos. Por ejemplo, ¿qué es ser buena? La bondad en sí misma es un concepto; lo que tenemos que explorar es cómo es esa bondad en TU realidad, en TU vida: ¿dónde se ve?, ¿cómo se manifiesta?, ¿cómo podés potenciarla?

El desafío de habitarlo

Ya aceptaste que sos así, ya sea porque lo dicta tu temperamento (¡hacete el test del recuadro para conocerlo!) o porque las personas con las que compartiste la inquietud te lo dijeron. ¿Y ahora qué hacemos? El verdadero desafío es tomar ese don y nutrirlo con atención plena y con humildad para que crezca en lo real. Ese es el verdadero beneficio de buscarlo, que pueda contagiar tu vida. Usarlo, en definitiva, como un "ancla", como un punto de partida para pensarnos y para actuar a partir de ahora. Si, por ejemplo, tu don es la creatividad, dejá que esa sensación de sentirte creativa te arrastre, te dé apoyo y te sostenga –al igual que un ancla en el mar– para ser más eso, de manera consciente. Ojo, que muchas veces elegimos como ancla algo que no nos gusta de nosotras y vamos con un cartel por el mundo que dice "yo soy autosuficiente" o "yo soy malhumorada". ¿Y qué logramos? Que esos defectos se agranden y que nos llenemos de crítica. Vos elegís tu "ancla", ese lugar donde querés estar parada. Usá tu don para hacer una sintonía fina de tu vida; preguntate si lo estás usando a favor de tu felicidad, si lo estás administrando bien o si lo estás dilapidando. ¿Está lo suficientemente potenciado? Y si no lo está..., ¿qué esperás para habitarlo, para ir detrás de lo que sos? ¿Cómo lograrlo?
Sentilo. Ahondá en cómo se siente ser esa persona: la "creativa", la "práctica", la "paciente", la "alegre", la "escuchadora" o el don que se te ocurra. Vos SOS esa. Confiá y creétela. Eso te va a hacer aflojar la exigencia y saber que, aunque no hagas todo bien, tenés un tesoro personal que cuidar.
Cultivalo durante un mes. Hacé que ese don te acompañe en tu día a día. Hacete un post-it mental, un cartelito que diga: "Este mes yo soy generosa o emprendedora o disfrutadora (o el don que quieras)" y dejá que eso te absorba. Nuestra mente se rige con el concepto de priming; esto quiere decir que si nosotras focalizamos conscientemente en eso, nuestro cerebro se prepara para buscar más de eso.
Salí a regalarlo. Cuando te apropiás de tu don, la tarea que queda es expandirlo. Porque es infinito. Además, te van a dar ganas de compartirlo con las personas que te rodean: vas a empezar a contagiar tu trabajo, tu casa, tu relación con tu pareja, tus hijos y tus amigas. Vas a notar ciertos cambios (igual, no te vamos a decir cuáles son, así no le quitás el foco al presente). Pero estate atenta: la gente que te rodea los va a notar.
En definitiva, si queremos vivir una vida plena , yendo detrás de lo que sentimos y de lo que somos, no podemos hacer ojos ciegos a nuestro don. Bah, poder podemos, pero no nos conviene. Acercarnos a nuestros talentos con amor y conocerlos en profundidad se da cuando nuestra propia energía de la aceptación nos encauza hacia un lugar más armónico donde "lo que es, es". Dejar que eso simplemente suceda y que nos ilumine la vida es el verdadero milagro.
¿Cuál creés que es tu don más importante? Contanos por qué.
Experta consultada: Lic. Inés Dates, Psicóloga.

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