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 • HISTORICO

El descanso al sol

Esta isla que engalana el Mediterráneo reparte el encanto de España en sus magníficas playas y coloridos pueblos




PALMA DE MALLORCA.- Las golondrinas deben de estar revoloteando sobre los floridos almendros de la isla. Resplandecerá el azul de las aguas. La luz seguirá entonando su himno jubiloso, espléndido. Mallorca, ahora, en este instante... Y yo, separado por miles y miles de kilómetros de distancia, comienzo a repasar las páginas de mi diario.
Salgo del hotel, que está en la calle de la Reina Esclaramunda, y tomo en una cafetería próxima el desayuno, que me sirven con la típica ensaimada. Luego me dirijo hacia el Paseo Marítimo. Cruzo un antiguo barrio con residencias de soportales carcomidos junto a hoteles lujosos, tiendas de artículos regionales y el inevitable Rincón Taurino. Calles en escalinata y frentes con balcones encristalados forman un conjunto arquitectónico de típico sabor. Paso ante el palacio de las Cortes, actualmente Biblioteca Nacional, y por la Plaza Mayor, circundada por recovas. Distingo ya las torres de La Seo (la catedral) construida al borde del Mediterráneo. Lo primero que me impresiona de ella es el dorado de su pátina. El color de los siglos en la piedra es aquí de un dorado sutil, casto y suntuoso a la vez. Por dentro, la nave adusta, los retablos y púlpitos ricamente tallados, las lápidas y sepulcros con estatuas yacentes confirman el espíritu un tanto lóbrego y ampuloso de los templos españoles, aunque sus coloridos vitrales recuerdan a los de Francia.
Recorro ya el Paseo Marítimo, una amplia avenida dividida por una línea de palmeras a cuyos costados se ordenan hoteles de cinco estrellas y pulcros chalets con jardines y cercos salpicados de buganvillas. Me detengo ante el busto en piedra de Rubén Darío. El poeta aparece con su carota aindiada, entre titánica y dulce, mirando hacia lo alto. Miro yo también en esa dirección y contemplo un fondo de montañas cubiertas de verde y el contorno circular del castillo de Bellver, donde residió Darío. En la bahía se yerguen los mástiles de muchos yates y, más allá, se amodorran algunas barcas pesqueras que me recuerdan aquellos versos de Manuel Altolaguirre: "...como sandalias del viento / puestas a secar al sol".
Me distraigo observando a los turistas, en gran parte nórdicos, que vienen a Mallorca como las golondrinas, en bandadas, buscando el sol. Entre ellos hay siempre personajes de pintoresca apariencia cuya clasificación ensayo: aquel delgado señor con traje blanco y arrugado, sombrero de alas gachas, bastón y monóculo es, sin lugar a duda, un aristócrata en decadencia. Aquel otro grueso y calvo, de short, musculosa y zapatillas, debe de ser un millonario auténtico

Hacia Sóller


Subo al ómnibus de turismo que va repleto de jóvenes matrimonios. Se considera que el 70 por ciento de los recién casados españoles hacen su luna de miel en Mallorca. La meta de hoy es Sóller, playa famosa por su belleza natural y el deporte de la caza submarina. Otros característicos centros balnearios de la costa mallorquina, como Pollensa, Alcudia, Porto Cristo, Son Servera y Cala d´Or, quedarán para otra ocasión.
El vehículo, con su dulce carga de parejas arrulladoras, bordea la llamada Costa Brava Balear, llena de pequeñas calas. La superficie líquida es en la ribera de un verde transparente, más allá se vuelve azul claro y más oscuro en la lejanía. Observo la diferencia de vegetación a medida que dejamos el llano y ascendemos la montaña. Abundan los algarrobos y las chumberas, los temblorosos almendros en flor, los olivos de gruesos troncos retorcidos. El guía de la excursión nos informa que estos olivares son casi milenarios; fueron plantados por los árabes entre los siglos XI y XII.
Llegamos al mirador de San Marroig, desde donde se divisa un indescriptible paisaje de mar y riscos. Hay una roca de 83 metros de altura con un orificio de 17 metros de diámetro, abierto por la erosión del viento. La llaman La Foradada (La Agujereada). Muy cerca está la otrora mansión del archiduque Luis Salvador de Austria, palacio construido por Jaime II en el siglo XIII para destinarlo a escuela de lenguas orientales, con la dirección de Raimundo Lulio, de quien Rubén Darío dijo: "Sus robles filosóficos están llenos de nidos de ruiseñor". El archiduque lo compró el siglo pasado y lo transformó en un museo donde todavía se exhibe una valiosa colección de tanagras griegas, lámparas fenicias, ánforas romanas y cerámica mallorquina. Hay también algunos cuadros de la escuela balear, de Rusiñol, Mir, Vázquez Díaz, Puget y Anglada Camarassa. Se debe al noble borbón la conservación de algunas manifestaciones del antiguo folklore mallorquín y una Guía de Mallorca que aún se lee. Fue, indudablemente, el precursor de las agencias de turismo que hoy proliferan en la isla.
Seguimos la marcha. Contemplo a una pareja que viajó conmigo en el barco desde Barcelona y se halla alojada en el mismo hotel donde resido. Los observo con interés desde que embarcaron. Los rostros y los ademanes delatan su condición de campesinos. Quizás han llegado desde alguna aldea gallega o castellana y el viaje significa para ellos un sacrificio económico. El hotel de Palma es de alguna categoría y me da lástima verlos en el comedor, siempre con la misma ropa, mirando hacia los costados para cerciorarse de que han tomado bien los cubiertos. Las incomodidades que padecen son notorias. Aquí, en el ómnibus, permanecen aislados y con aire temeroso; no conversan con nadie y ni siquiera atienden a las informaciones del guía, como si no fueran dichas para ellos o no tuvieran derecho a oírlas. Pienso que cuando regresen a su aldea contarán a sus vecinos -y lo repetirán hasta que mueran- que vivieron en Mallorca unos días felices, inolvidables. Y todo el pueblo los envidiará.
Pasamos junto al monte más alto de Mallorca, el Puig Major. Las montañas están excavadas en forma de escalones y cultivadas en los rellanos. Atravesamos el pueblo de Deyá, rodeado por limoneros enjoyados de frutos que llegan hasta la playa. Aquí vivió el gran poeta inglés Robert Graves. Arribamos a Sóller, ciudad enclavada en el no menos hermoso Valle de los Naranjos. Residencias señoriales, fachadas muy blancas y frescas, fragancia de azahares. En Sóller el 80 por ciento de sus habitantes habla francés, pues en su casi totalidad se dedica al comercio de frutas con Francia, desde donde van y vienen directamente los barcos cargueros.

Una frase de Borges

No bien desciendo del ómnibus corro hacia el litoral de aguas bruñidas, color azul turquesa. Las espumas ciñen, trémulas, la playa. A lo lejos se distinguen las turgentes velas de los balandros. Transparencia y tersura del mar. El sol me envuelve, me penetra. Pienso en una frase de Borges: "La realidad no es verbal". Es cierto, ¿con qué palabras expresarla? Dicen muy poco estas anotaciones en las que vanamente pretendo asir la feliz fugacidad del instante. Se comulga en silencio.Y yo no puedo pronunciar o escribir ahora palabras opacas, manoseadas. Con unción recibo en mi alma la belleza infinita del Mediterráneo, este mar eternamente joven, esta forma azul del júbilo.
Antonio Requeni

Cómo llegar, dónde dormir y lugares para divertirse

Aéreo
El pasaje Buenos Aires-Madrid-Palma de Mallorca-Madrid-Buenos Aires, de la compañía Iberia, cuesta en temporada baja (del 1º de marzo al 31 de mayo y del 16 de octubre al 11 de diciembre) 1491 pesos; en temporada intermedia (del 1º al 28 de febrero; del 1º al 30 de junio, y del 16 de agosto al 15 de octubre), 1580 pesos, y en temporada alta (del 1º de julio al 15 de agosto y del 12 de diciembre al 31 de enero), 1667 pesos. Hay también un servicio marítimo que cubre diariamente Barcelona y Palma de Mallorca, ida y vuelta, que cuesta, precio promedio según la temporada, entre 80 y 90 pesos.
Alojamiento
En Palma de Mallorca
Los precios están en dólares, por habitación doble.
Cinco estrellas
Hotel Valparaíso Palace Dispone de 174 habitaciones y suites, con teléfono, televisión color con cable, aire acondicionado, baño completo y minibar.
Tiene dos restaurantes, uno elegante para la cena y un bistrot de terraza. Se suman dos bares, dos piscinas, gimnasio, sauna, solarium, canchas de tenis y minigolf.
Habitación doble: 230 hasta fines de junio; 250 a partir de julio. Incluye desayuno.
Cuatro estrellas
Hotel Meliá Victoria Consta de 162 habitaciones, entre ellas seis suites, todas equipadas aire acondicionado, televisión, video y minibar. Cuenta con un restaurante a la carta, tres piscinas, snack bar, un centro de salud y salas de conferencias.
Habitación doble: 250 Hotel Ciutat de Mallorca A cuatro cuadras del paseo marítimo y 10 minutos del centro este hotel brinda un amplio abanico de servicios. Sus 60 habitaciones están provistas de aire acondicionado, teléfono, televisor de antena parabólica, baño completamente equipado y minibar.
Entre otros servicios, dispone de un restaurante con menú a elección, un gimnasio, estacionamiento propio y una agencia de viajes.
Habitación doble: 100
Tres estrellas
Hotel Costa Azul Todas las habitaciones están provistas de televisor, teléfono, baño privado y aire acondicionado.Completan sus servicios dos bares, un restaurante, una piscina climatizada y un solarium.
Habitación doble: 80 con desayuno buffet.
Hotel Apartsuit A 100 metros del Paseo Marítimo, un área poblada de restaurantes, este apart hotel ofrece habitaciones grandes, equipadas con cocina, dos camas, un baño completamente equipado, una sala y terraza. Solo presta servicio de cafetería.
Habitación doble: 55 dólares en junio; 80, durante julio y agosto.
Gastronomía
La cocina mallorquina combina platos sustanciosos a base de embutidos de cerdo, harina de trigo y hortalizas. Tal vez sean las sopas las que mejor representan los sabores de la isla. Se sirven con carne de cerdo y hortalizas cuyo caldo empapa las rebanadas de un pan especial.
Incluso hasta en la repostería se utiliza la manteca de cerdo. Tal es el caso de la ensaimada, un dulce tradicional de masa ligeramente hojaldrada.
Como en toda mesa mediterránea, son características las aceitunas, embutidos, el aceite de oliva y frutos secos.
En cuanto a los pescados, se come sepia y entre los crustáceos las langostas. En Sa Pobla el plato especial es la espiganada, que consiste en una empanada rellena de anguilas y espinaca. En Sant Joan más conocidas como panadas de peix, las empanadas de pescado son deliciosas.
En Mallorca también se elaboran buenos vinos. Los de Binissalem son recomendables y en Santa María hay bodegas familiares distinguibles por una rama de pino en la fachada de sus casas. Cuando la rama está seca significa que el vino es añejo.
En Llubí y Binissalem se destilan licores de hierbas y el palo, un aperitivo por excelencia mallorquín a base de corteza de tronco o ramas de diversos árboles, un tanto amargo y de alta graduación.
Vida nocturna
En Mallorca la vida nocturna se prolonga hasta la madrugada con opciones para todos los gustos. Pero es en Palma donde hay más variedad. El paseo marítimo, la zona de La Lonja, la plaza Gomila y Porto Pí son las principales zonas de restaurantes, pubs y terrazas frente al mar.
Puerto Portals es otro punto neurálgico de locales bailables y restaurantes. Durante el verano reúne a figuras del espectáculo, modelos y famosos.
Si desea conocer una de las discotecas más grandes de Europa sólo hay que dirigirse a BCM, en Magaluf.
Compras
Las artesanías en vidrio son las más requeridas por los turistas, especialmente las jarritas de color caramelo.
A la salida de Palma, por la ruta de Algaida, hay un taller donde aún es posible ver el proceso de soplado tradicional.
La alfarería tiene objetos curiosos y lindos para llevar de recuerdo. El siurell es un silbato de tierra cocida y blanqueada, bajo la forma de caballitos, toros o extraños personajes. Es un antiguo juguete campesino, decorado con pinceladas de colores vivos.
Para mayor información
Oficina Española de Turismo- Florida 744, 1º piso, Capital Federal, (1005). Tel.: 322-7264 Fax:322-5923.
En Mallorca
Oficina de información del Consell Insular de Mallorca-Jaume III10. Tel.: 34-971 - 712216 Oficina de turismo municipal de Palma - Santo Domingo 11. Tel.: 34- 971-720240.
Luz y sonido en las grutas del Drach
Una estada en Mallorca es incompleta si no se visitan las grutas de estalactitas del Drach, en la zona de Manacor (al este de la isla), de donde proceden las famosas perlas conocidas en todo el mundo con el nombre de majóricas.
Las grutas del Drach, fenómeno natural que alguien denominó La Alhambra subterránea, están constituidas por múltiples recintos desde cuyas bóvedas cuelgan las estalactitas y donde se elevan del suelo las estalagmitas, caprichosas columnillas pétreas que adoptan una apariencia tan fantasmagórica como poética. Las estalactitas y estalagmitas son formaciones que provienen de las gotas de lluvia filtradas a través de las capas minerales y que se han ido solidificando en un lento proceso ya no de siglos, sino de milenios. Los colores de la piedra están determinados por las vetas minerales que atraviesan. Las materias cúpreas dan el color rojo; las ferrosas, la maravillosa gama de grises, y las calcáreas, el blanco amarillento. Hay en estas cuevas algunos ríos y lagos subterráneos en los que se duplican los relieves de esa fabulosa filigrana. En los recintos, bautizados con románticos nombres (La Ciudad Encantada, Sueño de un Angel, El Valle de las Delicias, Canal Azul), uno puede imaginar o recrear el mundo de fantasía de la infancia. Después de recorrer el feérico paisaje bajo tierra se desemboca en el lago Martel (nombre del espeleólogo francés que lo descubrió en l896) para oír un concierto y asistir a las iluminaciones artificiales que figuran en el programa de la excursión. El lago, de 12 metros de profundidad, se extiende bajo una alta bóveda recamada por un encaje de finísimas agujas. Los visitantes toman asiento y se apagan las luces. A los pocos instantes se oye una suave música mientras invade el ámbito una luz evanescente.Desde el fondo de la gruta se acercan tres pequeñas lanchas con un grupo que interpreta melodías de Chaikovski, Chopin y La barcarola de Los cuentos de Hoffman, de Offenbach. Cuando el concierto termina todo queda a oscuras otra vez y luego de pocos segundos una tenue luz alumbra paulatinamente los rincones de la gruta... Es un amanecer artificial, después un mediodía radiante. Mallorca ofrece sorpresas que ningún visitante podrá olvidar.

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