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 • HISTORICO

El encuentro con Diego y con Goyco




Si bien la Selección Argentina, por historia y presente, se ganó el derecho a ser valorada y respetada en todo el mundo lo cierto es que, a nivel resultados, hace cinco mundiales que nuestro equipo no pasa de cuartos de final.
El primer recuerdo que tengo de la Selección, viene asociado con la imagen de que mi país se había ganado el derecho a ser considerado el mejor de todos. Era 1986 y desde mis 4 años de edad esa realidad deportiva se hacía extensiva a todo. Éramos los mejores. Simplemente.
Italia 90 ya fue otra historia: más sufrimiento, más milagros pero también más coraje. Hubo que aprender a ser segundos, un orgullo difícil de asimilar cuando aprendiste a ser campeón del mundo.
24 años después no hacen más que revalidar esas hazañas. Porque (hasta ahora) no se repitieron y cada año se las recuerda con más alegría (y, al mismo tiempo, con más nostalgia). Hoy ambos mundiales son recordados con la misma intensidad.
Con todos estos sentimientos a flor de piel, en la previa de esta esperada Copa, tuve el privilegio de compartir un momento con dos figuras gigantes de aquellos mundiales: Diego y Goyco.
El Diego fue el invitado especial de Perros de la Calle a la casa que compartimos. Llegó con su gente, de muy buen humor, y con muchas ganas de compartir sus anécdotas.
Nos reímos, nos emocionamos, lo abrazamos. Si escuchar las historias de su vida y obra es siempre emocionante, imagínense lo que fue escucharlo en Brasil y en la víspera del Mundial!
Con Goyco compartimos unos mates en la playa de Ipanema. Estaba grabando material para TV y la gente de todo el mundo lo paraba para saludarlo, sacarse fotos o recordarle partidos y jugadas de hace décadas. En especial, los penales.
Así está empezando esta fiesta para mí. Ayer fue la inauguración, el festejo fue adentro y afuera del estadio. Con mis compañeras de Perros teníamos varias opciones para elegir dónde verla, lo que sí estaba claro era que tenía que ser rodeadas de gente de todo el mundo. Caminábamos por el centro de la ciudad y la tentación en los bares era constante. La paleta de colores de camisetas y banderas de los hinchas, nos hacía difícil La elección. Todos estaban llenos, pero nos decidimos por uno donde un grupo de mexicanos nos invitaron a compartir la mesa con ellos. En la de al lado había una mesa de italianos a puro festejo.
Cada uno hinchando por su país, escuchando recomendaciones de tragos de sus "contrincantes", compartiendo (bebidas y entradas brasileñas). Estábamos todos juntos, solo nos diferenciaban los colores de las camisetas. Los carteles prometían "1 Gol do Brasil = 1 Chopp de cerveja"
Mientras nos íbamos decepcionando de la "Apertura Express" que nos brindaron, nos quedó bastante tiempo antes de que comenzara el partido Brasil-Croacia, así que fuimos entrando en confianza, cada uno comenzó a contar su historia de cómo logró venir a este mundial. José Luis, uno de los mexicanos, había sido despedido de su trabajo y la indemnización decidió invertirla acá : "si no vivo ahora, ¿cuándo? ", repetía constantemente con una caipiroshka de maracuja en mano. Los italianos eran un grupo de parejas que se habían quedado con las ganas de vivir Sudáfrica 2010, les costó mucho llegar a juntar la plata, pero acá están, mostrando todo su glamour por las calles de Copacabana.
Los fuegos artificiales en Río explotaron al comenzar el partido, y se multiplicaron con el gol de Neymar.
En la mesa todos comentaban sobre una de las grandes expectativas de este acontecimiento, que fue la implementación de un sistema de digitalización de imágenes para verificar en tiempo real cuando la pelota traspase la línea de gol, a través de una vibración y una señal visual que llegará a los relojes de los árbitros. Con esto prácticamente se anula el margen de error o la subjetividad del árbitro en este tipo de jugadas.
Brasil, que empezó perdiendo con Croacia 1 a 0 por un gol en contra de Marcelo, terminó ganando 3 a 1 (Neymar x 2 y Óscar) y desatando una fiesta aún mayor de bocinas, fuegos artificiales y locura en las calles.
Mientras tanto, ya puedo tachar en mi lista de "Las 10 cosas que debes hacer antes de morir", vivir a pleno un Mundial.

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