Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

El movimiento

El editorial de noviembre de la directora de OHLALÁ!, Teresa Elizalde




Un día dije "basta". Llevaba mucho tiempo en el que amagaba con empezar alguna actividad física. Algo que pusiera mi cuerpo en acción. Era un tema que me pesaba y que eludía con mucha destreza: yoga, caminata, terapias varias, hasta Feldenkrais (un método lindísimo de movimientos corporales para generar autoconciencia, pero demasiado sutil para mi gusto). Por ese lado estaba cubierta. Lo que yo quería era apagar la pensadora y hacer algo que me exigiera un esfuerzo físico. Tenía que arrancar.
Hasta que un día, casi sin pensarlo, me anoté en una pileta a dos cuadras de mi casa. Me pareció que nadar no podía ser tan duro. Además, la distancia siempre fue un factor determinante en mí para que pudiera hacer algún tipo de deporte, y ahora no tenía excusa.
El primer día en el agua me sentí bien. Como si estuviera en mi elemento. Nadé las primeras piletas con facilidad. Estuve un rato y me fui. Volví al día siguiente. Intenté nadar un poco más, pero ahora ya no me resultaba tan sencillo. Cada brazada me costaba muchísimo. Entonces, me hice un método: objetivos cortos, fáciles. Una vez que los alcanzaba, trataba de estirarlos un poco más. Cuando me iba, me quedaba la satisfacción de haber logrado lo que me había propuesto y encima me había superado. Con el tiempo, ya ni contaba las piletas. Me metía al agua y era como entrar en otra dimensión. Nadaba y nadaba. No pensaba. O sí. Pero, por lo general, eran pensamientos positivos. De hecho, y casi como un círculo que se cierra, lograba algo similar que con las terapias que había probado durante varios años. Pero esto me resultaba más vital. Durante un tiempo, me agarró una especie de obsesión y trataba de ir todo el tiempo que podía, hasta que le encontré su ritmo, un orden que se acomoda con otras actividades.
A principios de este año, quise ir por más y me propuse correr. Llevaba muchos años dando la vuelta al parque a un paso lento y tranquilo. Así que apliqué el mismo método que con la natación. Metas mínimas. Casi ridículas para poder alcanzarlas. Ahora que lo hago con asiduidad, la satisfacción que siento es gigante. Los días que corro son mejores que los que no corro.
Cuando, hace unos meses, Sole Simond contó en la redacción que había empezado a tomar clases de baile, le dije: "Sole, lo tenés que contar". Ella lleva años de meditación y yoga, ustedes lo saben, y decía que no le prestaba la suficiente atención al cuerpo. Así que empezó baile para cambiar la energía, para enfocar desde otro lado. Para moverse. Para estar en acción. El resultado, asegura, fue maravilloso. Y nos lo cuenta en una nota donde comparte todo lo que le fue pasando en estos meses, qué fue sintiendo a medida que avanzaba en sus clases, cómo cambió su relación con el cuerpo.
En OHLALÁ! intentamos mejorar nuestra calidad de vida. Equilibrar las emociones, armonizar nuestro interior. Pero también sabemos que somos mente, cuerpo, espíritu y que no podemos disociarnos. Las instamos a expresarse, a decir lo que sienten, a cambiar cuando es necesario, a tener una vida con actitud, al movimiento. En todo sentido. Interno y externo. Sabemos que la clave es no quedarnos quietas esperando a que las cosas sucedan. Por eso, chicas, a moverse. Como sea. Lo que le haga bien a cada una. Pero a moverse. Porque sí. ¡Porque el movimiento se demuestra andando!

¡Compartilo!

En esta nota:

SEGUIR LEYENDO

La talibanización de nosotras mismas: claves para actualizar el software personal

La talibanización de nosotras mismas: claves para actualizar el software personal


por Soledad Simond
Después de la cima

Después de la cima


por Soledad Simond
tapa de revista OHLALA! de mayo con Zoe Gotusso

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.