
Créditos: Ohlalá
Cuenta Alaska, instructor de ballet acrobático sobre esquís, que la primera vez que se puso auriculares en la montaña fue en 1978. Su mentor pregonaba que se debía esquiar con música… Pero en ese tiempo era difícil conseguir un aparato de audio transportable y lo suficientemente cómodo para no obstaculizar los gráciles movimientos de danza en la nieve. La "solución" era un pasacasete de auto que se llevaba colgado del cuello: "Al presionar eject te saltaba el tape en la cara", recuerda Alaska riendo. "Hoy sin música no esquío, me detengo y no puedo avanzar", afirma.
En 2005, los chicos se deslizan cuesta abajo con auriculares de DJ de los que cuelga un cable y poco más… el i-Pod alivianó y fidelizó las notas musicales que escuchamos mientras surfeamos, esquiamos o contemplamos el paisaje desde la silla.
Macarena Simari, del equipo argentino de esquí, desconecta su i-Pod sólo cuando va a almorzar a la cota 48. Ahí se lo da al cajero y éste lo conecta con el equipo principal, y así la música sigue sonando. Ella prefiere el dub y reggae, que comparte con el resto de los comensales y la gente en el deck.
Igualmente, lo retro está de moda. Así lo atestigua el walkman de la surfera fueguina Flor Montoya. "Es lo mejor, nunca se rompe", asegura.
Ahí pasan mds y mp3 con miles de temas guardados… La música en la montaña ha evolucionado, pero siempre tratará de lo mismo: deslizarse en armonía.
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