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 • HISTORICO

El tango subterráneo




Basta entrar en la estación que antes se llamaba Agüero, de la Línea B, para encontrarse con Carlos Gardel. Al morocho del Abasto lo recuerdan murales de Andres Compagnucci, diseñador nacido en La Plata que ilustró estampillas para España. Está bien acompañado por el uruguayo Carlos Páez Vilaró y una obra titulada Eterno en el alma y en el tiempo , de Leon Untroib (1911-1994), nacido en Polonia. Este recordado maestro, cuando se prohibió en 1975 el uso del filete en los colectivos, se pasó a la pintura de caballete y colgaba sus obras de un árbol de la plaza para venderlas en la Feria de San Telmo.
Esta estación temática es la bienvenida ideal para turistas que tanto abundan, incluyendo argentinos cuando se deciden bajar al subte que paulatinamente está mejorando luego de vencer la parálisis de varias décadas.

El eje Pompeya-Retiro

Precisamente, en cualquier gran ciudad, y Buenos Aires lo es cada vez más, el sistema de transporte público es el predominante, en especial bajo el subsuelo. Porque cuesta menos, es rápido y directo, permitiendo conexiones a cualquier lado sorteando embotellamientos o manifestaciones. Por eso es tan popular el Metro en París o Madrid, el Tube en Londres o el Subway en Nueva York, sobre el que escribió viñetas memorables Horacio Estol. Todos ellos dedican dinero e ideas para enriquecer la mirada de sus pasajeros.
La inauguración de la estación Corrientes de la Línea H que en el futuro podrá unir Pompeya con Retiro es un gran paso adelante. Al salir del andén en pleno Abasto el turista tendrá un gran centro comercial y a dos cuadras, en Jean Jaures 735, la casa hoy museo que Gardel le regaló a su madre. En el mismo barrio con los frentes ilustrados por fileteadores y gigantografías de Marino Santamarina, siguen viviendo Daniel Scioli y Chiche Gelblung. Y junto a las cantinas que recibieron a Astor Piazzolla y Enrique Cadícamo, hay buenos (y económicos) restaurantes peruanos. Rodeados de tiendas milongueras al lado de la estatua de Mariano Pages en la esquina del pasaje Carlos Gardel.
La complementación de subte y caminata es la más recomendable para penetrar en la intimidad callejera donde hay hamburguesas kosher y locales de quesos o delicatessen. Volviendo a la línea B, llegamos a la nueva estación Corrientes de la línea H, que está propuesta como paseo turístico cultural de nuestra música bajo tierra.
Por eso, el homenaje que se rinde a la figura emblemática de Enrique Santos Discépolo. Y entramos en combinación con el Once, un barrio pintado con tanto acierto por el director de cine Daniel Burman que es otro microcosmos de novela.
En el túnel de Lima, el retrato de Piazzolla, por Sabat, es un ángel que nos recibe con las alas abiertas de su bandoneón. Y, rumbo al Tortoni, llegamos a la Academia Nacional del Tango que está en el primer piso con su museo que recorre la historia desde 1850 hasta la actualidad. Es posible encontrarnos con Horacio Ferrer, el gigantesco poeta que nació, como él dice, en el Río de la Plata, entre Montevideo y Buenos Aires. Lo va a reconocer por la flor permanente en el ojal y su don de gente. Y todo esto, sin otro precio que el de un viaje en subterráneo.

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por Redacción OHLALÁ!
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