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 • HISTORICO

En Calcuta se toman el caos con calma

La ciudad india muestra todo lo que uno leyó, escuchó y vio en el cine y, además, es amable y hospitalaria




CALCUTA (El Mercurio, de Santiago).- Son las tres y media de la tarde, Calcuta hierve y el taxista no se hace problema. Detiene el auto en la mitad de la concurrida calle Prafulla Sarkar, se baja rápidamente, orina con toda confianza y vuelve al volante. Como si nada. En Calcuta las necesidades fisiológicas se hacen en cualquier parte. "La gente aprende a ser tolerante", comenta Nilesh Bhattacharya, un periodista indio que hace de guía y traductor.
Calcuta siempre se muestra tal como es. Sin dobleces, ni imágenes turísticas, ni frases de buena crianza. No hay tiempo para eso. Los 15 millones de habitantes de Calcuta y sus alrededores sobreviven como pueden. Tarea nada fácil en esta enorme ciudad enclavada en el sector nordoriental de la India, en pleno Estado de Bengala Occidental, donde todo parece ir directo al caos. Aunque las voces oficiales hablen de Calcuta como el centro cultural del país, y los mismos indios se encarguen de mencionar cada dos minutos que la ciudad fue, hasta 1911, la capital del asentamiento inglés, el día a día en Calcuta es una experiencia drástica.
El taxi marca Tata parecido a un Ford de 1950 esquiva personas, autos, ómnibus y vacas con una pericia digna de un piloto de Fórmula 1. Los indios usan la bocina por lo menos durante el 90 por ciento de cualquier trayecto, con lo que quedan dos opciones: o uno sale ileso o se vuelve loco cuando se da cuenta del peligro. Pero no hay lamentos ni llantos. Ni siquiera gritos entre los peatones. Todo pasa con una calma insólita que nada tiene que ver con la sensación de desorden que invade la ciudad.

Baños poco saludables

En Calcuta los índices de polución hablan de una urbe seriamente afectada, y lo que alguna vez se anunció como niebla no es más que una gruesa capa de smog. Smog dos o tres veces peor que el de Santiago, Chile, que la hace aparecer en todos los rankings como una de las ciudades más contaminadas del planeta.
No es lo único. También hay líos con la higiene. Antes de comenzar el viaje uno ya se hace una idea por la cantidad de vacunas que hay que ponerse en el brazo. Pero, in situ, es muchísimo peor.
Aguas estancadas, repletas de fango y musgo, invaden el ambiente con olores putrefactos. Pero a nadie le importa. La gente se zambulle como si estuviera en una piscina. Y lava allí su ropa con jabón y detergente mientras otros se lavan el pelo y el cuerpo.
También cada dos cuadras hay unas llaves muy similares a nuestros grifos que los indios utilizan para darse duchas en cualquier momento del día. En mitad de la calle, semidesnudos.
"No hay nada que hacer - dice Amithaba Das Sharma, un reportero del diario The Hindu-. A estas alturas es imposible construir un sistema de alcantarillado en la ciudad. Por lo demás, el sufrimiento es sólo en verano (de julio a septiembre), porque cuando aparece el monzón las lluvias son impresionantes."

Centro cultural

Calcuta responde muy bien a su fama. Los turistas siempre vienen a lo mismo. Se quedan un par de días, ven cómo sufre la gente y luego se van. "El libro y la película fueron una pésima publicidad - razona Bhattacharya mientras vamos paseando por las calles-. Pero acá hay mucho que ver. Y mucha cultura", agrega enumerando los museos y las galerías de arte de la ciudad. La obra en cuestión es conocida: La Ciudad de la Alegría , de Dominique Lapierre, un relato de las historias vividas en la ciudad por un sacerdote francés y un médico norteamericano. Pero, aunque a Bhattacharya no le guste, estando aquí es imposible no asociar el libro con lo que uno observa.
Miles de personas por todos lados. Miles de ellos literalmente viviendo en la calle. Durmiendo en la calle. Cocinando en la calle. Niños famélicos haciendo sus necesidades en las vías del ferrocarril. Familias completas delimitando su territorio con cartones tirados en las veredas.
Food, food, repiten delgadas mujeres que llevan pequeños niños en los brazos. Pocas veces mencionan la palabra dinero. Siempre hablan de comida. Y el turista accede. "Si alguna vez lo ven entregando billetes, se le van a tirar como veinte encima. Usted tiene que decir que no y seguir caminando", aconsejan en el hotel antes de salir. Es la regla de oro.
"Le mostraré algo impresionante, venga", dice uno de los miles de conductores de rickshaws (vehículos para dos personas tirados por un hombre) en un inglés casi incomprensible. El destino es incierto. Al poco rato, después de atravesar callejones malolientes y de lamentable aspecto, asoma una construcción de muros amarillos. Casa de Moribundos Indigentes Nirmal Hriday ( Corazón Puro ), dice el letrero.
Y entramos. A unos cuantos pasos de la calle, y tras sortear un pasillo de dos metros, están los enfermos terminales. Indios que no tienen casa ni donde morir. Hay unas treinta camas, elevadas a unos quince centímetros del piso, divididas en tres filas.
Casi todas están ocupadas por rostros dramáticamente parecidos: ojos sin vida, delgadez extrema. Aquí sólo se aguarda la muerte para que el pizarrón aumente su cuota en el sector destinado a marcar los fallecimientos del día.
"Tratamos de que tengan paz en sus últimas horas", explica Sonia Duneja, una de las religiosas de la congregación de las Misioneras de la Caridad, a cargo del hogar. La labor encabezada por la albanesa Agnes Gonx- ha Bojaxhiu, que pasó a la historia como Madre Teresa de Calcuta (Premio Nobel de la Paz, en 1979), da la vuelta al mundo. Los memoriosos recuerdan que el funeral de la religiosa, fallecida el 5 de septiembre de 1997, congregó la mayor cantidad de personas reunidas en la ciudad y que importantes personajes del ámbito mundial aparecieron para honrarla.
Pero éste no es el único centro de ayuda. En Rippon Street está la sede central de la congregación. Hay que entrar por una callejuela estrecha A. J. C. Bose Road hasta la casa asignada con el número 54. Aquí se encuentra la tumba de la Madre Teresa, por lo que la casa es parada obligada para los cristianos que asoman sus narices por esta región.
Curiosamente en Calcuta se escuchan críticas a esta misión. Mucha gente ve en ella un asunto más publicitario que real. Es cierto que la orden ayuda a la gente, pero estas mismas voces aseguran que para el Vaticano es muy importante fortalecer una imagen católica en la India, un país dominado por los hindúes. La labor de las seguidoras de la Madre Teresa cuenta con gran difusión a partir de las precariedades de la ciudad. "Es ayuda, pero da la impresión de que fuera más de lo que realmente es", advierten.
Al caminar por Calcuta es frecuente ver mucha gente por todos lados y bastante influencia inglesa. El Victoria Memorial es el mejor ejemplo. El monumento es un homenaje a la reina Victoria de Inglaterra.
Y los extranjeros no pueden dejar de visitarlo. Aunque por dentro la refacción se hace imperiosa, el sitio es motivo de orgullo en Calcuta. Lo mismo reza para la catedral de San Pablo, el museo de la India y el New Market, un enorme mercado de varios pisos y con locales de minúsculas dimensiones. En el New Market se vive una institución muy arraigada en Calcuta: el regateo. Las reglas son claras. El primer precio es una locura, el segundo es exagerado y el tercer ofrecimiento aún es demasiado alto. Sólo a partir de la cuarta cifra uno puede empezar a analizar en serio la transacción.
El comercio no es bullente en Calcuta, aunque sí se puede comprar lo que uno quiera. Los indios están allí para ofrecer cuanta minucia se pueda imaginar, y a precios convenientes. Sólo cuando se habla de pashmina (lana de cachemira que se saca de la cabra nepalesa) de primera calidad o de las excepcionales joyas de oro, los dólares deben reunirse con esfuerzo. Por eso los turistas siempre son bienvenidos y son muy pocos los peligros para ellos.
¿De dónde me dijo que era?, me preguntaron varias veces. Pero los indios nunca se hacen problema: aceptar las diferencias con los demás es la única manera de que los mil millones de habitantes de la India -se calcula que a mediados del sigloXXI serán mil 500 millones- cohabiten en paz.
El idioma es un ejemplo. En esta zona el bengalí es la lengua más hablada después del inglés. Pero fácilmente se pueden escuchar trece lenguas diferentes y nadie se siente postergado. La comunicación fluye enseguida. Acá todos se necesitan y se ayudan.
Pablo Aravena

Hacia el Nirvana

  • El 80 por ciento de la población profesa la creencia hindú. Se aceptan las castas, que son diferenciaciones sociales que provienen de vidas pasadas. Si en las vidas anteriores se hizo una buena labor, se es recompensado en la vida siguiente y se va mejorando la posición. Pero si no fue así hay que seguir buscando un mejor destino. Este camino en busca del Nirvana está marcado por un hecho: aceptar el presente con sumisión.

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje aéreo hasta Bombay, de ida y vuelta, cuesta 1350 dólares. El tramo Bombay- Calcuta vale 360 dólares (también ida y vuelta).
Precauciones: la mejor época para visitar Calcuta es entre octubre y marzo, cuando está más fresco (en verano la temperatura puede llegar a los 42 grados).
  • No es conveniente ir durante la época del monzón, entre junio y septiembre, porque la lluvia y la humedad son cosa seria.
Alojamiento: un hotel 5 estrellas cuesta entre 150 y 180 dólares; uno de cuatro, 90; uno de tres, 50, y uno de dos, 25.
Imperdibles: el Maidan y Fuerte William. Para consolidar su poder en la región de Bengala y defenderse de cualquier ataque, los británicos construyeron el Fuerte William durante la época de su asentamiento en la India. Para que los cañones tuvieran despejado el camino, el bosque de los alrededores fue completamente cortado, lo que se convirtió en un enorme parque de 500 hectáreas, uno de los únicos grandes espacios abiertos de la ciudad.
  • Victoria Memorial Hall: un hermoso ejemplo de arquitectura británica. Este edificio fue construido en memoria de la reina Victoria de Inglaterra y lo inauguró el príncipe de Gales en 1921.
  • El Lago: es artificial y está en la parte sur de la ciudad. Es muy utilizado para competencias de natación y canotaje. Al lado hay un complejo deportivo donde se practican varias disciplinas. También hay un centro de yoga y jardines.
  • Real Club Hípico de Calcuta: uno de los hipódromos más importantes del país que celebró sus 150 años en 1997.
  • Jardín Botánico: fundado en 1787, es famoso por su enorme colección de bambúes, orquídeas y palmeras.
  • Museo de la India: fundado en 1814, es el más grande y antiguo del país, y es considerado uno de los mejores de Asia. En las secciones de Arqueología y Numismática (monedas) se pueden ver colecciones invaluables.
  • Catedral de San Pablo: levantada en 1847, es la iglesia más importante de la ciudad. Su estilo indiogótico impresiona a los visitantes.
Visa: Consulado de la India, Avda. Córdoba 950, 4º piso (4393-4001/4156). Atención de lunes a viernes, de 9.30 a 12.30. Se requiere pasaporte y foto. El trámite es gratuito.
Más información: Oficina de Turismo de India, Córdoba 950 9ºA (4326-5391). Atención de lunes a viernes, de 9 a 13 y de 14 a 17.30.
En Internet:

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