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 • HISTORICO

En Ezeiza, luz roja a la viveza criolla




El hombre es el lobo del hombre. Lo dijo el filósofo Thomas Hobbes en el siglo XVII y la frase nunca pierde vigencia. Sacar ventaja sobre el otro sigue siendo una máxima y en algunas situaciones concretas se nota más. Veamos, por ejemplo, lo que sucede cuando los argentinos -no todos, por supuesto- compran computadoras, cámaras de fotos y electrónicos varios en otro país e intentan despistar a los inspectores de Aduana para no pagar impuestos.
En un viaje reciente de Miami a Buenos Aires, me tocó escuchar un diálogo entre dos compatriotas que enumeraban distintas estrategias para pasar una computadora nueva sin ser revisados. Se sabe que un viajero puede ingresar mercaderías hasta un tope de 300 dólares. Superado ese límite debe abonar el 50% del excedente. Es decir que si compra una notebook por US$ 1000, tendrá que desembolsar otros 350, esto es el 50% de los 700 excedidos.
Los dos argentinos de este caso parecían tener muy claro que no pagarían un dólar más por lo adquirido en un mall de Miami. Como me intrigó lo que pergeñaban, me acerqué para preguntarles qué pensaban hacer para eludir el control. "Muy fácil: lo primero que tenés que saber es que los vuelos que más revisan son los que vienen de Estados Unidos, que aterrizan bien temprano. En la Aduana saben que allá se compran notebooks a muy buen precio y eso es lo primero que buscan. Yo me vine con una MacBook que me costó US$ 999 y acá sale más del doble", justificó, con tono pícaro, Carlos, de impecable camisa blanca, pantalón pinzado y llaverito cuenta-ganado.
Su compañero de asiento, un empresario cuarentón de nombre Juan Cruz, puso sus cartas sobre la mesa. "Cuando traigo una compu o una cámara siempre espero que se junten varios vuelos, porque los inspectores están más ocupados y no tienen tiempo de registrarnos a todos. Una vez había llegado de Nueva York a las 6 y esperé dos horas más hasta que aterrizaran otros tres vuelos, para salir con la manada", contó. El terreno se iba poniendo delicado. Estos muchachos hablaban de delito sin darse cuenta (o dándose demasiada cuenta). "Con todo este lío de la ceniza nos vino bárbaro porque la zona de control de equipajes era un caos", agregó Carlos.
La escena podría haber terminado ahí si no fuera porque una joven madre, que venía parando la oreja para escuchar el diálogo, expuso sus propias estrategias. "Yo cuando traigo algo de afuera tiro los manuales, envoltorios y comprobantes de pago para que no se note que es nuevo; trato de poner estos objetos bien en el fondo de la valija para que sea más difícil llegar a ellos. Y lo más importante, mando a mis dos nenes primero para que hagan lío, así el inspector se fastidia y nos deja ir en paz."
Todas estas avivadas, que no hacen más que confirmar la frase del inicio, se repiten diariamente en Ezeiza. Sin embargo, un inspector que pidió no ser identificado, comentó que cada una de estas estrategias para pasar electrónicos sin pagar impuestos son conocidas de memoria por el personal de Aduana. "Te ponen la notebook en el fondo de la valija, se deshacen de los manuales o le instalan programas en español para mostrarte que es usada. A veces hasta le hacen un rayón a propósito para probarte que no es nueva", advierte a los potenciales lobos argentos.
Y, de hecho, se ve que a Carlos y a Juan Cruz no les fue demasiado bien en la Aduana. Esperando un taxi afuera del aeropuerto, Carlos me vio en la fila y me contó que tanto él como su compañero tuvieron que pagar el 50% del excedente de sus compus nuevas. "El crimen no paga", admitió, con gesto amargo, antes de abordar su taxi.
Publicado por José Totah | 31 de julio de 2011 | 1.48 A.M.

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