Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

En Holanda saben cómo tirarse flores

En los jardines de Keukenhof comienza una ruta plena de tulipanes




AMSTERDAM.- Es necesario viajar sólo una hora desde aquí para ingresar en un mundo irreal, salido de los cuentos, con molinos erguidos, soberbios e inocentes a la vez; con flores brillantes esparcidas por todas partes; con canales del tamaño de un charco y árboles delgados: son los jardines de Keukenhof, una suerte de reserva natural de 28 hectáreas dedicada a mostrar unos siete millones de bulbos florecidos, entre los que reinan los tulipanes.
Fue creado en 1949 para ser la vidriera de los cultivadores. Después llegarían los turistas, que son hoy los principales visitantes del lugar.
Un parque mágico, lo llama más de un holandés, y no se equivoca.
A Keukenhof los visitantes llegan en grupos guiados o bien por sus propios medios y no existe el peligro de que las caminatas se hagan interminables.
El clima se apiada del viajero en primavera y parece querer resarcirlo del frío que se fue para regresar al año siguiente, con un nuevo invierno nevado, gris y húmedo.

Siete centímetros de delicadeza


Dicen los entendidos que custodian la salud de Keukenhof y sus tesoros naturales, que el mejor tamaño de bulbo es de unos once centímetros de circunferencia, ya que si son más grandes suelen tener malformaciones.
Dependiendo de la variedad, pueden alcanzar los ochenta y cinco centímetros de altura, como los del tipo Cottage y Darwin que florecen en mayo.
Como sucede con todo lo sensible, los tulipanes requieren cuidados especiales, particularmente en países como Holanda, donde el frío es intenso. Por eso, se cubren campos enteros con materiales aislantes a manera de techo y paredes, y con sistemas para mantener la temperatura precisa.
Gran parte de la zona costera holandesa es desde finales de marzo un inmenso jardín de tulipanes. Una fotografía móvil, una pintura viviente, que no debe tocarse.
El guardián de Keukenhof mueve la cabeza en señal de negación cuando los turistas pretenden tocar los pétalos. No falta quien muestre en la mirada ganas de llevarse una flor como recuerdo, algo que está absolutamente prohibido.
Por eso, para vencer la tentación, los custodios del parque vigilan en forma discreta, especialmente cuando llegan contingentes grandes de visitantes difíciles de controlar. Dispuestos en caprichoso sentido, sin un orden aparente, los tulipanes exhiben sus colores escarlata, oscuros, amarillos, azulados, casi blancos, rojo intenso, rosados, formando un paisaje multicolor a cuyos pies se extiende una alfombra de flores más pequeñas.
En los alrededores de Haarlem, sobre una franja que conduce a la vecina Leiden, se encuentra el Bloemenbollenstreek, la zona de cultivo de bulbos más importante de Holanda.

Treinta kilómetros de color


Los cultivos de tulipanes sorprenden al viajero por su extensión y colorido. Si se cuenta con auto,vale la pena, después de haber recorrido los pequeños canales, la iglesia de Sint Bavo (conocida como Grote Kerk), los edificios de estilo tradicional holandés, el Frans Hals Museum y ciertos pubs (que aquí se llaman krug) que ofrecen excelentes cervezas locales, conducir sin apuro por las rutas aledañas para agasajar la vista con el espectáculo floral de la región.
Los más aventurados tienen la opción de imitar a los holandeses y alquilar una bicicleta en Haarlem y devolverla treinta kilómetros después, en Leiden. Sin embargo, en la propia ciudad, las florerías ayudan a quienes no pueden realizar ese corto viaje, a disfrutar de las formas disímiles de los tulipanes de Holanda.
También en Lisse, 35 kilómetros al oste de Amsterdam, se organizan en abril las llamadas cabalgatas de flores. Un museo especialmente dedicado a las flores muestra la historia y los distintos ciclos de vida de los bulbos.

Tocando timbres


Muy cerca de Amsterdam -a diez kilómetros- se encuentra Aalsmeer, una localidad que alberga la subasta de flores más grande de la Tierra: el Bloemenveiling. Quienes quieran ver el espectáculo de las transacciones comerciales, pueden hacerlo desde una pasarela especial que está suspendida en lo alto del predio situado en Driekolommenplein 1.
Cálculos oficiales señalan que allí se comercian 400 millones de plantas de maceta y 3500 millones de flores por año. Funciona desde el amanecer hasta alrededor de las diez de la mañana y mientras los potenciales compradores están sentados en largos escritorios, un reloj de pared va señalando cómo baja el precio de las flores hasta que deciden comprar apretando un timbre.
Los floristas aseguran que un tulipán bien cuidado puede tener un año de vida en el cantero. "La flor dura lo mismo que cualquier otra en circunstancias normales", advierte el vendedor en el Bloemenmarkt, el mercado de flores de Amsterdam.
Se trata de una calle con forma semicircular que bordea el trayecto del canal Singel que va desde la Torre de la Moneda (Munttoren) hasta Leidsestraat, una de las calles más transitadas del centro de Amsterdam.

Pétalos en el canal


Hace siglos, los dueños de los viveros cargaban sus plantas y sus flores sobre pequeñas embarcaciones y remontaban el canal Amstel (el mayor de la ciudad) hasta llegar a este lugar para vender sus productos desde los barcos.
En la actualidad, los puestos siguen siendo flotantes, pero permanentes. Uno después del otro, los comercios dedicados a la venta de plantas forman una hilera multicolor con el agua a sus espaldas. Semillas, macetas, plantas colgantes, flores de toda clase se ofrecen a precios convenientes en el último mercado flotante.
El desfile de gente es incesante en el mercado de flores, tanto de extranjeros como de holandeses. Todos caminan lento, se detienen, huelen y observan, preguntan.
Quienes atienden no escatiman tiempo para dedicarles a los viajeros que piden información. "Yo nunca le regalaría tulipanes a mi esposa -explica el despachante-, porque aunque parezca mentira, en mi casa es ella quien elige las plantas y las flores para adornar las ventanas y cada ambiente."
Lo dice mientras se agacha para acomodar unas hojas que según él están fuera de lugar porque tapan las flores. "Este es un tulipán de Apeldoorn, una ciudad al este de aquí", asegura, mientras señala una especie que no se parece al tulipán que guarda la memoria visual del curioso. "Crecen antes que los demás", agrega.
Mientras tanto, una pareja de unos cuarenta años carga en dos canastos enormes plantas de distinta clase. Son tantas que podría pensarse que quieren construir un nuevo jardín. Pero no: los holandeses suelen tener dentro de sus casas un mundo vegetal exuberante, casi selvático.
Vieja tradición de quienes están acostumbrados a largos inviernos sin sol y tratan de rodearse de colores fuertes para alegrar su entorno y, por qué no, también el ánimo cotidiano.
Leonardo Freidenberg
La obra que el arte le envidia a la naturaleza
AMSTERDAM.- "Ja", gritó el holandés en una pequeña granja cercana a Haarlem. Estaba parado sobre sus suecos de color amarillento, con las medias gruesas y grises por sobre la botamanga.
Tenía los ojos abiertos y grandes como las aspas de un molino cercano y en la mano sostenía un bulbo de color marrón claro.
Había encontrado, al parecer, una nueva clase de tulipán, un híbrido distinto de todos los demás, algo que en esa época le reportaría los fondos suficientes para continuar con su eterna exploración de posibilidades para lograr las flores consideradas como las más exóticas del planeta.
Corría 1634 y la tulipomanía encendió ambiciones en Holanda.
El comercio de plantas, las pruebas de fertilización, el incentivo al tiempo de cultivo, la búsqueda de cada día de nuevos y extraños híbridos, llevaban a cualquier boer -campesino en neerlandés- a estremecerse ante la posibilidad del hallazgo del tulipán más raro y, por supuesto, más caro de todo el mundo.

Actividad regulada


Los propios gobernantes de entonces debieron intervenir para detener la caída en desgracia de los comerciantes, o los especuladores, además de los agricultores -esos que todavía hoy conocen los mayores secretos de los bulbos-, que se desmoronaban económicamente en una guerra de competencias brutal por el control y el predominio en el mercado de los tulipanes.
La actividad, entonces, fue regulada desde el Estado para evitar de esta forma mayores males.
Lo que hoy constituye uno de los rubros de exportación importante de Holanda -la producción de tulipanes de jardinería- llegó a Europa occidental desde Constantinopla en el siglo XVI. En 1593, Carolus Clusius cultivó los primeros tulipanes holandeses.
Con el tiempo, los holandeses se convirtieron en líderes mundiales tanto en la producción como en la comercialización de estas flores.
En las afueras de las ciudades del centro y el sur de Holanda, los campos sembrados de tulipanes excitaron la imaginación de los viajeros desde hace muchos años.
Tanto, que en la literatura y el cine títulos como El tulipán negro dejaron huella en la memoria de generaciones enteras.
Los tulipanes se plantaron en las sedas chinas trabajadas por los turcos, quienes crearon nuevos diseños para que las mujeres atrajeran a sólo un hombre en toda su vida.

Plasmados en la tela

Vincent Van Gogh los dibujó, El Bosco también, Rembrandt no dejó de colocar un tulipán en esas mesas superpobladas que solía plasmar en sus cuadros.
Tanto es el empeño puesto por los holandeses en sus flores preferidas, tanto valoran sus campos sembrados y lo que en ellos florece, que después de la caída del Tercer Reich no se les ocurrió mejor cosa que homenajear la actitud valiente de los monarcas y el pueblo suecos para salvar a los judíos escandinavos enviándoles millones de tulipanes como señal de admiración y afecto.
Basta ver la destreza y el cuidado con que los trabajadores que limpian los bulbos tratan a cada pieza para darse cuenta de que todos ellos están convencidos respecto de la importancia de lo que tienen entre los dedos.
Nada de lo que se cuente alcanza para describir con precisión los contoneos suaves de los tulipanes cuando el viento los obliga a inclinarse hacia un lado.
Conducir por la carretera bordeada de campos literalmente florecidos, o mirar por la ventanilla de un tren que cruce la región en mayo es un espectáculo imperdible.
No en vano se trata, como los diamantes o los molinos, de un emblema holandés que superó al tiempo, a las guerras y a todos los inviernos en los últimos trescientos años.

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

LinkedIn: 8 consejos para tener tu perfil actualizado para conseguir trabajo más rápido

LinkedIn: 8 consejos para tener tu perfil actualizado para conseguir trabajo más rápido


por Redacción OHLALÁ!
tapa de revista OHLALA! de mayo con Zoe Gotusso

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.