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 • HISTORICO

En Misiones los viajes conducen a los saltos

Una recorrida por la tierra colorada en un 4x4 invita a demostrar la pericia de los pilotos para sortear obstáculos; a su vez, permite encontrarse con descendientes de los primeros colonos




IGUAZU.- La lluvia cae a torrentes y la vegetación se oculta detrás de un espeso dosel de agua. El camino, casi en penumbras, tiene tanta estabilidad como un suelo de gelatina y es apenas más ancho que la trocha de un ferrocarril.
La camioneta se mece. De los parlantes sale música de una estación de radio local. La mañana está avanzada, pero la oscuridad aumenta. El arraigo del 4x4 sobre el piso es endeble, como si el contacto entre tierra y cubiertas jamás hubiese tenido lugar. El todoterreno va y viene, hacia izquierda y derecha, suavemente; se balancea; coletea; ¡pierde el control! En menos de un segundo, el par de faros apunta al Norte, Oeste, Sur y Este, una vez, dos veces o tal vez tres. El paisaje cambia de matices raudamente, como en las tazas giratorias del viejo Ital Park. Arboles, pastizal, faros de frente, faros de atrás, de nuevo árboles, pastizal. Apenas si hay tiempo de decir algo cuando la máquina se detiene sobre la calzada, resultado de un preciso ardid del piloto.
Se produce un silencio que conserva imborrable el resplandor de la pirueta. Del calor de las luces se desprende vapor. El interior de la camioneta es como un juego de ingenio de preguntas y respuestas en el que todos sortean su turno.
Pero la aventura debe continuar. La hoja de ruta señala el retraso. Es Misiones. Llueve y aún hay mucho que relojear a través de las ventanillas. No hay espacio para comentarios, sólo para la acción. Después de todo, un par de trompos no es nada. Una variante más para los expertos pilotos de los 4x4 que pisotean montañas, selvas, ríos y desiertos, impasibles a qué idioma se habla a la vera de los caminos.
Ellos viajan con inquietudes específicas: el volante, la marcha, el turbo, la baja, la alta, los cambios, el vado, el puente roto y el malacate. Los trompos ya están olvidados. La radio de Buby Nolde, guía local, y Beto Pironti, coordinador del Desafío Internacional Mitsubishi, vuelve a concentrarse en cada detalle del camino. La travesía retoma su ritmo.

Cataratas en la partida

El raid tuvo comienzo en la localidad de Puerto Iguazú, referencia inicial de la hoja de ruta. A poco de salir, los 4x4 se internaron en una huella del Parque Nacional Iguazú.
La carretera tenía la dureza del cuarzo. Varios días sin lluvia y el paso frecuente de camiones madereros provocaban estocadas constantes en las todoterreno. La marcha era apresurada. Aventura pura, adrenalina, especialmente para los acompañantes, que jamás pueden pilotear su propio destino. El punto 6 de la hoja de ruta decía: SPP (siga la pista principal); distancia recorrida total, 42,6 kilómetros. Observaciones: zona de palmitos silvestres y palo rosa.
El fin del Parque Nacional Iguazú quedó señalado con la aparición de un típico poblado de la campiña. Por la velocidad, nadie podía advertir el nombre del lugar. Pero la hoja de ruta apuntaba el menudo paraje de niños rubios con caras untadas de polvo y ojos azules. Punto 8: poblado Caburei, GPS: S 25º 40´ 87" y W 54º 08´ 30".
La caravana está conformada por 13 vehículos. Equipos oficiales de la Argentina, Bolivia, Uruguay y Chile. Los objetivos son la vuelta por el noroeste de Misiones y los saltos del Moconá en el río Uruguay. En su andar acelerado, los coches levantaban una fina nube de tierra. Las ramas altas de laureles y peteribíes absorbían la pátina colorada en suspensión. La 19 seguía áspera como un suelo de conchillas resecas.
Pasado el mediodía, se hizo presente el deseado objetivo 14: distancia desde Iguazú: 81,8 kilómetros; puente sobre arroyo Uruzú. Casa de guardaparque. Almuerzo. Estábamos en el Parque Provincial Urugua-í, de 84.000 hectáreas, que junto a Iguazú y áreas de protección vecinas de Brasil constituyen la mayor reserva de la selva paranense.
El almuerzo alcanzó para escuchar que en la zona, antes de la expropiación en 1990, se explotaba la madera y se cultivaba yerba como se hace en Colonia Lanusse, un pueblo de descendientes polacos situado tres kilómetros fuera del parque Urugua-í.
Luego de cruzar la apacible localidad y de doblar a la izquierda rodeando la plaza (según la indicación 22), las máquinas no bajaron de revoluciones hasta una barranca de barro que sólo la todoterreno de Bolivia subió sin la ayuda de la eslinga. El momento de mayor tensión del día. El otro debía ser el paso por un puente roto que había que reconstruir parcialmente. Sin embargo, la cantidad de troncos cruzados y la escasa luz impidieron realizar el sueño de arreglar la vieja estructura.
Entre monte y monte, camiones con madera y máquinas tipo niveladoras, habíamos pasado del punto 22 al 23, al 30, 31 y así hasta el número 42 de la hoja de ruta, que consignaba puente roto. Lodo a 260 metros.
El 43 no hacía referencia de hotel alguno, pero el cambio de planes a último momento pasaba a determinar: pernocte en Esperanza.

Tormenta imprevista

Nadie imaginaba que la segunda mañana amanecería lloviendo, pero el suelo se puso patinoso. Los trompos ya son un recuerdo y la travesía avanza.
Episodios menores detienen el ritmo un par de veces, como deslizamientos laterales y un reventón de gomas de una misma protagonista, la camioneta de Adrián Dinelli y Claudio Seveso, que exigen al terreno que se adapte a su andar y no al revés.
El arroyo Pirai Miní muestra un caudal de agua excesivo y con dos colores distintos, uno marrón sobre la izquierda -por la tierra que acarrea- y uno verdoso, que aún mantiene el color imperturbado. Hacia el mediodía, la lluvia se detiene. Arribamos a la ciudad de Eldorado y los 4x4 asaltan por completo una estación de servicio. Un lugareño aprovecha la visita para vender chipás a dos por un peso.
Café caliente es la bebida preferida antes de incursionar por una zona de tierras dedicadas a la ganadería. El terreno es ondulado, se eleva. Las sierras tienen una altura considerable. Un GPS indica 700 metros de altitud. Ahora nos guiamos con la segunda hoja de ruta. La travesía es zigzagueante y con muchos puntos panorámicos. El 15 advierte: entrada a campo privado. Circular con precaución por el ganado vacuno. En realidad debería decir: vacas con complejo de gacelas porque el vacuno se atraviesa por el camino y se cruza frente a los 4x4 con una agilidad ajena a su propia raza.
Se sortean tranqueras, galpones de un establecimiento ganadero y un bosque forestado de cuyos troncos se extrae resina en bolsas plásticas.
Nuevamente, la promesa de un punto 14, con indicación satelital y todo, para que no queden dudas acerca de dónde se sirve el espeto corrido : San Vicente. Poner odómetro en cero. Almuerzo. GPS: S 26º 59´ 55" y W 54º 22´ 38". De acuerdo con el plan original, desde San Vicente hasta los saltos del Moconá, se debería recorrer una distancia de 106 kilómetros y un total de 15 referencias en la hoja de ruta. La alternativa son los caminos interiores. Se ven carretas tiradas por bueyes, gente a caballo, galpones para secar madera y depositar yerba y muchos nativos a pie y vestidos con chalecos de curioso diseño. El sol asoma apenas en el crepúsculo y el verde del pasto es brillante. Las ondulaciones del terreno hacen juego con los titubeos de la travesía. El atardecer otorga esperanzas de que será un día soleado en Moconá.
El Soberbio es la última localidad antes de ir a los saltos. El recorrido se hace en medio de una oscuridad total. Se suceden pequeños trompos, saltos, corridas, inofensivos coletazos, bandeos y todos los movimientos posibles que un 4x4 es capaz de hacer, menos ponerse de cara al suelo.
Andrés Pérez Moreno

En el Moconá

La travesía del Desafío Internacional Mitsubishi 4x4, Misiones 1998 alcanzó la zona de los saltos del Moconá y sus participantes se alojaron en un campamento montado cerca del arroyo Yaboty.
La zona en cuestión se halla al noroeste de la localidad de El Soberbio, en las márgenes del río Uruguay. Los saltos son producidos por cortes continuos a lo largo de su cauce. El relieve de la zona es accidentado y las laderas caen abiertamente a los valles cavados por el arroyo Yaboty y el río Uruguay.
El Parque Provincial Moconá, de casi 1000 hectáreas, es la reserva que protege los saltos propiamente dichos y la vegetación circundante, correspondiente a las selvas marginales, con abundante presencia de helechos arborescentes, matas de tacuara y un estrato herbáceo bien representado, al igual que las plantas epifitas.

La hoja de ruta

Básicamente, la hoja de ruta consta de tres columnas. Con el título de Gráfico se indica con símbolos iconográficos aquellas referencias del camino que los participantes deben atender para saber si transitan por el sitio correcto.
Se señala, por ejemplo, la presencia de un puente, de un caserío, el cruce de un arroyo o río, un desvío de caminos, una rotonda, una intersección de rutas, una tranquera, un alambrado, el comienzo y fin de un parque provincial o un poblado, una vista panorámica y todo dato que oriente a los pilotos respecto de su posición.
La columna central tiene la denominación de Distancia. Allí se da la información sobre los metros recorridos, con longitudes parciales y totales.
La fila Observaciones, por último, informa la posición en latitud y longitud de cada posta o número para aquellos que disponen de navegador satelital GPS. Asimismo, se hace hincapié o se despejan dudas sobre las indicaciones visuales del primer cuadro.
Igualmente, en el caso de la travesía misionera -por no tratarse de una competencia- se daban consejos por radio y se mantenía la distancia visual entre camionetas en los desvíos y sitios confusos.

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