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 • HISTORICO

Estocolmo sube a Suecia al escenario

Un delta límpido donde los museos y espectáculos están a la orden del día




ESTOCOLMO, Suecia.- Hace pocas semanas volvió a ser noticia. Un contradictorio aunque noble deseo obliga a referirnos a él todos los años, máxime en su tierra natal. Hubo un momento en que pareció como si le hubiese estallado la conciencia. El uso y abuso que se hizo de su invento lo llevaron a advertir el horror en que éste degeneró. No hay duda de que la dinamita también hizo mella en él. El sueco Alfred Nobel se preciaba de ser uno de los químicos más renombrados y, no era para menos, no había -ni hay- lugar del mundo en el que, lamentablemente, su descubrimiento no se hubiera activado.
Tras haber forjado su enorme fortuna sobre la base más explosiva hasta entonces conocida -gracias a haber inventado la dinamita, claro está-, un año antes de morir decidió tomar partido por la paz con la tardía convicción de que "la guerra divide a un país en víctimas y asesinos". Así legó su patrimonio a una fundación que lleva su nombre, para crear un fondo cuyos intereses son distribuidos en premios, otorgados a personas que cada año "hayan aportado los mayores beneficios a la humanidad", tal como reza su testamento.
La novedad sobre sus beneficiados suele ser -en muchos casos- el único contacto que se tiene con este país. Pero aunque resulte lejano y extraño, muchos -por ejemplo- lograron intuirlo a partir de las innumerables imágenes logradas por otro de sus embajadores, Ingmar Bergman.
Los premios Nobel, el cine de Bergman y, para muchos estudiantes, los textos del lingüista Ferdinand de Saussure son algunas aproximaciones teóricas, pero representativas de la cultura de este país. No en vano este año su capital, Estocolmo, fue elegida como Capital Europea de la Cultura 98.
Con estos preconceptos uno llega a sus orillas, recostadas sobre el mar Báltico y el lago Mälaren. Agujas, cúpulas, el verde con que se mantiene el cobre y el rojo de antiguos tejados, son algunas de las líneas que integran una panorámica de esta ciudad, gracias a Dios, muy salpicada por parques devotamente cuidados, bosques que la abrazan sin ahogarla, y rodeada de agua y más agua, de la cual emerge.

Archipiélago a los pies del Báltico

Aún a bordo, se advierte que Estocolmo comienza a expandirse entre pequeñas ensenadas, muelles, estrechos, canales y más de 24.000 islas. Con los pies en tierra sueca, uno puede recorrer esas islas, claramente enlazadas por medio de puentes y túneles, de manera que ninguna está muy lejos de la otra. El agua juega un papel muy importante en el paisaje urbano, ya que forma su tercera parte. Por eso, ésta es una ciudad privilegiada: la única en el mundo en la que uno puede bañarse y pescar en cada esquina, basta que el tiempo lo permita. "Mientras queden aguas a cielo abierto, siempre podrán verse cisnes y patos; de primavera a otoño, claro", asegura Roser M. Bonet, una españolísima guía que trabaja en la Auktoriserad Guide Stockholm.
No es la época ideal para eso porque comienzan a sentirse los primeros fríos, este año más tempranos e intensos que otros, tal como informan los servicios meteorológicos. No obstante, la ciudad hace gala de su nominación y ofrece un sinfín de posibilidades culturales.
Uno de los mayores proyectos desarrollados para este año, cuando Estocolmo es la capital europea de la cultura, es el Archipiélago , que consta de unas 40 exposiciones que muestran la gran diversidad del arte contemporáneo en diferentes salas: Museo Nórdico, Museo Nacional de Historia Marítima, Museo Técnico, Gabinete Real Numismático, Central Eléctrica de Ferdinand Bobergs en Skansen, Museo de Antigüedades y Museo Hallwylska.
Pero si de enumerar centros de exposiciones se trata, hay que disponerse a contar por qué la capital sueca tiene cerca de 70 museos.
Hasta hace pocas semanas, el metro ofreció 749 fotos tomadas por 250 expertos de la lente. Aunque esta muestra ya fue descolgada, quienes tengan la suerte de poder ir ahora a Estocolmo aún pueden ver (hasta diciembre próximo) el Memento Metrópolis , una gigantesca exposición sobre la ciudad europea del siglo XX como fenómeno cultural y forma de vida.
Es un taller experimental con exhibición de muebles, entre los que se puede caminar durante horas y descubrir instalaciones, películas, inventos, esculturas, pinturas, artesanías, etcétera. Está en el teatro Kulturfabriken, en el barrio Liljeholmen, donde también hay una biblioteca en la que se pueden cambiar libros leídos por otros por descubrir. Esta exposición está organizada como ruta de relevos, ya que primero se vio en Copenhague, ahora está en Estocolmo y, eventualmente, llegaría a Helsinki en el 2000, cuando en su año de la cultura la capital finlandesa levante el telón de la Fábrica Cultural, aún en proyecto.
En febrero último se inauguró el más nuevo de los museos de Estocolmo, el de Arte Moderno, diseñado por el arquitecto español Rafael Moneo. Tras el suceso que causó la muestra de Miró hasta fines de agosto último, hoy se exhibe A la luz visible , una muestra de fotografía que puede verse durante este mes.Dos de los directores de teatro más notables de la actualidad están en escenarios suecos: el canadiense Robert Lepage monta junto con el elenco del Real Teatro Dramático, La Celestina , de Fernando de Rojas. Paralelamente, en esta época, también puede verse, en el Teatro Municipal de Estocolmo, El sueño , una obra de August Strindberg, dirigida por el norteamericano Robert Wilson.
Durante este año Japón se mudó a Estocolmo, ya que en un intercambio cultural sin precedente se vieron y aún permanecen la nueva coreografía japonesa en la Casa de la Danza, el Ballet de Tokio en el Teatro Real de la Opera, el arte de la jardinería, un festival de cometas, un coro de monjes budistas y representaciones de kabuki , una expresión artística en la que se mezclan el canto, la danza y la música con el teatro y la acrobacia.
Bradgula Sidorna es el nombre del catálogo que contiene la totalidad de la programación prevista para este año, que ofrece más de 1000 eventos. Se obtiene en Inforcenter Stockholm´98, en la planta baja de la Casa de la Cultura, en la calle Sergels Torg 3; está en http://www.stockholm98.se, o también se pueden solicitar datos por el (0046) 8-4686981988, o por el fax(0046) 8-4686981999.

La Vieja Ciudad

Un día es muy poco, pero en el peor de los casos permitirá al menos tener una idea de lo mucho que se puede visitar en una segunda y más extensa vuelta por esta ciudad. El clásico city tour no puede menos que terminar en donde empezó todo: Gamla Stan o la Vieja Ciudad de Estocolmo se asienta sobre un antiguo centro de comercio, ubicado entre el lago Mälaren y el mar Báltico, que originalmente fue consecuencia de la vida que se desarrolló en torno de un castillo fortificado con el que Birger Jarl fundó la ciudad.
El barrio Gamla Stan es el más antiguo de Estocolmo y se conserva sobre una de las quince islas en que se asienta la ciudad, Stadsholmen. Las estrechas calles afinan su silueta, que se contornea al subir y bajar, rodeadas por antiguos monasterios, hermosas fachadas de los años 600 y 700, e históricos edificios oficiales que terminan reflejándose en el mar.
Estas calles, con denominaciones impronunciables terminadas en gatan, que en sueco significa calle, fue ron bautizadas con los nombres de personajes mitológicos.
Monjes medievales, mercaderes y artesanos, juglares y artistas. Todo el Medievo parece haber desempolvado sus tradiciones y se pasea hasta fines de este mes en la Stortorget o la Plaza Mayor. En las inmediaciones hay una pared que hace esquina, donde se puede apreciar una piedra rúnica de la época vikinga.
El escenario de Gamla Stan es ideal, pero más aún las plateas, las mesas de los cafés que todavía se asoman a las veredas para permitir disfrutar de incesantes representaciones artísticas y ferias artesanales que se suceden a diario.
En pocas semanas, todo cambia. Mesas, sillas, cafés y transeúntes convidados se refugian adentro y sólo salen a ver la atracción anual: ir de compras por el mercado de Navidad es un rito para los habitantes de Estocolmo que se repite desde el siglo XIV. Pero las ferias navideñas se multiplican en esta ciudad, ya se preparan las artesanías que se exhibirán en el museo al aire libre de Skansen, donde los abetos son profusamente decorados y rodeados de miles de velas.
Entonces como en cualquier época del año puede saborearse la más representativa comida sueca en cualquiera de los 1500 establecimientos gastronómicos de la ciudad. Uno de los platos más representativos es el del pescado fresco, especialmente arenque ahumado y marinado, acompañado de papas, albóndigas, queso, pan ázimo, además de abundante cerveza y aguardiente.

Hechos reales

Uno deambula por esta ciudad sin saber que va saltando de isla en isla. En ese ir y venir es fácil toparse con el Palacio Real de Estocolmo, un castillo que es el resultado de distintos estilos arquitectónicos, del barroco y rococó al gustaviano, pero que mantiene una armonía en su estructura. Dos construcciones simétricas encierran un amplio patio central donde, desde 1523, se realiza el tradicional cambio de guardia. Esta ceremonia tiene algo en común con la de otros sitios del mundo, uno debe estar primero en la fila o tener una altura considerable, porque el público se agolpa y no permite el paso, pero por suerte se repite a diario.
Hay que tener tiempo para recorrer el interior del palacio, ya que tiene 600 salas, entre las que se destaca la Rikssalen o Sala del Trono, en la que se halla un asiento real de plata cincelada que data de 1640.
La familia real sueca, integrada por el rey Carlos XVI Gustavo, la reina Silvia y sus tres hijos, forma parte de la monarquía más antigua de Europa que ha reinado sin interrupciones.
Pero la llamada isla del rey o Kungsholmen, conserva otro hermoso palacio de vistosos ladrillos rojos, por cuyos muros exteriores se trepan enredaderas de colores. Es sede del Ayuntamiento (Stadshuset), que se levanta a orillas del lago Mälaren, al noroeste de Gamla Stan. Una veleta dorada modelada sobre las tres coronas del escudo real remata la torre (106 metros), desde donde se disfruta una de las vistas más impresionantes de Estocolmo.
Veinte millones de piezas de oro relucen en la Gyllene Salen revestida de mosaicos dorados -vidrios con polvo de oro- y que refleja no sólo la opulencia de entonces sino diversos y extravagantes estilos arquitectónicos.
Cada 10 de diciembre la Sala Azul (Blä Hallen) se viste de gala para ofrecer el banquete con el que se celebra la entrega de los premios Nobel, cuando 1200 personas cenan junto a los reyes de Suecia. No hay tono que se corresponda con el nombre de la sala. Quedó en un deseo, ya que el arquitecto que la diseñó pretendía que luciera azul. En su honor, cuando se realiza la cena Nobel las luces tiñen el salón de ese color. Este y el resto de los salones, así como el edificio se alquilan para eventos y el precio ronda los 3000 dólares.
Los días cercanos no son de visita, pero al siguiente todo será un recuerdo: un souvenir con la vajilla Nobel del premio de Economía, Física o de la Paz puede convertirse en el mejor símbolo del exquisito cuidado con que los suecos tratan a sus homenajeados y visitantes.
Por Delia Alicia Piña

Histórico tesoro que atrae multitudes

ESTOCOLMO, Suecia.- Encaprichados en sacar su historia a flote, los suecos decidieron zambullirse en el pasado y rescatar uno de sus tesoros más ricos.
Fue durante el reinado de Gustavo II Adolfo cuando se pretendió tener el más potente navío de guerra escandinavo. Con esa intención y tras años de construcción, en 1628 se botó la nave en el puerto local, pero a las pocas millas el peso, tal vez de la ambición, y su altura desproporcionada hicieron que comenzara a inclinarse fatalmente hasta hundirse en el fondo del mar.
El Báltico lo meció por centurias, mimándolo con su escasa salinidad, hasta que 333 años después fue reflotado.
Una cuidadosa restauración devolvió al pueblo sueco un valioso testimonio del arte de la navegación de vela de la época, que aunque frustrada mostró su dedicación.
Desde hace ocho años está en un refugio de hormigón, cobre, vidrio y hierro desde el que sobresalen, cual árboles, los palos de la embarcación.
Está convertido en museo, y una adecuada iluminación resalta sus detalles.

Una atracción

El museo Vasa es el más visitado, ya que anualmente pasan millones de personas para contemplar, desde siete galerías diferentes, sus distintos puntos de vista y su longitud, que lcanza a 69 metros. Recientemente, el museo fue enriquecido por el hallazgo de las velas originales del Vasa.
Vasamuseet, tal su nombre original, está en la isla Djurgården, sobre la calle Galärvarvet, y abre todos los días del año, menos los lunes durante el invierno; (0046)8-6664800. Hasta allí llegan los ómnibus 47, 44 y 69.

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