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 • HISTORICO

Fin del mundo: Isla Magdalena, de etiqueta

Cerca de Punta Arenas, en la XII Región de Chile, es parada obligada para ver la naturaleza




ISLA MAGDALENA, Chile.-- Se tocan, se besan, se acarician, se limpian, se pelean y se amigan, como en un poema de Oliverio Girondo. No son amantes, sino pingüinos de Magallanes.
Amanece en la isla Magdalena, en la XII Región de Chile, en los confines del universo. Sólo se escucha el graznido de los pingüinos, el único sonido de los habitantes de la isla, declarada Monumento Nacional.
Y también, profundas, las palabras de Luis Legües, el guardafauna que, con 23 años de experiencia como guardaparques de los diversos rincones protegidos de Chile, se ocupa de cuidar el predio, donde destaca el faro que guiaba a los antiguos marinos en el estrecho de Magallanes.
"En verano --informó Legües-- desembarcan dos o tres veces por semana, pero en invierno no viene nadie, no quieren venir a estos destinos. Yo estoy muy bien; tengo luz, gas y TV."
En la isla, donde se circula exclusivamente por la costa y los senderos para no destruir los nidos ni ahuyentar a los animales, hay un pequeño museo marítimo. Desde éste se accede al faro de cinco pisos con una vista espectacular del área y su profusión de aves: son 60.000 parejas que representan el 95% de la biomasa faunística de la isla.
Hay también cormoranes, gaviotas, carancas, palomas antárticas, bandurrias y lobos marinos: se trata de un área protegida por la Organización Chilena Protectora de la Vida Animal y Silvestre Corporación Nacional Forestal, por la abundancia y diversidad de especies que la utilizan como hábitat de reproducción.
Pero la estrella indiscutida son los pingüinos. Entre agosto y septiembre llegan a la zona los primeros machos para reconstruir el nido, siempre el mismo, que puede ser al aire libre o bajo un arbusto: es un hueco en la tierra, del que asoman curiosos ojitos negros si es que están adentro. Una semana después, llegan las hembras.Es entonces cuando se produce el reconocimiento de las parejas por medio del pico; las mismas a través de los años, a no ser que alguno de sus miembros muera. Se picotean en forma intensa hasta saber quién es quién; en esta ocasión producen un ruido como de castañuelas.
Las hembras ponen uno o dos huevos y en 40 días nacen los primeros pichones, de 150 gramos, aproximadamente.
Los padres salen a buscar comida y cuando vuelven, alimentan a las crías por medio de la regurgitación. Debido a la pesca indiscriminada, les resulta cada vez más difícil conseguir su alimento.
Al limpiar las plumas y acomodarlas, los pingüinos aseguran su impermeabilidad. Para lograrla también se untan con el aceite que produce su cuerpo. Por la mañana o al crepúsculo, es hermoso verlos bañarse y acicalarse el plumaje.
El 80 por ciento de los animales vuelve todos los años. El resto desaparece en su emigración hacia el Norte, entre otras razones, por contaminación de petróleo o en las redes de pesca.
Entre los depredadores de esta especie se cuentan las skuas o gaviotas grises y los lobos de la isla Marta, ubicada frente a la isla Magdalena.
No hay nada más para ver que la naturaleza en su estado salvaje. Sólo la sabiduría y el esplendor de estos animales en su hábitat natural.
Al partir, Legües dice adiós sin tristeza desde el improvisado muelle. Su soledad nos pesa sólo a los viajeros; él, en cambio, parece feliz.

Datos útiles

El crucero Mare Australis que realiza el itinerario Ushuaia-Punta Arenas toca en su recorrido la isla Magdalena. También lo hacen otros barcos desde Punta Arenas.
Informes para el Mare Australis: 4325-8400, E-mail:paula@australis.com
Silvina Beccar Varela

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