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 • HISTORICO

Florianópolis desafía el otoño

A pesar de que esta estación no siempre permite chapuzones, la isla mantiene el alma brasileña, con su clásica caipirinha, caderas bamboleantes y tradiciones pesqueras




FLORIANOPOLIS, Brasil.- Luiz, piel mestiza y arrugada por las infinitas horas bajo el sol, pelo enrulado de furiosa tonalidad azabache y cuerpo endiabladamente ágil. Mezclado entre gaviotas que llegan en busca del desayuno, estira sus redes de nylon sobre las blancas arenas de Barra da Lagoa, mientras prepara la pequeña embarcación de madera que en unos minutos saldrá en busca de anaranjados langostinos.
Pescador por heredada naturaleza, dejará la costa con las primeras luces del alba y volverá a tierra a media mañana, cargado con sus frutos do mar que más tarde se expondrán irresistibles en el Mercado Municipal do Floripa.
Luiz vive en la vilha de Barra da Lagoa, un pequeño pueblo que se levanta entre la costa oceánica y Lagoa da Conceição, dibujado como un perfecto vecindario de pescadores con coloridas casas de fachadas coloniales y serena atmósfera bohemia. Todas las madrugadas recorre de memoria los paseos curvados que suben y bajan mezclándose entre los cerros, para siempre desembocar en el mar abierto que parece esperarlo y hasta darle la bienvenida.
La playa se extiende a lo largo de 10 kilómetros bañados por las aguas del Atlántico, mostrándose como un constante escenario de hombres de mar que se adentran enfrentando a las olas en busca del sustento diario.
Durante las épocas de temporada, una extraña atmósfera invade sus calles cuando comienzan a mezclarse entre los lugareños algunos jóvenes surfistas de pelo rubio y parafinado que se pasean despreocupadamente por la villa.
Del otro lado del pueblo, la Lagoa da Conceição altera con sus 15 kilómetros cuadrados el frondoso corazón de la isla. Su orilla es un continuo ir y venir de velas y redes atestadas de camarones que desfilan bordeando la avenida das Rendeiras y sus hileras de restaurantes marinos. Gracias a un escueto canal, Conceição se encuentra comunicada con el océano Atlántico manteniendo sus aguas semisaladas en constante movimiento.
Por la noche, la zona de la lagoa vibra con el inacabable movimiento de gente joven. En las alturas de los morros suelen ubicarse bares y disco que se disputan el público según la música y las vistas que ofrecen desde sus amplios ventanales. Sin duda, el más atractivo de estos lugares es el clásico pub Punto de Vista, que en cada claridad nocturna estalla entre vasos de caipirinha y música en vivo.

De Norte a Sur


Hacia el Norte, la isla de Florianópolis comenzará a vestirse con la lujosa infraestructura turística que le deparan Praia dos Ingleses, Praia Brava y la famosa Canasvieiras. Allí, todo un conglomerado urbano se va tejiendo a lo largo de la avenida Costanera, que en tiempos de veraneo se exhibe atestada de movimiento.
En la costa norteña, todo un escenario de aguas transparentes se contrasta con dunas de batidas arenas blancas e inmensas olas que devuelven a los surfistas hasta la orilla en un incansable juego de idas y venidas. En tanto, los sensuales acordes del samba que salen de los bares manipulan algunas cinturas en movimiento brindándoles a las playas un aura de joven informalidad.
Mucho jugo de frutas tropicales, muchas velas que deambulan entre la espuma y algunos saltos de esa extraña mezcla de lucha y baile que es el capoeira se adueñan de los atardeceres que se extienden hasta la entrada de la luna en el horizonte.
Por las noches, Canasvieiras se transforma en un centro de reunión obligado con calles iluminadas de disco e improvisadas reuniones que se realizan sobre las arenas de la playa, bajo un sereno cielo estrellado.
Paulatinamente, toda la sofisticada infraestructura hotelera y comercial del Norte va cediendo espacio para dejar lugar a las costumbres típicas y a la vegetación espesa. De esta manera, la zona sur de la isla comenzará a seducir con el encanto de lo agreste.
A sólo 31 kilómetros del centro, la pequeña villa de Pantano do Sul se abre paso entre dos morros abrigando a la más importante colonia de pescadores azorianos. Su playa, ubicada debajo del Morro do Peri, se nutre con el planear de las gaviotas que persiguen en bandadas las coloridas embarcaciones pesqueras y con algunos turistas que prefieren la tranquilidad marina antes que el bullicio urbano.
Muy cerca del Pantano, accesibles sólo a pie y por caminos montañosos, se esconden las playas de Solidao y Ponta dos Naufragados, cercadas de espesa vegetación tropical y envueltas de una quietud imperturbable. Perdido entre las palmeras, se asoma el Fuerte Nossa Senhora da Conceiç˜ao, construido hacia 1742, que entre vetustas paredes de barro y anécdotas de guerra relatadas por los lugareños de Barra do Sul se encarga de rememorar las épocas de la colonia portuguesa.
Hacia el norte de Pantano do Sul, la Lagoa do Peri interrumpe la accidentada topografía de palmeras y morros rocosos, y se despereza azulada representando la mayor reserva de agua dulce de la isla. Sentados en las dunas de la orilla, algunos pescadores descansan a la sombra confirmando que é muito boa para a pesca.

La agitada capital

Seguramente, nada identifica más a la metrópoli caterinense que el Ponte Hercilio Luz iluminado por las noches. Sus torres de más de 75 metros de altura, construidas en 1922 con el fin de comunicar la isla con el continente, se reflejan en el mar atestadas de lucecitas que dibujan su silueta.
Allí, los altos edificios, el andar apurado de los hombres de corbata y los carros a todo trapo atravesando la avenida Beira Mar ofrecen una seductora zona céntrica, que también sabe contrastarse con construcciones de colorida arquitectura colonial y recovecos evocadores de las épocas de hegemonía portuguesa.
La Rua Felipe Schmidt, que recuerda con su nombre a uno los primeros gobernadores del Estado de Santa Catarina, es la encargada de concentrar en sus escasos 600 metros peatonales la mayor cantidad de comercios de la isla.
Con la espalda apoyada en una pomposa boutique de marca europea, Evandro, un pequeño vendedor ambulante de 9 años y escaso metro de altura, ofrece al grito incansable de o mais sabrosas sobrecitos de castañas de Cajú por la módica suma de so un real.
Sabe que si de 100 turistas sólo compran su seductora mirada mestiza 3 o 4, la venta se multiplicará varias veces, ya que según él para os extranjeiros e un viçio. Evandro pasará gran parte de la tarde recorriendo en ida y vuelta los 400 metros que separan esta esquina (Felipe de Schmidt y Geronimo Cohelo) de la concurrida plaza 15 de Novembre.
Allí ofrecerá sus castañas a aquellos que descansan serenos bajo la sombra de la inmensa higuera, compartirá bromas con los vendedores de artesanías y yuyos milenarios, y al final de la jornada, si las ganancias fueron buenas, tal vez entre en la antigua iglesia de São Francisco de Asis para agradecer la pequeña fortuna del día. Como alguna vez le dijo Manoela, su madre, sempre ajuda...

Resabios del pasado

FLORIANOPOLIS, Brasil.- A sólo 200 metros de la plaza 15 de Novembre, el Mercado Público Municipal conserva en su fuerte aroma y en su interminable colorido el espíritu de las antiguas ferias. Levantado a mediados del siglo XIX, representa uno de los más importantes marcos arquitectónicos y culturales de Florianópolis.
Entre locales de venta de pescados y algún pequeño negocio de artesanía de mimbre, se encuentra el mítico box 32. La clásica explicación acerca de que los mercados municipales reúnen siempre gente de la más extraña alquimia fue la excusa para poner un bar. En cuanto el anochecer acecha y el centro de la ciudad se encamina hacia la soledad, el clásico box 32 (es verdaderamente el local Nº 32 del mercado) es una interminable mezcla de voces, de donde no paran de salir ni los pasteles de camarôes ni los chops helados.

Datos útiles

Canasvieiras, Jureré, Ingleses y el centro mismo de Florianópolis tienen excelentes hoteles que desde sus habitaciones regalan emotivas vistas hacia el mar abierto o bien hacia el puente iluminado. En tanto, en Barra da Lagõa, Conceiç˜ao o en las playas del Sur los hospedajes son más baratos dada la concurrencia juvenil.
Alrededor de la Lagõa da Conceiç˜ao varios restaurantes ofrecen exquisita comida marina. Los hay para todos los presupuestos.
Durante todo el día hay ómnibus que salen desde la capital hacia diferentes poblaciones y balnearios de la isla.

Cuánto cuesta

Los precios son en dólares
  • Pasaje aéreo: 290-350
Tasa de aeropuerto: 30
  • Alojamiento y comida
Hotel 4-5 estrellas: 80-150
Hotel 2-3 estrellas: 30- 70
Almuerzo para dos personas: 20-30
Teléfono del Ente de Turismo (Santur): (048) 224-8059

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