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 • HISTORICO

Formentera: para hippies con muchas millas

Lejos del glamour y la movida de su vecina Ibiza, la isla es para hacer vida de playa;los europeos la eligen por su tranquilidad




PALMA DE MALLORCA (The New York Times).- El ferry de la mañana desde Ibiza hasta la pequeña isla de Formentera es un espectáculo: jóvenes que salieron a bailar la noche anterior y llevan aún puestas la pulsera plástica, hippies muy viajados envueltos en chales y caftanes exóticos y, quizás, algún estilista o alguna modelo escondidos debajo del ala ancha de un sombrero, todos cautivados por un sol radiante que compite con el azul del mar y las extrañas formaciones rocosas. Al atracar, después de una breve travesía de 30 minutos, los pasajeros se estiran y bostezan como si se prepararan para irse a dormir.
Formentera es la isla habitada más pequeña de las Baleares, no tiene aeropuerto, y pocas calles están pavimentadas. Sin embargo, se puso de moda no tanto por lo que tiene, sino por lo que no tiene: atractivos. "Aquí no hay glamour ni tacos altos, únicamente sol y arena", comentó Consuelo Castiglioni, diseñadora de Marni, la marca italiana de indumentaria femenina, y propietaria de una casa de veraneo en la isla. "Es un lugar apartado donde podemos descansar", añadió.
Inevitablemente, la falta de atractivos en este lugar se transformó en un atractivo en sí. Pregúntele a alguien que haya pasado algunos días en la isla y se jactará de haberse devorado libros extensos y de irse a dormir antes de la medianoche como si acabara de escalar el Everest. Todo esto la hace más irresistible para aquellos que buscan escapar del candelero, como Kate Moss, Simon Le Bon -Duran Duran-, David Gilmore -Pink Floyd- y el diseñador Philippe Starck, que construyó una casa experimental. "Es un lugar para quitarse el estrés", dijo Patsy Dodd, que conoció a su marido, el artista Lance Tilbury, en una fiesta de luna llena allí en 1964. "El aire es tan relajante que todos vienen aquí."
Precisamente, lo que ha mantenido la exclusividad de esta isla de 18 kilómetros es en parte la suerte de contar con una topografía desfavorable. El terreno es rugoso, ventoso y hostil, con acantilados escarpados. El agua dulce es escasa, y la única parte apta para una pista de aterrizaje es una reserva natural del gobierno.
La isla estuvo deshabitada durante casi trescientos años (entre los siglos XVI y XVIII) hasta que un grupo de agricultores diligentes comenzó a cultivar la tierra reseca, plantando pinos, almendros, higueras y viñedos. En 1960 apareció en la isla una multitud de hippies procedente de Ibiza: Bob Dylan tuvo su casa en un antiguo molino, Pink Floyd estuvo aquí mientras producían la banda de sonido del film More .

Detrás de un árbol

Hay alrededor de 40 hoteles, pensiones y posadas, y algunos complejos grandes, elegantemente escondidos detrás de los árboles. Esta cronista se alojó en Las Banderas, que tiene seis cabañas en la ladera de una colina que da a la playa Mitjom, cerca de un restaurante al aire libre y zona de reunión llena de faroles marroquíes y camas de verdad.
El día comenzó tranquilo, alrededor de las 11 de la mañana, cuando un grupo de jóvenes con ojos somnolientos, que venía de Ibiza con lonas para la playa y guitarras, volvieron a la vida con yogur y café con leche.
Un nudista grandote tomaba sol y andaba de aquí para allá con un vaso de jugo de naranja exprimido. La playa, con su arena fina y blanca, se extendía kilómetros y kilómetros en ambas direcciones. Los adoradores del sol, sin traje de baño y sin interés de mezclarse con el resto de la gente, comenzaban a juntarse en la playa bien pasado el mediodía y chapoteaban en el agua tibia. No había música tecno que saliera a todo volumen de ningún bar escandaloso frente a la playa, ni tampoco nadie que hablara a los gritos por el teléfono celular haciendo planes para la noche.
A veinte minutos de allí, hacia el Este, caminando por la playa, frente a un restaurante con una gran terraza, había más indicios de vida social. Parecía que había unos cuántos italianos, que suelen aparecer a fines de julio y agosto, escapando de las multitudes y los altos precios de Cerdeña y la costa de Amalfi. Estaban reunidos en grupos dóciles, aplicándose pantallas solares, hojeando revistas y dormitando.
Decidida a encontrar la acción, la cronista, junto con su compañero de viaje, se subieron a su motoneta y se dirigieron a la playa Illete. El barman de Las Banderas la había descrito como lo más parecido a una playa mediterránea, una excursión en el día muy común desde Ibiza, donde príncipes árabes y playboys italianos anclan sus yates. "Es espantoso", dijo.
Cuando llegaron a la playa, una punta de tierra sostenida por dunas que se extiende hacia Ibiza, el panorama estaba atascado de embarcaciones y sombrillas de pared a pared. Un grupo de hombres fotografiaba a unas señoritas que parecían la representación europea de Girls Gone Wild (Chicas salvajes). En la costa había carteles de advertencia, el dibujo de embarcaciones de motor con una raya roja oblicua.
Una hora allí era todo lo que necesitaban para disipar su deseo de salir a bailar. Estaban listos para desintoxicarse.
Julia Chaplin
Traducción de Andrea Arko

La preferida por las celebridades

"No hay electricidad ni agua corriente -dijo Patsy Dodd-. Hay un único bar donde tienen solamente un disco, Highway 61 Revisited. Lo pasan una y otra vez."
Su hija Leah Tilbury es copropietaria de algo así como el único hotel boutique de las islas, que se llama Las Banderas.
Esta isla, como todos los habitantes saben, fue utilizada por las fuerzas de Francisco Franco como campo de prisioneros en la década del 30. Pero treinta años después arribaron aquí los hippies y le dieron un color diferente a esta pequeña extensión de tierra.
Dicho así, nada parece atractivo, pero por algo las fotos de los diarios más importantes de Europa hablan de esta isla, y las celebridades del Viejo Continente vienen a tomar sol y descansar en sus extensas playas.

Un día a pleno sol y de compras

Andando en moto, la primera escala fue del otro lado de la ensenada, a cinco minutos del lugar. Aquí hay otra playa, la Llevant, con menos gente y más linda. Almorzamos en un restaurante al aire libre, tranquilo, llamado Tanga, a la sombra de una palapa.
Al atardecer, cuando el sol estaba más bajo y menos intenso, la cronista recorrió Sant Ferran de Ses Roques, donde están las tiendas más bohemias y elegantes de la isla.
Forever tenía prendas hippies internacionales y accesorios como, por ejemplo, unas hermosas sandalias de cuero (a 25 euros) y bolsos de paja de Marruecos (por 30 euros).
Como no había otra cosa para hacer, comenzamos a explorar las largas calles de tierra que se abrían en abanico desde las arterias principales. Había algunas cabras, muros de piedra caliza y pastizales espinosos y altos, y un castillo extraño donde flameaba una bandera alemana, granjas pintadas a la cal con jardines de cactos y, a la distancia, un viejo chalet con postigos de madera entre hojas de pino y buganvillas.
Punta de Pedrera, la reserva natural con rocas dentadas flanqueando los acantilados, convirtió otra puesta de sol en una visión surrealista que se asemejaba a un paisaje lunar en la portada de un álbum musical de la década del 70.
Como es lógico, esta zona inspiró al director español Julio Medem para escribir el film El sexo y Lucía , donde el protagonista cae en una grieta y regresa a su pasado.
A medianoche, en el Blue Bar, bar y restaurante tranquilo en playa Mitjom, con el disc jockey instalado en la arena tocando reggae, y mesas de picnic y reposeras a orillas del mar, la clientela estaba compuesta en su mayoría por parejas elegantes de treinta y pico con hijos.
Terminamos el día con una excursión nocturna en motoneta al faro de la Mola. En los peñascos que lo rodean, algunos grupos reducidos fumaban hachís y contemplaban las estrellas.
La cronista, junto con su compañero encontraron su propia formación rocosa para resguardarse, y alzar la vista para observar el cielo estrellado.

Datos útiles

Cómo llegar

Para llegar a esta isla, la menor de las Baleares, hay que tomar un ferry desde Ibiza, por ejemplo -está a sólo tres kilómetros y medio- o desde algún punto del continente, aunque es mucho más lejos.
Se puede venir por el día.
Un dato para tener en cuenta es que Formentera no tiene aeropuerto.

Alojamiento

La isla tiene alrededor de 40 hoteles, pensiones y posadas. El promedio de alojamiento es desde 30 euros.

Lo que hay que saber

Formentera es una isla para ir a no hacer nada. Su centro es un conjunto de calles, donde se puede salir de shopping para adquirir prendas de estilo hippie, pero desde los 25 euros. Si ese es el plan, se recomienda un día de playa y el almuerzo en uno de los bares que dan al mar.

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