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 • HISTORICO

Gödöllö sedujo a Sissi

Como siempre, Hungría tiene algo nuevo para ver y es la casa de campo favorita de la emperatriz




GÖDÖLLÖ, Hungría.- Hoy tal vez se diría que Sissi (Isabel de Baviera, emperatriz de Austria) era anoréxica, especialmente considerando su época, donde el ideal femenino era mucho más empulpadito que el actual.
El palacio aquí proporciona una pauta física de ello. La emperatriz ordenó emplazar la cocina en un ala lateral, bien lejos de la parte central donde ella residía: a la comida no quería ni olerla. El indicio conservado en ladrillo refuerza el de su peso de 48 kilos en un cuerpo de 1,72 metro.
Los visitantes de lo que se llama oficialmente Museo de la Mansión Real de Gödöllö pueden enterarse de bastantes más detalles de la vida y gustos de la célebre Sissi. Cuando era aún la adolescente Isabel de Baviera, se le decía la princesa más bella de Europa y parece haber quedado obsesionada con su aspecto físico.
Aquí en Gödöllö se pueden ver dos esculturas, una que la retrata a ella y la otra a su marido, el emperador Francisco José: él parece el abuelo de ella. Es porque Sissi prohibió que se hiciera cualquier retrato de ella, ya sea en pintura o en fotografía, desde el momento en que cumplió los 40 años.
El escultor, por tanto, mientras representaba a Francisco José en edad más que madura, se contentó con reproducir una imagen de Sissi de decenios antes.
Gödöllö está a 30 kilómetros al noreste de Budapest y se llega aquí con facilidad en tren u ómnibus suburbanos. También se puede optar por participar en un así llamado tour real desde la capital húngara.
El tour da privilegios. Los otrora lujosos establos de la finca están aún en proceso de restauración y no se permite la entrada a los visitantes individuales; pero los guías de turismo pueden obtener permiso de ingreso para sus grupos.
Asimismo, a los contingentes se los recibe en el palacio con copitas de licor y, al término de la visita, se les sirve torta y café, todo incluido en el precio.
La construcción de la mansión comenzó en 1733, por encargo del conde húngaro, Antal Grassalkovich. Durante la guerra de sucesión de Austria, Grassalkovich ayudó a María Teresa de Habsburgo a obtener el apoyo de los nobles de Hungría y la emperatriz le quedó siempre agradecida. En 1751 lo visitó en Gödöllö, y se puede pasear por el aposento que se le preparó. Se lo sigue llamando el cuarto de María Teresa, aunque al siglo siguiente pasó a ser el dormitorio de la emperatriz Sissi.
Se cuenta que, sabiendo que a la emperatriz María Teresa le gustaba pasear en trineo, Grassalkovich, que la recibió en verano, hizo cubrir un camino con arena para que se diera el gusto. El mismo sendero es recorrido ahora (sobre asfalto) por aquellos visitantes que extienden su visita hasta un cercano monasterio capuchino con la cripta del conde y su familia, en un hermoso parque.
El trazado original de la casa tenía forma de U. El hijo del primer dueño, Antal Grassalkovich II, siguió construyendo y así también el hijo de él, llamado, con poca imaginación, Antal Grassalkovich III. A las patas de la U las extendieron con alas formando nuevos codos, de tal manera que la planta del edificio tiene ahora la forma de una U doble. Nunca hubo un Antal Grassalkovich IV. La familia se extinguió, el palacio terminó en manos del Estado, y éste se lo dio a Francisco José y su esposa Erzsébet (tal su nombre en húngaro), en 1867, como regalo para su coronación como reyes de Hungría.

Buenas y malas

Como Sissi se sentía a gusto en esta tierra, cuyo arduo idioma aprendió, la pareja real e imperial pasó muchas temporadas aquí. Un paseo actual incluye varias habitaciones que fueron sus salas de trabajo y de recepción.
Sissi fue, salvando todas las distancias, algo así como la princesa Diana de su época: le dio un toque de seducción a la familia imperial. Luego, el ritual de la corte rápidamente la cansó. Su vida familiar fue difícil (en su caso, amén del autoritarismo de él y de ciertos comportamientos neuróticos de ella, tal vez comprensibles, lo peor fue el suicidio del hijo de ambos, en el coto de caza de Mayerling). También ella terminó trágicamente (en su caso, asesinada por un anarquista). Francisco José visitó poco a Gödöllö después de eso.
En el siglo XX, la mansión fue saqueada por alemanes primero y rusos después. El resultado es que el mobiliario que se ve aquí, si bien de época, en su mayoría proviene de otras colecciones.
La atracción principal es el edificio mismo, con sus connotaciones históricas. Un recinto notable es el de la escuela de equitación (Sissi amaba andar a caballo), de 600 metros cuadrados.
Un detalle interesante de la gran sala de honor (165 metros cuadrados, lujosos candelabros) es el pequeño salón para los músicos, semiescondido cerca del techo. Como adicional gancho turístico, se ha añadido la posibilidad de hacerse fotografiar con ropajes antiguos. Los soviéticos usaron las alas y dependencias del edificio como cuartel. La parte central funcionaba como asilo de ancianos. La restauración comenzó tras la retirada de las tropas rusas de Hungría.
El Museo de la Mansión Real está abierto todos los días, menos los lunes, en un horario que varía según la época del año: en temporada alta, de abril a octubre inclusive, es de 10 a 18.
Para los exigentes en cuanto a cuestiones ortográficas, se aclara que la tercera de las tres diéresis de la palabra Gödöllö es en realidad un signo diacrítico distinto, característico del húngaro: una especie de diéresis espigada ladeada, o par de acentos paralelos, que no se puede reproducir con fuentes tipográficas españolas. Lo que hace es simplemente alargar el sonido de la letra. Esta queda flotando, como el recuerdo de la atribulada Sissi.
Por Nicolás Meyer
Secretos
GÖDÖLLÖ.- Partes adicionales de la casa de campo de los emperadores austríacos se agregarán en el futuro a la sección central ya restaurada y que se puede visitar. Pero por otra parte no se evidencia mayor interés en mostrar la trastienda de la vida de los dignatarios que la habitaron.
En diversos cuartos, por ejemplo, hay estufas altas sin abertura visible. Si algún visitante pregunta cómo funcionaban, se le informa que eran alimentadas, a través de la pared, por sirvientes en cuartos de servicio contiguos. Pero éstos no se encuentran entre los ambientes habilitados al público.
Para mucha gente, sin embargo, ver cómo operaba la compleja logística de una gran mansión del pasado puede resultar igual de interesante que la parte de los oros, espejos y estucos. Hay que contrastar el criterio de restauración de Gödöllö, por lo tanto, con el de otras residencias como, por citar una, la finca campestre de George Washington en Mount Vernon, Estado de Virginia, Estados Unidos, donde las habitaciones de los esclavos están tan a la vista como las del general.
Asimismo, el más somero análisis del discurso de los guías del palacio de Gödöllö revela un carácter aristocratizante cuando no netamente monarquizante, aunque lo nieguen si alguien lo pregunta a boca de jarro.
No es de esperar que los guías, que dedican sus comentarios a criticar los destrozos realizados por la soldadesca rusa, hablen de los salones fastuosos en términos tales como: "Observen cómo se rodeaban de lujo los grandes señores, mientras los proletarios y campesinos sufrían en el lodo y la miseria".

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