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 • HISTORICO

Ideas para inspirarte

Encendé tu imaginación para resolver esos conflictos cotidianos que te tienen a oscuras; consejos y tips para iluminarte





La inspiración siempre fue cosa de artistas. La cultura griega nos metió en la cabeza la idea de que venían las musas, con arpas y florcitas, para despertar las más extraordinarias creaciones, mientras que durante el romanticismo, la inspiración era atribuida a un "genio", una especie de dios externo.
Pero en la modernidad -psicoanálisis mediante-, la inspiración dejó de ser aquello que sólo les sucede a los pintores o poetas torturados. Hoy, con vidas llenas de desafíos, debemos inspirarnos todos: para trabajar, para enfrentar un conflicto o para resolver un problema que nos ocupa la cabeza.
La inspiración es esa "solución" que alguien nos sopla al oído, es el nacimiento de algo que antes no existía y que nos llena de aire nuevo el espíritu -no es casual que la etimología de la palabra sea "recibir el aliento"-.
Es ese mecanismo innovador que aparece sin que nadie lo llame y sin que podamos controlarlo siquiera. Aparece, está ahí, y es ese trampolín que nos invita a arrojarnos con audacia hacia lo desconocido. Estar inspiradas será, entonces, el camino hacia una vida más creativa, más sensible a los cambios y la espontaneidad.
Mientras que el pensamiento es más voluntario y controla nuestras acciones, la inspiración se ubica del otro lado de la balanza, en donde se cuela, evade nuestro control y nos dice: "Hola, ¿qué tal?, acá estoy". La inspiración es amiga del amor, del deseo, del juego, de la pasión y de todas esas sensaciones que escapan a cualquier tipo de programación.
Entonces... ¿qué hacemos? ¿Nos sentamos en un sillón a ver si se digna a aparecer? ¿Esperamos pasivamente, como quien espera que crezca una planta sin haberla cuidado ni regado ni una sola vez? La semilla está en vos, pero si no hacés nada, tampoco esperes milagros. Y no, aunque las llames a los gritos, las musas, solitas, no van a venir...
¿Cuándo inspirarse?
Este es un buen momento -si no el mejor- para hacerlo. La mayoría de nosotras se ha tomado vacaciones, y cuando eso sucede, se interrumpen los hábitos que mantienen nuestra vida organizada, y entonces, de repente, nos encontramos caminando descalzas en un terreno fangoso, moviéndonos un poco confundidas y sintiéndonos raras porque -por ejemplo- tenemos mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer.
No te confundas: esas interrupciones de rutina también logran que tus recursos no se vean capturados por las ataduras del "tengo que" y permiten que, desde esa libertad, puedas empezar a ocuparte de las cosas "importantes" siempre postergadas, en vez de ir corriendo detrás de las cosas urgentes. Vale la pena, entonces, hacerse algunas preguntas: ¿hay algo que te hace ruido en tu vida? ¿Tenés algún tema para resolver o algún aspecto para modificar? ¿De qué carecemos, qué estamos buscando, qué cosas de vos misma no te satisfacen y buscan un cambio?
Sí, muchas preguntas. Quizá no sepas todas las respuestas, pero cuando algún aspecto de tu vida huele a insatisfacción, inmediatamente sobrevienen todas las preguntas y el desafío que implica comprometerse y proyectar esas respuestas. ¿O te dan ganas de salir corriendo? Eso también puede suceder, pero la recomendación es que hagas un esfuerzo y te quedes en ese problema, sea lo que fuere. "Me aburro como un hongo con mi pareja", "estoy harta de trabajar haciendo siempre lo mismo", "siento que vivo para los demás" o "me siento demasiado sola".
Es muy incómodo al principio, pero, a veces, evitar lo que te pasa puede resultar mucho peor. Si negás el problema, te ahorrás esa impotencia que provoca el no poder afrontarlo, porque simplemente creemos que desaparece: "Chau, no existís, debo ser yo, que me doy manija sola". También podés hacerle frente al conflicto, pero con la actitud reactiva equivocada, deshaciéndote de esa impotencia de manera ilusoria, pero, en el fondo, nada cambia: "Me voy a separar" o "voy a renunciar a este trabajo" son ese tipo de ideas que te hacen sentir fuerte en el momento, pero que, a la hora de ejecutarlas, no sabés cómo ni por dónde empezar.
Entonces, dejá que esa pregunta o ese pedido de cambio permanezca en vos como un ítem a resolver, pero la clave está en no darse tanta manija y aprender a confiar en que la solución futura va a llegar. Vas a sentir alivio por un rato, sí, pero al final de cuentas, con el tiempo, te tranquilizás y seguís en la misma historia: ni te separaste ni renunciaste a ese trabajo que te hace infeliz.
Pero ¿qué pasa si sentís que estás metida hasta el cuello en un problema, querés resolverlo, pero no tenés la menor idea de por dónde arrancar? Acá es donde podemos atrevernos a sentirnos un poco artistas, un poco visionarias, quizás hasta un poco científicas o exploradoras, y desempolvar la herramienta de lo creativo: la inspiración. Inspirate para aguantar el presente incierto y no desesperes, porque eso no arregla nada.
La confianza en el futuro es fundamental: "Ya se me va a ocurrir cómo salgo de esta", repetite una y mil veces. Esa frase tan corta y sencilla te permite vivir el problema y aguantar el bajón de no tener soluciones a la vista. Y mientras tanto, te proporciona el tiempo para ir generando las condiciones necesarias para que la inspiración llegue, como un soplido vital de energía, y te ilumine con respuestas e ideas creativas.
¡Eureka, eureka!
Ya quedó claro que no se trata de magia. Ni tampoco de un grupito de musas que bajan y te envuelven trayéndote en bandeja eso que estabas esperando. ¿Esto qué significa? Que hay que hacer algo, que la clave está en poner en marcha una actitud proactiva y nutrirse con ciertas condiciones -que si bien son necesarias, pueden no ser suficientes-.
No se trata de una receta infalible, porque quizás hagas todo al pie de la letra y la inspiración tampoco llegue. No podemos controlar ni cuándo ni cómo va a aparecer, si es que aparece. Puede sorprenderte en los momentos menos indicados, o cuando estás ocupada haciendo otra cosa: quizás estés en tu clase de natación, o sumergida en la bañadera, cocinando, o se te aparece como una ráfaga mientras esperás a que corte el semáforo o el colectivo bajo la lluvia. O nunca, porque ni siquiera podemos asegurar que vaya a suceder. Ese es el riesgo que corremos.
Quizá no puedas salir corriendo al grito de "¡eureka, eureka!", y aunque no te surja esa solución al problema, al menos vas a desafiarte poniendo en práctica algunas actitudes que "abonan el terreno". ¿Qué nos va a brotar? Una nunca sabe. Quizás eso sea lo más interesante de todo el asunto, ¿no?
Ideas para nutrir tu inspiración
Exponete a la novedad. "Si buscás resultados distintos, no hagas siempre lo mismo", decía Albert Einstein. Y cuánta razón tenía. La sensación de experimentar lo nuevo es inigualable. Claro que es difícil salir del circuito de lo conocido: ir a una fiesta en la que no conocés absolutamente a nadie, enamorarte de un vestido y comprártelo (aunque siempre usaste jeans y zapatillas).
Eso que aparece inicialmente como un impulso o una "locura total" puede ser el principio de un germen nuevo de tu personalidad o algo que estabas necesitando sin saberlo. Así como pasa con estos detalles, también sucede lo mismo con las cosas que elegís hacer. Pensá en aquellas cosas a las que siempre les tuviste ganas -pueden ser materiales o no- pero que nunca intentaste hacer o tener, sea por el motivo que fuere.
¿Hiciste la lista mental? OK, ahora, elegí de la lista la que suene más descabellada y hacela, sin dar tantas vueltas. Las sensaciones y emociones que traen las cosas nuevas pueden venir acompañadas de una brisa de aire nuevo que te abra la cabeza y quizá contagie a otras esferas de tu vida.
Generá en tu agenda espacios vacíos y descanso programado. ¿Qué clase de fin de semana tenés si tu agenda es un continuo de actividades cronometradas? Nadie te dice que no disfrutes de los religiosos almuerzos familiares de cada domingo, pero, para que surja la inspiración, también es necesario desintoxicarse de la actividad y las rutinas. Ojo, que también divertirse o no hacer nada pueden ser un par de actividades para agendar, con la misma importancia que ir al dentista o llevar a arreglar la impresora.
Animate a algunas horas de soledad por semana. Se trata de una especie de autocita con vos misma, para aprender a escucharte y poder moverte sin tener que acompasarte al ritmo de los otros. ¿La idea de estar sola te aterra? ¿Te sentís rara? ¿Te aburrís? Es perfectamente normal. Pero aprender a estar sola también propicia estados en los que suelen surgir ideas creativas y altamente inspiradoras para resolver eso que nos viene quemando la cabeza.
Si mantenés este compromiso -sólo necesitas un mínimo de dos horas por semana-, lo que empezó siendo un ejercicio absurdo puede convertirse en una fuente inagotable de recursos para nutrirte. ¿Y qué hago? No pienses en el deber, en lo que "deberías hacer", conectate con cosas que te atraigan y llamen la atención.
Tampoco tiene que ser "la gran novedad": actividades que hacés todos los días –por ejemplo, cocinar– pueden ser oportunidades para bucear en vos, porque las actividades regulares y repetitivas son aquellas que nos dejan en libertad, sin tener que prestar tanta atención, y así nos permiten cruzar desde el cerebro de la acción -conocido como el "cerebro lógico"- hacia nuestro cerebro artístico, mucho más creativo. Así que no hay excusas para no explorarse. Total, estás sola; nadie puede juzgarte.
Tené confianza en el futuro y mantené tu autoestima alta. Es como todo: si esperás que a los dos días de haber empezado el gimnasio ya se te empiecen a marcar los abdominales y se te levante automáticamente la cola, vas muerta. Pero no porque eso no suceda vas a abandonar el gimnasio. Es decir, seguramente sobrevengan esos momentos de frustración y esa sensación (tan conocida) de fracaso y desaliento. "No se me ocurre nada, no me viene nada...".
Dejá que eso te acompañe, es parte del proceso. Los bajones son una de las consecuencias de la elección de enfrentar lo que te pasa y no evitarlo; entonces -a pesar del mareo y el escepticismo-, tené en cuenta que es tan sólo un momento. Y que -como la mayoría de las experiencias de la vida- no dura para siempre. La clave es dejar pasar el mal trago manteniendo la confianza en el futuro y cultivando una autoestima alta. Que el "yo no voy a poder" te entre por un oído y salga por el otro.
¡Transpirá! Implica trabajar con responsabilidad sin perder de vista el objetivo que queremos conseguir o el problema que queremos solucionar. Si querés que tu emprendimiento funcione mejor y no te surgen nuevas ideas para darle impulso, seguramente tampoco pase nada si no te dedicás y estás tirada en la cama lamentándote. OK, antes dijimos que para inspirarse necesitamos cierto "relajo", pero la idea es que tampoco ese relajo se transforme en evitación. La inspiración implica un espacio de tiempo activo, no pereza o desinterés. La creatividad sólo emerge si combinamos el amor por lo que hacemos con una dedicación enfocada.
Viajá. ¿A quién no le encanta viajar? No hace falta que te conviertas en la Julia Roberts de Comer, rezar, amar y viajes a la India y Bali para hallar la solución a tu vida (¡y a Javier Bardem!), pero todos sabemos que los viajes suelen ser altamente inspiradores.
El cambio de escenario -por más mínimo que sea- te abre a nuevas experiencias y te permite una visión enriquecedora de tu propia vida. Te llenás de imágenes, olores, sabores y sonidos que pueden sacudirte y despertarte de cierto letargo. ¿Hace mucho que no viajás? No hace falta irse tan lejos, así que empezá a planear, aunque sea, una escapada de fin de semana cuando sientas que necesitás cambiar de aire. Es imposible que un viaje pase desapercibido para tu yo creativo?
¿Qué recursos usás para inspirarte? ¿Qué te ayuda? ¡Contanos!
Por María Eugenia Castagnino

Fotos de Inés Tanoira

Producción de María Salinas

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