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 • HISTORICO

La Patagonia se multiplica por tres

Aunque se la conoce como un solo destino, esta región del país tiene tantas caras como el viajero quiera encontrar




A la Patagonia la descubrí preparando el primer número de Lugares y me enamoré sin remedio. Tanto, que durante los últimos 11 años tuve asistencia perfecta. Empecé por El Calafate y, de a poco, la fui recorriendo en viajes cada vez más largos y con amigos que se iban agregando.
El súmmun fue un mes desde Villa La Angostura hasta Ushuaia, cruzando a Chile en el medio, con 15 amigos, en camionetas y combinando carpa con estancias y hoteles.
Hasta ahora, yo dividía la Patagonia en dos zonas totalmente diferentes: la Patagonia norte y la Patagonia sur.
La primera es la más famosa, la de los grandes lagos, los hoteles de lujo y las hosterías Relais & Châteaux . La del jet set que desembarcó, o más bien aterrizó, en jet privado de la mano de Jane Fonda, Ted Turner, Narváez, Antelo, Amalita y una serie de magnates y empresarios.
La otra, mucho menos fashion, es la Patagonia de los grandes glaciares, de la estepa, de las estancias más rústicas. Casi salvaje. Y mi preferida.
Esas grandes extensiones de naturaleza pura y de horizontes infinitos me subyugaron sin remedio, como lo han venido haciendo desde principios del siglo pasado con todo tipo de aventureros.

Casi virgen

Este verano supe de una tercera Patagonia: el tramo que va desde el sur de Malargüe, en Mendoza, hasta Junín de los Andes, en Río Negro.
Alejada de los circuitos convencionales del turismo local como extranjero, carece de infraestructura, se mantiene casi virgen y sólo unos pocos privilegiados disfrutan de sus bosques y lagos. A propósito, si está pensando en un viaje patagónico, tenga en cuenta estos datos: marzo es casi la mejor época: sin viento (el enemigo público número uno, sobre todo en la Patagonia sur) y con mucho menos gente que enero y febrero. Abril también es bueno: se combinan los rojos otoñales con una considerable baja de precios.
Es clave adecuar el recorrido al tiempo disponible: si tiene pocos días, haga base en un solo lugar.
En la Patagonia, las distancias son mucho más largas de lo que parecen: 200 kilómetros de ripio no se recorren en simples dos horas. Este dato es vital: en mis viajes me topé con más de un grupo que, tras planificar su viaje sobre la base de los kilómetros del mapa, venía cumpliendo etapas con la lengua afuera.
Evite los recorridos interminables: la sucesión de paisajes agota. Hacer y deshacer valijas es un castigo y después del quinto lago todos parecen iguales. Es mucho mejor ir parando varios días en cada lugar y poder recorrerlo bien: a pie, a caballo o en bici. Y ni le cuento si viaja con chicos.
Hablando de chicos, veamos: si tiene bebes, conviene esperar. Son destinos ideales para mayores de 10 años.
No comparar los precios de la Patagonia con los de Miami o el Caribe porque no tienen nada que ver y seria larguísimo explicar por qué.
La Patagonia es cara tanto a dedo como cinco estrellas, pero es única. Y si no lo cree, pregunte a los miles de extranjeros que pagan fortunas por gozar lo que a nosotros nos sale, obviamente, mucho menos.
¿Adónde voy? Difícil pregunta que, sin embargo, me formula mucha gente. Todo depende del tiempo, los gustos y la plata que se piensa gastar.
Para un primer viaje es aconsejable ir a lo seguro y no aventurarse en un recorrido largo por la Patagonia sur.
San Martín de los Andes, Villa La Angostura y El Calafate son ideales para tomarle el gusto a esta región mágica.

Buena organización

Estos tres destinos están muy bien organizados y ofrecen todo tipo de alternativas en materia de hoteles y programas.
Si le prendió el bichito, al año siguiente le puede sumar Esquel o el Chaltén o la Patagonia chilena, que tiene lo suyo y es muy combinable con la nuestra. Y si pasó la prueba de las distancias interminables de la estepa y se enamoró de sus horizontes infinitos, pruebe con la costa sur y el centro de la provincia de Santa Cruz.
Las estancias son el corazón de la Patagonia sur y realmente no es concebible un viaje largo sin parar al menos en una de ellas. Hay de todo tipo y de todo precio: mis preferidas no son siempre las más caras, aunque reconozco que parar en Alta Vista es un placer.
El auto es casi imprescindible y lo ideal es llegar en avión y alquilarlo en el lugar. Otra variante es el ómnibus, combinado con bici, caminatas y tours organizados. Una posibilidad original, económica y poco utilizada consiste en hacer el recorrido en auto, volver en avión y mandar el coche en camión.
Luisa Zuberbuhler
(Directora Revista Lugares)

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