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 • HISTORICO

Lidia, mi abuela




No sé si es necesario ser un apasionado en la vida. Tomarse las cosas con tanta intensidad. Lo que definitivamente sí está bueno es conectar con el propio deseo. Y darle cabida.
Y no lo dice alguien a quien le sobre dinero, ni le falte responsabilidad. Aún en épocas en las que económicamente tenía menos, la llave de salida siempre era la misma: ¿qué quiero?, ¿qué quiero?
Creo que tirando de ese hilito, se empiezan a resolver problemas mucho más concretos que los que uno imagina.
No digo que sea fácil. Pero en principio está bueno desterrar preconceptos. El hacer según las propias tripas no es un privilegio de niños ricos. Nada más lejos. El hacer y decidir y funcionar según el deseo más personal es una posibilidad a la mano de cualquiera... que se anime a soñar. *
Claro que hay muchos fantasmas aturdiéndonos el alma. Heridas que (nos) complican pensar de este modo tan simple, "ingenuo", natural. Pero hay que seguir adelante, sin bajar los brazos, trabajando hacia fuera y hacia dentro, con igual paciencia.
Y me estaba olvidando nuevamente de hablar de ella. De mi abuela. De la mamá de mi mamá. De esa mujer maravillosa, increíble, fuerte, tenaz, elegante, llena de vida que alguna vez me revoleó una valija. Y una salchicha (Nico, te acordás?) La única que vez que la ví descontrolar. Amo a mi abuela con toda mi alma y siempre la voy a llevar en mi corazón, aún cuando me vaya. Gracias, Lidia, por todo el amor y la paciencia que nos tuviste de chiquitos, a mí y a Nico. Fuiste una abuela ejemplar. Lo seguís siendo, siempre lo serás.
Y hoy dediquémosle el día a ellas. A las abuelas. ¡¿Qué me cuentan?!
* a soñar, a creer, a pensar distinto, a vencer la inercia tanto del cuore como de la cabeza.

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