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 • HISTORICO

Lima: la Ciudad de los Reyes

Con rincones únicos, la capital peruana invita a un recorrido prehispánico y colonial; el arte, los surfistas, el cebiche y el pisco se mezclan con los grandes mercados y el tradicional casco histórico




LIMA.- Una neblina pegajosa y cruel se queda en el cuerpo sin remedio. Es temprano en esta ciudad de olores difíciles y el sol se empaca detrás de ese cielo que parece a punto de caerse de tan gris, de tan húmedo. Una ciudad plomiza, pero que vale la pena sentir.
No hay sol hoy. Y no habrá sol en los días siguientes de este invierno peruano de frío pobre y perezoso.
Una fina llovizna acompañará a LA NACION por estas estrechas calles limeñas, donde en 1535 Francisco Pizarro fundó la Ciudad de los Reyes, esa que da al Pacífico, la que espera al turista con colores, olores y sabores tan extraños como sus habitantes, la mayoría venidos del interior donde los ojos son rasgados; las caras, curtidas como cuero; las bocas, mudas de tanto silencio atávico.
La tarde ya despunta en la precordillera y en la Plaza Mayor. Unos niños corren a los periodistas. Preguntan por el origen. "Ah, Argentina, en ese país gobierna un señor al que le dicen pingüino", dice una de las nenas, bien politizada, aunque levante poco más de un metro desde el piso. Es muy bella la niña. Viene de las montañas.

El centro histórico

Damero le llaman al centro. Damero de Pizarro. Porque las calles, que aún conservan su aire colonial totalmente reciclado en el siglo pasado (en los años 80 y 90), están trazadas como en un tablero de ajedrez. Y no, no sabemos si el tal Pizarro era amante de ese juego...
Entonces, como decíamos, aquí estamos, en el corazón de Lima, en la Plaza Mayor, rodeada de monumentos, algunos renacentistas, otros barroco-español-aborigen y los demás de claro estilo monumental europeo.
Y el damero tiene bellezas. Con la espalda dando al mar, el visitante puede disfrutar de la catedral de Lima, el Palacio de Gobierno, iglesia y convento de San Francisco, la iglesia y convento de la Merced y la iglesia y monasterio de Santa Rosa de Lima, entre otros edificios.
Cada uno de esos templos tiene su pequeño tesoro, desde el cráneo de Santa Rosa de Lima -bastante impresionante, por cierto, la santita- hasta la Sillería del Coro de la Catedral, que no es donde conversó Mario Vargas Llosa ni le preguntaron cuándo el Perú se había jodido . Acá está, dicen, Dios; la otra, la del libro ( Conversación en la Catedral ), es un bar, al menos en la ficción.
Como casi todas las capitales de América latina, Lima también tiene presente ese pasado de horrorosa esclavitud a manos de los colonizadores. Así, las enormes catedrales y monumentos, que vale la pena visitar, guardan en sus fachadas e interiores el trabajo de miles de aborígenes convertidos de facto al cristianismo, que dejaron sus vidas en los diferentes atrios.
El español, hombre cruel cuando conquistaba, dejó, sin embargo, su sello en el arte que, junto a la inventiva nativa, dio un movimiento cultural sincrético y con brillantes colores, donde el oro sobresale en prácticamente todos los baldaquinos de iglesias, conventos y frentes de casas particulares.
Es recomendable mirar detenidamente los detalles de estas obras de arte, muchas de ellas en madera tallada, con dibujos intrincados y tallas espectaculares.
Saliendo del casco histórico y casi al borde del enloquecedor camino que lleva a los barrios ricos de la ciudad, se puede ver los arrabales de Lima, donde impera el hotel Sheraton, el único cinco estrellas de la zona.
Zona brava, claro, donde no es recomendable salir de noche, ni cambiar dinero con los arbolitos parados por doquier, ni tomar taxis que no sean amarillos, pero sí degustar en algún bodegón la comida típica de la ciudad, picante, vea, tan picante que ya no es necesario un cirujano plástico para engrosar los labios: estallan.
No deje de pasar por el Barrio Chino (calle Paruro, cerca del Jardín Botánico y del Mercado Central), uno de los más grandes de América del Sur dada la masiva llegada de familias de esa nacionalidad que arribaron como mano de obra esclava a Perú en el siglo XIX.
Allí se puede encontrar de todo, en especial exquisiteces de la ahora denominada comida fusión -furor en Perú- en cualquiera de los restaurantes llamados Chifa. Hay hierbas aromáticas, medicinales y la amabilidad de los orientales.
Entonces, y luego de un arduo recorrido donde el Pacífico enmarca la travesía, el viajero arriba a los barrios ricos de la ciudad. Y aquí, un alto: no se puede dejar de ver la maravilla que hacen los surfistas peruanos, aprovechando las olas ideales para ese deporte que les regala el Pacífico. No por nada tienen un campeón mundial de ese deporte.
Y volviendo a los barrios, todo comenzó con Barranco, un antiguo balneario donde iba a vacacionar la aristocracia limeña a principios del siglo pasado. Tiene casonas bellísimas, lindos bares, y toda la cultura under y bohemia ahora se desarrolla en sus calles.
¿Jazz, música andina, comida fusión? En Barranco, señores. ¿Romanticismo? También allí, bajo el Puente de los Suspiros, que data de 1876 y que es frecuentado por los enamorados. No tiene nada que ver con su homónimo veneciano, pero vale la pena.
San Isidro, otro de los barrios recomendados, tiene la particularidad de tener enormes espacios verdes y olivares centenarios, que no se ven en otros sitios de esta ciudad, de 2817 km2.
Además de residencias paquetísimas, tiene ahora varios hoteles internacionales, centros de convención y un downtown para comprar las mejores marcas internacionales.

Los mercados

Y entonces se llega a Miraflores, hermoso barrio arbolado, con espacios verdes, teatros, tiendas, shoppings y el elegantísimo hotel JW Marriott, con la totalidad de las habitaciones que miran al brillante Pacífico.
Miraflores tiene, además, dos atracciones que lo hacen único: el Mercado de Surquillos y el Mercado Indio.
El primero es una inagotable fuente de experiencias sensitivas y humanas. Para empezar, todos los frutos imaginables -con colores increíbles- se pueden ver allí: Perú tiene todos los climas, todas las alturas y todos los regímenes pluviales posibles. Así como en Lima nunca llueve -de hecho, los techos de las casas no tienen caída- hay zonas cordilleranas y de la selva donde todo es diferente.
De ahí que haya casi 4000 variedades de papas, unos alcauciles rarísimos con hojas puntiagudas y corazón blanco; frutas tropicales; miles de ajíes y maíz de varios colores, hasta el casi negro. También, claro, hay especias, plantas medicinales que los incas utilizaron desde tiempos inmemoriales, verduras autóctonas, cebollas raras y carnes de todos los animales que caminan.
Los más ricos mariscos también se encuentran en este mercado y, claro, todo lo necesario para hacer el famoso cebiche, comida nacional que fusiona ingredientes de la montaña, la selva y el mar.
Los amantes de la medicina alternativa encontrarán en este mercado lo mejor del ranking para mejorar el bienestar del cuerpo y del alma -las vendedoras son adorables y explican todo- y hasta se puede comprar jabón de ruda, con unas instrucciones de uso muy bizarrras que admiten un marco y un lugar en alguna pared de la casa.
En tanto, en el Mercado Indio, es posible encontrar un enorme surtido de artesanías y de indumentaria autóctona, tan de moda en este lugar del globo (la Argentina, claro). La ropa hecha con hilo peruano, camisas, pantalones, ponchos y hasta pescadores, son muy baratos (desde 20 soles, casi 20 pesos) y muy vistosos.
Ya ve. No hay excusas para no venir a Lima.

Vista al mar, buena mesa y celebridades

Lima tiene hoteles de una a cinco estrellas y con los precios más variados del mercado. La mayoría de los más económicos se encuentran en pleno centro y cuestan desde 50 nuevos soles (el cambio con el peso argentino es casi uno a uno) y no siempre son los más recomendables.
Todo lo contrario de lo que sucede con el Marriott de Miraflores, una auténtica maravilla arquitectónica, cuyas habitaciones dan sobre el océano Pacífico.
El hotel tiene una habitación presidencial, cuyo piano de cola es tan bello como la cama con baldaquino y el amplio escritorio biblioteca. Allí estuvieron alojándose el presidente norteamericano George W. Bush y la actriz Jennifer Lopez. Otro de los atractivos es su restaurante, donde los chefs se afanan por hacer probar al turista los mejores platos del Altiplano.
Las tarifas van de los US$ 225 a los US$ 285 y los precios pueden consultarse en Argentina al 0800-345-6277.

Cebiche y pisco sour, dos imprescindibles

Hay que aclararlo: el cebiche no es para todo el mundo. Se trata de un plato hecho a base de pescado crudo macerado apenitas con limón. Dicen que el origen de este plato nacional viene, como todas las comidas más preciadas, de la pobreza. La leyenda explica que los hombres que salían al mar, para no morir de hambre, comían el cebo, la carnada. Y por ahí le agregaban sal del mar y unos limones. Quién sabe...
La receta clásica dice que el cebiche lleva pescado fresco crudo macerado, ajíes -cuidado que pican-, cebolla, sal, se sirve sobre hojas de lechuga y se acompaña con camote dulce y maíz de granos grandes (que no es cualquier choclo).
Ahora el cebiche, que es una comida básicamente popular, pasó a ser algo especial gracias a los esfuerzos de la nueva generación de chefs. Y se prepara ese plato no sólo con pescado, sino con pollo, cerdo y pato, entre otras cosas. ¿Más datos? Sólo en Lima hay más de 1500 cebicherías.
Eso sí, si va a emprenderla contra un cebiche, brinde antes y a su salud con un especial pisco sour, bebida espectacular, espiritual, que cura todos los males y pone el corazón a punto de caramelo.
Hay una vieja lucha -otra, en rigor- entre peruanos y chilenos por la autoría de esta bebida virtuosa. Los peruanos juran, aseguran, declaman y gritan que el primer pisco se elaboró en esas tierras antes del esplendor de los virreyes y que los chilenos sólo lo copiaron, "como en tantas cosas, pues".
Ese pisco también le servirá para acompañar los platos típicamente criollos, como la pachamanca (cereales, carnes y tubérculos cocidos bajo tierra entre piedras calientes por más de tres horas); la causa rellena (a la que le ponen de todo, desde carne de cerdo hasta pulpo); arroz con pato, ají de gallina, chupe de camarones y palta de las mil maneras.
Eso sí, cuidado con el cilantro (culantro, como lo llaman acá), puede ser un elixir o una pesadilla.

Datos útiles

Cómo llegar

Se puede hacer el viaje Buenos Aires-Lima, non stop, con LAN Perú, que cuenta con dos frecuencias diarias.
La tarifa de ida y vuelta, con tasas incluidas, va desde los US$ 510.
Ventas y consultas: 0810-999-9Lan (526); www.lan.com

Qué hacer

Uno de los atractivos de Lima es el Museo del Oro, con piezas incaicas importantes y de impresionante factura. También está el Museo de la Nación, en el distrito de San Borja (Avda. Javier Prado este 2465; 476-9878), donde se expone una colección de piezas originales prehispánicas, entre las que se destaca una réplica de la tumba y los ornamentos del Señor de Sipán.

Para recomendar

Uno de los paseos más cercanos a la ciudad de Lima es San Vicente de Azpitia, a 90 kilómetros de la capital.
En Perú se lo conoce como Balcón del Cielo, por la espectacular vista del valle del río Mala.
Es el destino ideal para los cultores del trekking y la bicicleta de montaña.

En Internet

Para saber más, la Web es una aliada: www.peru.info es la página oficial del país. Otra es www.regionlima.gob.pe .

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