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 • HISTORICO

Llegar al Cañón del Colorado contra viento, marea y horarios

Estuve en... Arizona Por Gabriela Inés Pirk




Un viaje de estudios me llevó a Arizona en agosto último. No tenía mucho tiempo ni dinero para hacer turismo, pero había visto increíbles imágenes del Gran Cañón del Colorado en el Heard Museum de la ciudad de Phoenix y supe sencillamente que no podía irme de Arizona sin visitarlo.
Entonces partí en micro hacia la ciudad de Flagstaff un sábado por la mañana. La escasa oferta de horarios de colectivos interurbanos me obligaba a regresar el lunes al mediodía, con lo que me restaba sólo un día para visitar el Cañón.

Visitar la maravilla

Apenas llegué a mi hostel en Flagstaff, reservé rápidamente un lugar para la excursión del día siguiente al Gran Cañón, como para no quedarme sin verlo. Luego, más tranquila, fui con gente del hostel a ver a una banda local.
Todo parecía andar bien hasta que, bailando al ritmo de los Skangsters, mi compañera de cuarto mencionó que la excursión a la maravilla natural era el lunes y no el domingo.

Indescriptible

A esa hora ya no podía hacer demasiado. Por suerte James, un inglés del hostel, me propuso que alquiláramos un auto juntos. Al día siguiente, entonces, nos levantamos bien temprano, pero descubrimos que no había un solo auto disponible en toda la ciudad.
Afortunadamente, a las 14 conseguimos uno y, a pesar de que ya era tarde para salir de excursión hasta el Gran Cañón, decidimos partir de todos modos.
Recorrimos una parte del borde sur del Cañón, nos detuvimos en los miradores y en otros sitios cuya vista era espectacular y única.
Allí, a través del bosque se llega al precipicio desde donde se abre el imponente Cañón tallado por el río Colorado durante varios millones de años. Su inmensidad y variedad de formas y colores son indescriptibles.
Es asombroso observar cómo cambia el paisaje con la inclinación del sol, que modifica el patrón de luces y sombras. Además, desde diferentes miradores, el ángulo de observación cambia y, junto con él, las profundidades y la posición relativa de cada estructura en el paisaje.

Intensa paz

Pasamos la tarde en este vasto escenario ilusionista hasta el atardecer, momento en que los colores y la paz del lugar se tornaron aún más intensos.
Mis horas allí, aunque breves, fueron inolvidables, no sólo por la belleza del paisaje, sino también por la inexplicable sensación que éste produce.
¿Descubrimientos para compartir? ¿Un viaje memorable? Esperamos su foto (en 300 dpi) y relato (alrededor de 2000 caracteres con espacios).
Envíe sus relatos, fotos, consultas, sugerencias y compañeros de ruta a la Redacción de Turismo del diario LA NACION, por carta a Bouchard 557, 5º piso (1106), Capital Federal, o vía e-mail a: turismo@lanacion.com.ar

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