Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

Los Angeles hace que todos vean las estrellas




Los artistas de cine, aunque nos cueste creerlo, son gente como uno. Por eso la mayoría trata de vivir cerca de su trabajo. Y la meca está en Los Angeles, salvo para Woody Allen al que no le gusta el sol y se queda en Nueva York.
Igual que nosotros, suelen enamorarse, casarse y divorciarse entre ellos porque son compañeros de trabajo, vecinos o socios del mismo club. En esta fábrica de sueños, más que en cualquier otra parte, hay que hacerse ver, convertirse en necesario, protagonizar rumores, salir en las fotos o escaparles a los paparazzi, que es otra manera de ganar imagen igual que las biografías no autorizadas.
Los artistas son la atracción turística de Los Angeles. Y aunque en teoría se concentran en determinadas zonas (Beverly Hills, West Hollywood y las colinas), lo cierto es que están por todas partes. Si bien uno puede pasar sin verlos porque no es fácil reconocerlos. El punto de referencia son sus casas. Por eso hay una multitud de camionetas y ómnibus de excursión que ofrece tours, y abundan los vendedores de mapas para hacer el recorrido por nuestra cuenta.
Todos los guías comienzan con un buen consejo. Recuerde que son casas privadas: usted puede pasar frente a ellas, admirarlas, pero desde la calle y sin molestar a sus ocupantes. No es una tarea para cazadores de autógrafos y puede tener un disgusto si no lo respeta, porque el pensar que su intromisión es un gesto inamistoso justifica una acción violenta. En especial en Mulholland Drive.
Es un camino serpenteante entre las colinas sobre Beverly Hills, con curvas peligrosas y las mejores vistas desde arriba. Tiene una aureola dramática desde el comienzo porque lleva el nombre del ingeniero que levantaba el primer acueducto cuando se cayó un puente que provocó muchas víctimas. Allí, en el número 6342, se creía seguro el gángster Bugsy Siegel, el creador de Las Vegas, cuando fue asesinado en 1947. Esa misma propiedad fue luego comprada por Madonna antes de mudarse a Miami, y ahora vaya a saber dónde porque duerme por medio mundo. En el 13671 vive Warren Beatty, que lo interpretó en la película que lleva su nombre con su esposa Annete Bening.
La fama dramática de esta calle dio título a otras obras: Mulholland Falls, de 1996, con Nick Nolte y Melanie Griffith, y a la recién estrenada Mulholland Drive, escrita y dirigida por David Lynch describiendo un universo esquizofrénico, un laberinto sensual que mezcla inocencia con corrupción, amor y soledad, belleza y depravación, sueños y pesadillas.
En ese barrio se recluyó durante años Marlon Brando, en un complejo de doce habitaciones llamado Frangipani, que había sido ocupado antes por Howard Hughes, otro maniático de la privacidad. Frente al número 12900 no había casilla para el correo, como en toda la vecindad, sino verjas y árboles que lo protegían de los curiosos. Una actitud parecida tiene Jack Nicholson en el 12850, lugar donde protagonizó un escándalo sexual Roman Polanski, por el que tuvo que irse a Europa. Demi Moore y Bruce Willis compartían el 13511, y un poco más allá, en el 15147, está Faye Dunaway.
Uno puede pasear por allí sin ver otra cosa que hermosos paisajes o tirarse un lance en el Laurel Canyon, un parque al que llevan los perros de los famosos. Los cuidadores cobran 20 dólares por cada uno para sacarlos del encierro, dar rienda suelta a su energía y facilitar su socialización haciéndose amigos de otros animales de buena familia. La sortija de premio es que a veces las celebridades pasen a jugar con las mascotas y uno las reconozca detrás de sus anteojos oscuros.
Por Horacio de Dios
Para LA NACION
horaciodedios@fibertel.com.ar

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

LinkedIn: 8 consejos para tener tu perfil actualizado para conseguir trabajo más rápido

LinkedIn: 8 consejos para tener tu perfil actualizado para conseguir trabajo más rápido


por Redacción OHLALÁ!
tapa de revista OHLALA! de mayo con Zoe Gotusso

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.