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 • HISTORICO

Los pequeños detalles son la mejor excusa

Acariciar caracoles, pisar troncos, chapotear o mirar las estrellas, simples actividades que los niños contagian y convierten en experiencias inolvidables




Los chicos a veces funcionan como pretexto para que los grandes no encaren proyectos alternativos para sus vacaciones. Hay familias que cada verano asumen la idea de postergar opciones más interesantes por los pibes, que todavía son chicos, ¿viste? No es cosa nueva que los purretes de todas las edades se sienten más atraídos por la naturaleza y la vida salvaje. Lo atestiguan los miles de zoológicos y parques naturales del mundo; lugares distintos para un niño de la ciudad.
Ni qué hablar de un chico en un campamento o que es tentado a caminar por un bosque. Son curiosos, observadores, revuelven hojas, juntan piedras, acarician caracoles, tocan troncos, chapotean en el agua hasta mojarse el calzado, comen las semillas, se llenan de abrojos hasta las rodillas y su vida se torna emocionante.
Los chicos son fanáticos de la sencillez y de los pequeños detalles de la naturaleza. No falta alguno que coleccione insectos y los lleve colgados del cuello en un tubo transparente como su joya más preciada. Tampoco aquel que describe en una libreta con espiral las huellas de algún animal, para él desconocido, hasta descubrir al que corresponden.
¿Cuántas veces ellos se han presentado en medio de un almuerzo campestre con lombrices, bichos canasto, coloridos y diminutos sapos, ciempiés y otros tantos insectos que instantáneamente a muchos les quitan las ganas de comer?
Una salida a la naturaleza o de aventura es para los chicos un mundo de infinitos atractivos. Los insectos, el agua que corre por un arroyo y arrastra ramitas, plumas multicolores, el olor de las plantas en las mañanas...
Hacia arriba y en la noche, las estrellas son otra cosa que los atrae. Ya sería un festín si la claridad permitiera observar un satélite o un astro fugaz que se pierde en el horizonte.
"Una salida de campo agudiza la creatividad de los chicos. Los obliga a resolver situaciones con pocos elementos", dice Edmundo, un profesor que organiza salidas en carpa.

Los beneficios del entusiasmo

Lo primero es lo primero, y el incentivo de los padres es lo más importante para que un chico saque provecho de la experiencia de un viaje por la naturaleza.
Ir preparando a los viajeros de pie angosto es una buena idea. Conseguir fotos del lugar por donde se piensa viajar u obtener leyendas y cuentos que incrementen el magnetismo de la vida en el bosque o la sierra también es útil.
"Los chicos son muy crueles -dice Ricardo, otro coordinador-. Podés mostrarles un paisaje espectacular, y ellos como si nada. Lo mejor es contarles historias; es lo que más los engancha."
Anécdotas sobran acerca de lo que es capaz la imaginación de un chico. De regreso, las pequeñas cosas y las grandes sorpresas. Tanto que una niña de 7 años fue capaz de comparar la laguna de Monte con la playa de Cancún mientras nadaba entre tupidos juncales.
También es divertido hacerlos partícipes de la planificación del viaje. Y, por supuesto, no dejarlos fuera de las actividades al aire libre. Que lleven su propia mochila, que junten leña para cocinar, que busquen agua, que colaboren en el armado de la carpa.
A la hora de caminar con chicos es apropiado no pretender ir ni muy lejos ni muy cerca y pensar en más paradas que las habituales. Los que los conduzcan tienen que mantenerse frescos, porque nunca se sabe si van a terminar cargando alguno en brazos. Para los pequeños es alentador que otras personas que miran el mundo desde su misma altura participen de la caminata, aunque más no sea para comentar de hormigas, tábanos o abrojos.
Los chicos pueden llegar a disfrutar de un programa de aventura o de una salida a la naturaleza tanto o más que los grandes.
Puede ser que el principal recuerdo de ellos no sea el gran lago, sino la chispa que lanzaba la madera de lenga del fogón durante la primera noche. Es probable que la vista espectacular desde la cima del cerro ni siquiera logre distraer el sonido del picoteo del carpintero que está grabado en la mente de los chicos.
¿Qué trascendencia tiene el comportamiento cíclico del glaciar si un pedacito de hielo flotó hasta las manos de un niño en la orilla del lago? Compartir la aventura en familia es un desafío para todos sus integrantes. En un lugar donde sólo hay naturaleza, las relaciones humanas lo son todo.
Que nadie piense en no viajar a la naturaleza por los chicos . Disfrutan y se adaptan mejor que cualquier adulto que nunca tuvo la oportunidad de sostener un ciempiés en la palma de su mano.
Verónica García Lucchetti
Andrés Pérez Moreno

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