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 • HISTORICO

"Me guía la curiosidad"

Viajero incansable, sueña con dar la vuelta al mundo en velero




-¿Te considerás un turista o un viajero?
-Me considero un viajero. Claro que uno no nace viajero, se hace. Así que hay que ser turista un tiempo y después se puede ascender a viajero. No me gusta la imagen del turista. Qué fantástica sería Venecia sin turistas, ¿no?
-¿Por qué?
-Por varias razones. Primero porque me gusta el viaje en sí mismo, el hecho de sentir que me estoy trasladando. El turista no, sufre las esperas, los aeropuertos, las colas; se queja todo el tiempo. También porque me gusta volver a los mismos lugares sencillamente para no hacer nada. Los turistas tienen que conocer todas las ciudades con todas sus iglesias y con todos sus museos en 48 horas. Si no sienten que los han estafado. Y porque me guía la curiosidad y no una guía, aunque uno siempre la tenga a mano. Así se disfruta más el perderse.
-¿Playa o montaña?
-La playa y la montaña, y los lagos y el desierto, y..., pero de todas maneras prefiero el calor, el verano.
-¿Qué cosas nunca dejás de llevar en un viaje?
-Botiquín básico. Si despacho equipaje -aunque cada vez es más raro-, mi cortaplumas Suiza multifunción. No te lo dejan llevar con el equipaje de mano, pero lo cierto es que me voy perfeccionando y cada vez viajo con menos cosas. El equipaje se va sintetizando y uno viaja más liviano. En general, la gente lleva el doble de lo que va a usar. Un gasto de energía notable, ¿no?
-¿El viaje más largo?
-Casi un año, mi primer sabático. En 1981, primero viajé a Perú, después a México y Estados Unidos por ambas costas y otras rutas. Después Europa, vuelta a Estados Unidos, el Caribe y Brasil, volviendo a Buenos Aires para las Fiestas. Fue un largo y maravilloso viaje que me marcó como viajero. Me parece que fue ahí que dejé de ser turista y me recibí de viajero.
-¿Solo o acompañado?
-Acompañado y solo. Son sensaciones muy diferentes. Vale la compañía porque al compartir las cosas cobran un sentido diferente, se vuelven más profundas las vivencias, los recuerdos... Mientras que viajar solo es mucho más volátil, pero con una carga de adrenalina mucho más grande. También disfruto bastante viajando solo.
-¿El mayor pecado de un turista?
-No abrir su paladar. Hay gente que pierde el tiempo buscando lugares donde comer parecido a su lugar de origen: quieren milanesas, bifes de chorizo... No pierden sólo el tiempo, se pierden uno de los estímulos más copados del viaje, el sabor.
-¿Y la mayor virtud?
-El descubrimiento. Cuando uno conoce lugares y gente se renueva. Es como hacerle masajitos a la capacidad de asombro, para que no se duerma.
-¿Cómo sería tu viaje ideal?
-La vuelta al mundo del modo más tradicional y sanguíneo posible. Cruzar el océano en velero, desembarcar y cruzar los continentes caminando o en bicicleta o a caballo, hasta llegar al otro mar y volver al velero, y así.
-Un destino pendiente.
-La China profunda (sólo conozco Hong Kong), Indonesia por más tiempo (sólo estuve unos días), Yemen..., y cada lugar que no conozco.
Por Lalo Mir
Para LA NACION
El autor es conductor y periodista de radio y TV. En Canal Encuentro, lleva adelante Encuentro en el estudio , lunes y sábado, a las 22. Conduce también Lalo por hecho , por FM 100, de lunes a viernes, de 9 a 13.

En barco, rumbo al destino equivocado

Un día estábamos en Marruecos y nos fuimos medio urgente a tomar un barco, pero nos equivocamos. Había uno que iba a Algeciras (España) y había otro que iba a Gibraltar (Reino Unido). Los barcos eran iguales, y por el apuro nos metimos por la puerta equivocada. Cuando empezamos a navegar no nos dimos cuenta de nada, hasta que llegamos a un salón de Migraciones y nos encontramos con una foto de la reina de tamaño real. Esto era posterior a la Guerra de Malvinas, cuando todavía teníamos los vínculos diplomáticos rotos. Y nos dimos cuenta de que estábamos en problemas. Entonces optamos por la solución argentina. Empezamos a caminar por los mostradores hasta que encontramos a uno que hablaba en español, y cuando tuvimos la primera oportunidad lo llamamos aparte y le contamos nuestro problema. El tipo dijo: "¡Ups! Están en problemas".
Sin embargo, después de llegar a Gibraltar, él nos dio la solución: nos dijo que esperásemos a que terminase su turno y saldríamos de la zona británica juntos en su auto. Eran apenas diez cuadras y estaríamos nuevamente en la frontera con España. Así que pusimos las mochilas en el baúl y salimos. Cuando estábamos a punto de cruzar la frontera comenzó a sonar una chicharra muy estridente y de pronto el tráfico se detuvo. Por delante nuestro pasó carreteando un Jumbo. Entonces nos enteramos de que como Gibraltar es tan pequeño, la pista del aeropuerto atraviesa las rutas. Después del susto, salimos lo más campantes como cualquier hijo de vecino, y cuando llegamos a España nos tomamos unas birras.

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