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 • HISTORICO

Nada como perderse por las callecitas de Damasco

En la capital de Siria todavía se puede sentir el ambiente de Las mil y una noches




DAMASCO, Siria.- Nunca se vio muchedumbre más animada. Mujeres cubiertas por oscuros velos, hombres envueltos en largas túnicas. Un griterío de palabras incomprensibles para cualquier argentino. Música árabe a todo volumen. Olor a especias. Olor a comida frita. Olor a tabaco. Todo se mezcla en una bella confusión. Estamos en un bazar de Damasco, la antiquísima capital de Siria. Conocer el dato no es una cuestión menor: cualquiera podría imaginarse aquí que, de repente, fue transportado a uno de los cuentos de Las mil y una noches .
Sin embargo, Damasco es una ciudad de contrastes.
Fuera del mercado hay edificios grises, embotellamientos de tránsito y hombres y mujeres vestidos a la manera occidental. Por eso, para el viajero, nada mejor que dedicar la mayor parte de su tiempo a recorrer estos oasis , en medio de la urbe, que parecen haber olvidado que estamos en el siglo XXI y laten al ritmo de la Edad Media.

Una atmósfera diferente

Además de todo lo pintoresco, los bazares son centros de compras. En ellos se pueden conseguir, por precios módicos, alfombras persas, artesanías y una bijouterie de plata, ojos de gato y turquesas muy particular. También proliferan los puestos de comidas al paso (que ofrecen delicias locales y no tienen nada que ver con los fast food occidentales) y de licuados de fruta; básicamente, todo lo que se puede llegar a necesitar durante un paseo.
En un rincón -los bazares tienen miles de rincones y recovecos-, Saladino discute a gritos con un posible cliente el precio de una caja con incrustaciones de nácar. No está enojado, pero aquí el regateo es regla.
Saladino esconde una sorpresa: habla español. Fue uno de los tantos sirios que viajó a probar suerte a la Argentina cuando la presidencia de Carlos Menem atrajo a miles de damascenos hasta aquí.
Ahora, en pleno mercado, Saladino anuncia: "También tenemos dulce de leche, aunque lo llamamos crem halib ". El diálogo es interrumpido por un soldado de las Naciones Unidas, guardia en las Alturas del Golán, deseoso de un partido de backgammon en su día franco. "Los sirios son las personas más agradables de Medio Oriente", asegura, además son hospitalarios por naturaleza. Y en cualquier lugar a uno le ofrecerán una taza de té.
Claro que los bazares no son los únicos atractivos de esta ciudad.
También las mezquitas, con sus pisos alfombrados, las arañas de cristal que cuelgan del techo, el inmenso ambiente vacío, y el altar mirando a La Meca como único mobiliario justifican el viaje a este remoto lugar.
La más importante de las mezquitas es Omayyad, una joya de la arquitectura islámica, recubierta en su exterior de mosaicos dorados y negros, dibujando oraciones del Corán. Aquí, como en las otras, los hombres descalzos rezan arrodillados, apoyando suavemente la frente en el piso. De sus tres minaretes parten los rezos para Alá.
Como los sirios son, en general, bastante conservadores, es preferible vestirse de largo. Imposible, para hombres o mujeres, intentar el ingreso en las mezquitas sin la ropa adecuada (jamás de pantalones cortos, por ejemplo). Pero eso tiene solución: en las entradas se proveen túnicas largas.
El ambiente de las mezquitas y los bazares es distinto del de las calles de la ciudad. Las veredas están siempre superpobladas de gente, y las calzadas, llenas de automóviles. Sin embargo, esto no necesariamente es sinónimo de peligro. Un turista occidental puede pasear sin problemas, y tiene que entender que las miradas inquisidoras de los locales son sólo cuestión de curiosidad.
Así, lo mejor es salir sin mapa y dejarse llevar sólo por el instinto, para descubrir la ciudad con la única ayuda de los sentidos. Entregarse al llamado de los olores, o de los colores, es un buen ejercicio.
Y no hace falta sentarse a almorzar. En cada esquina hay un puesto de kebabs (un sándwich de pan árabe, relleno con carne, especias y salsa). Una porción es suficiente para no pasar hambre hasta la hora de merendar, por ejemplo, con un delicioso café turco.
Si necesita descansar, una buena opción es una casa de té. Allí, lo clásico es disfrutar de una pipa de agua (un extraño adminículo relleno de agua, con una manguera por donde circula el tabaco suave, saborizado al chocolate o a la manzana, para enfriarse). Además, éste es el sitio ideal para conocer a los lugareños, los quesin duda se acercarán a curiosear.
La conversación se mezcla con el clack de las fichas de dominó o del backgammon, y el sonido de las burbujas de las pipas cuando las aspiran.
Estos bares son la gran institución social en Medio Oriente y, aunque las mujeres islámicas no son aceptadas aquí, no hay razón para que una occidental no pueda disfrutarlos.
Para aprovechar estos paseos al máximo, lo ideal es viajar en primavera (marzo a junio), ya que las temperaturas son templadas (entre 10 y 25ºC) y las lluvias de invierno ya pasaron. Como segunda elección, el otoño.
En resumen, Damasco es una ciudad de ensueño, ideal para caminarla hasta el cansancio sin un rumbo fijo. Si el final de la caminata lo sorprende a uno lejos del hotel, no hay problema: basta con tomar un taxi.

Palmira, paso a paso

Desde Damasco se pueden organizar visitas por el día. Una buena opción es Palmira, a unas tres horas de viaje en colectivo o taxi. Este oasis en medio de un desierto es una de las atracciones más interesantes de Siria y un centro arqueológico de prestigio mundial.
Estas antiguas ruinas pasaron de ser una estación para las caravanas de viajeros, a una importante ciudad durante el Imperio Romano. Y es posible remontarse a esa época al caminar por su imponente Templo del Sol, la avenida de columnas corintias de casi 1,6 km de largo, su monumental arco y el anfiteatro. Es un paseo de algunas horas por un sitio que en mucho se asemeja al Foro Imperial de Roma, aunque lejos de la ciudad y sin la desventaja de sumergirse en una marea de turistas.
Además, desde allí se puede caminar hasta un castillo árabe situado sobre una colina, con excelentes vistas de la ruina.

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje aéreo de ida y vuelta hasta Damasco cuesta1320 dólares, con tasas e impuestos.
Alojamiento: la habitación doble en un hotel cinco estrellas cuesta 140 dólares; en uno de cuatro, 80, y en uno de tres, 50.
Gastronomía: la cocina siria se destaca por su gran variedad. Los platos más famosos son kibbeh (carne de cordero picada y trigo molido), meshwi (carne a la parrilla), hummus (crema de garbanzos), tabbuleh (ensalada de trigo y perejil picado), entre otros. Muchos restaurantes están abiertos las 24 horas.
Más información: embajada de Siria, Callao 956; 4813-2113.
María Bohtlingk

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