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 • HISTORICO

Pequeña dragona




Sentí algo similar cuando la vi dar por primera vez diez pasos seguidos (1, 2, 3, 4, 5... recuerdo ir contándolos) sin perder el equilibrio.
Entonces, como ahora, la vi dando un salto, venciendo el vértigo y arrojándose no vamos a decir al vacío, sí a lo nuevo, a un plano inexplorado.
Estoy hablando de la mayor de mis hijas que el viernes por la noche me sorprendió con una nueva conquista de crecimiento.
Aprendió a leer. O no, no, mejor que eso, aprendió a leer y comprender un texto.
Ya hace un tiempo venía leyendo palabras y frases breves, en la vía pública, en carteles, en etiquetas, en envoltorios, en paquetes.
-Ha-va-nna. Far-macia. A-lo-e Ve-ra. Tí-a Ro-ber-ta... (título de un cuento)
Se le venía abriendo todo un universo de sentido detrás de signos que durante sus primeros 4 años de vida habrán pasado desapercibidos. Pero la noche del viernes, ya entrenada en este ejercicio de "adivinar" palabras, empezó a leer frases. Ella solita cazó un par de libros de cuentos (entre ellos, Pequeño dragón aprender a volar) y con idéntica tenacidad y concentración que pelaba para patinar y no caerse de traste, se lanzó a leerlos.
-Lo pri-me-ro pa-ra a-pren-der a vo-lar so-lo –di-jo la ma-má dra-go-na- es pres-tar-le a-ten-ción a tu co-ra-zón de dra-gón. A-llí vas a en-con-trar la va-len-tía...
No pude evitar grabarla (ver video).
A mi pequeña dragona.
No soy una romántica de la lectura, pero la aprecio. No tengo recuerdos de cuando empecé a leer, ni siquiera me veo zambullida en lecturas siendo una niña, a excepción de un verano en Mar del Plata en el que me encandilé con Mi planta de naranja-lima.
Sí leía los libros obligatorios del colegio y llegué disfrutar mucho Rosaura a las 10, Prohibido suicidarse en primavera y Los árboles mueren de pie. También las poesías de Sor Juana Inés de la Cruz como las famosa Redondillas, "Hombres necios..."
La lectura, como necesidad vital, acaso como refugio, como una fuente en la que refrescarme y saciar una sed intelectual (en un primer momento) aparecería recién a mis 17. A mis 17, 18 años y tras una serie de hechos desafortunados, o de digestión no-fácil (una seguidilla de muertes en la familia) que activarían en mí los grandes interrogantes.
Me recuerdo en la cama de mi casa familiar devorando todos los ensayos de Sábato, que fueron mi introducción, mi primera guía al universo de la reflexión, de las críticas, de las historias, en menor medida. Siempre tuve más afición por los ensayos que por las novelas.
No me considero ni un poquito gran lectora, ni una lectora políticamente correcta. He sido, como en todo, caprichosa. Pero sí he de reconocérmelo: abierta.
No me gusta mencionar títulos y autores, pero si tuviera que elegir algunos títulos que en su momento dejaron huella, elegiría: Trópico de Capricornio (Henry Miller), Lolita (V. Nabokov), Yo necesito amor (autobiografía de Klaus Kinski), algún ensayo de Ortega y Gasset y de Schopenhauer, Confesiones (autobiografía de J.J. Rousseau), Rayuela (J. Cortázar), algunos cuentos de R. Carver, Frannie y Zooey, de J. D. Salinger (gracias, Virginia, por prestármelo), etcétera.
Como decía, soy reacia al "name dropping"*. He visto cómo conocidos competían ridículamente a ver quién era el más leído, como si leer tal o cual autor o libro necesariamente diera algún crédito. A mí las obras que me tocaron alguna fibra interna clave, si algo me permitieron -y se los agradezco- fue haberme puesto en contacto con mi naturaleza más desnuda e ignorante.
Una vuelta una amiga, casi justificándose, me dijo: "No tuve tiempo de leer tanto libro, le dedico mucho tiempo a mis amigos". Al fin de cuentas, la lectura también es vincularse, es un hecho que sucede entre una subjetividad que despliega su magia y universo y quien(es) la lee(n). Probablemente, si yo hubiera sido más sociable y extrovertida, habría leído menos.
Y ahora que, desde hace un tiempo, no encuentro intercambios más cautivantes que los que vivo como madre (como éste, que le dio pie al texto), leo poco. Y leo despacio, leo un par de carillas y ya, cierro mis ojos. Mente en blanco.
(Con los años también aprendí que leer es tan importante como disfrutar del silencio).
¡QEPD, Gabriel García Márquez!
¿Cómo se llevan ustedes con la lectura? ¿Cambió ese vínculo con el tiempo? ¿Sus hijos ya leen? ¿Qué leen?
*No encontré una expresión similar en castellano.
Dejo acá el video:
PD: Quienes quieran contactarse por privado, me encuentran en Inés Sainz

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