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 • HISTORICO

Polinesia: diez claves para descubrir el paraíso

En medio del Pacífico, un archipiélago superexclusivo, con resorts de lujo, un mar turquesa y cálido, reservado para enamorados; la fórmula para una semana de placer




PAPEETE, Tahití.- En la Polinesia los sentidos se exaltan. No alcanzan los ojos para distinguir los diferentes azules y verdes del agua ni el olfato para impregnarse del aroma del tiare, la flor tradicional. Los sabores del mar son inagotables y llegan a la mesa con presentaciones gourmet. El sol acaricia el cuerpo delicadamente en veranos eternos y el mar entona una sinfonía tranquila y calma día y noche.
En medio del Pacífico, a casi 10.000 kilómetros de Buenos Aires, las 118 islas distribuidas en cinco archipiélagos (el de la Sociedad es el más habitado y visitado) invitan a vivir una experiencia lujosa y refinada, con estilo francés, gastronomía gourmet y atención personalizada. La Polinesia es territorio de ultramar y los polinesios tienen los mismos derechos que los nacidos en Francia.
Antes de organizar un viaje a la Polinesia, una sugerencia: además de contar con el dinero suficiente (es un destino caro) es imprescindible tener un enamorado. Porque al paraíso hay que ir en pareja. Con amigos, o con los chicos, mejor buscar otro lugar. En estas islas superexclusivas todo está pensado para disfrutar de a dos: hoteles lujosos con habitaciones sobre el agua, cenas románticas, desayunos en la habitación llevados en piraguas y buen servicio, del mejor. No por nada el 80% de los visitantes llega en pareja y la mayoría, de luna de miel o celebrando un aniversario. ¡Maeva (bienvenidos en tahitiano) al paraíso!
Aunque un viaje a la Polinesia será único y memorable, ofrecemos 10 claves imperdibles para tener en cuenta y disfrutar cada minuto.

Bungalows en el mar

Una de las excentricidades de la Polinesia son las habitaciones construidas en palafitos sobre el agua, que están en casi todos los hoteles de las islas. Son los cuartos estrella. Cuestan casi el doble que otros con las mismas características en tierra firme. Durante un viaje, vale la pena al menos alojarse una vez en ellos.
En la habitación tienen una ventana al mar muy particular, porque está en el piso. En lugar de cortinas, una mesa ratona la cubre. Corriendo el vidrio se ven los peces que van y vienen en ese mar tan transparente y hasta se los puede alimentar con migas de pan. Estos bungalows también son prácticos: en el balcón terraza tienen una escalera directa al agua, para bajar a hacer snorkeling. Aunque (algo malo tenían que tener) a veces se internan metros y metros en el mar, y requiere de una larga caminata llegar a la habitación desde el lobby del hotel.

Ir a Bora Bora

Un viaje a la Polinesia debe incluir al menos unos días en Bora Bora, isla que deslumbró a Gauguin, y si es sobre el final del viaje, mejor. Sin duda es la más famosa, la que primero empezó a recibir turistas y donde están los resorts más exclusivos y las playas más codiciadas.
Las mejores postales se ven desde el aire. Por eso, en el vuelo desde Papeete conviene conseguir una ventanilla con buena vista y estar con la cámara preparada. A la isla la abraza un arrecife de coral, y hay motus (pequeñas islas) donde se construyeron los hoteles que se ramifican en el mar.
Como el aeropuerto está en uno de estos motus, al bajar del avión esperan las lanchas privadas de cada hotel para llevar a los pasajeros a destino.
Aquí los colores del agua son protagonistas: desde el celeste más claro hasta el azul profundo, turquesa, verde.

Casamiento a la tahitiana

Una de las propuestas más románticas de estas islas es el casamiento a la usanza tradicional, que ofrecen a los turistas en los hoteles como una excursión más. Ideal para parejas que festejan aniversarios, están de luna de miel o simplemente para confirmar el amor. El momento establecido para la ceremonia es el atardecer, en una playa decorada con flores, palmeras y rodeada del fuego de antorchas.
Visten a cada novio por su lado, con pareos blancos y coronas de flores. Música y un grupo de bailarinas acompañan a la novia al lugar de la ceremonia, mientras esperan la llegada, en una piragua desde el mar, del novio. Se les da a cada uno un ramo de tiare, para que lo intercambien como promesa de fidelidad y lealtad. Son bautizados con nombres tahitianos y luego se los cubre con una manta nupcial. Para finalizar se ofrece un show de baile y canto en homenaje a la flamante pareja. La ceremonia cuesta casi tanto como un casamiento real, desde 1000 dólares.

El fondo del mar

En la Polinesia el mundo submarino está mucho más poblado que la superficie. Hay más de 800 especies de peces tropicales que andan a sus anchas y a centímetros de los curiosos. La manera más fácil de verlos es haciendo snorkeling. La mayoría de los hoteles ofrece antiparras y aletas, y desde la playa misma uno puedo salir nadando, sin preocupaciones, con la vista clavada en el fondo del mar.
También el buceo es un clásico. Los principiantes pueden probar con un bautismo. Otra opción divertida y novedosa es bajar con una escafandra (una especie de caja cerrada, que se pone en la cabeza) con la que se puede caminar y respirar como en la superficie.

Comprar perlas negras

Las perlas negras son el mejor souvenir que una mujer puede traerse de la Polinesia. Se las ve en las vidrieras de las joyerías, en los hoteles y en las mujeres más elegantes. Una tentación irresistible. Aquí las cultivan. En la mayoría de las islas hay granjas dedicadas a esta actividad, que se pueden visitar para conocer el proceso paso a paso. Primero se preparan las larvas de ostras que viven en las lagunas. Después se trasplantan y se dejan como mínimo un año y medio en el agua, adentro de las ostras, para que crezcan y se tiñan. Las venden en granjas y joyerías. Una perla suelta cuesta desde 40 dólares. A partir de ahí lo que uno quiera, hasta cifras millonarias. En los comercios, las de buena calidad las venden con certificado de garantía aprobado por el Ministerio de la Perla. Se clasifican teniendo en cuenta el tamaño, la forma (redonda, barroca, pera, ovalada, botón y círculo), la calidad (según las imperfecciones) y el color. En el centro de Papeete hay un museo dedicado íntegramente a las perlas.

Las flores

En la Polinesia, las flores están por doquier. Crecen fácilmente en todos lados, y en los hoteles adornan las habitaciones, las mesas y hasta la comida. A los recién llegados se los recibe con un collar de flores naturales, de perfume arrollador. El tiare es la flor típica. Se hacen cremas, jabones, perfumes y hasta té con esta fragancia. Las tahitianas siempre lucen una en la cabeza, cuando bailan o cuando van a trabajar.

El mercado

De verduras y frutas tropicales a pescados y mariscos. De canastos tejidos a collares de caracoles. En el mercado de Papeete, que está frente al puerto, se consigue de todo. Vale la pena dedicarle una mañana y pasear un poco por el centro. Hay mucho color local. En la puerta, mujeres ancianas arman collares y coronitas de flores. Otros venden jugo de ananá y mango. Adentro, también hay otros puestos más turísticos, con souvenirs para todos los gustos. Aquí se consiguen los mejores precios y la mayor variedad. Se puede elegir pareos multicolores, adornos de nácar y jabones de tiare. También chauchas de vainilla (de primera calidad), aceites perfumados para el cuerpo y cremas. En el mercado, como en la mayoría de los hoteles, además de franco-polinesio aceptan euros y dólares.

Navegar en piragua

Una de las excursiones más habituales es navegar en piragua, la embarcación tradicional, para pasear por las lagunas, hacer snorkeling y visitar alguna playa desierta. Estas canoas, siempre adornadas con flores, llevan muy pocos pasajeros y un guía, que conduce la embarcación, cocina y hasta canta, para animar la velada. No hay olas ni mareas peligrosas.

Tatuajes

La mayoría de los habitantes de la Polinesia tiene un tatuaje. Es una costumbre que se mantiene con los años y, sin ser una obligación, es de los más natural. Alrededor de los 12 o 13 años eligen uno para hacerse, generalmente de inspiración maorí. Por eso es habitual encontrar varios lugares donde tatuarse. Aunque hacerse un tatoo no resulta tan sencillo como comprarse un pareo, es una idea original traerse de recuerdo una marca de la Polinesia.

Pescado crudo

Una de las especialidades de la cocina de la polinésica es el pescado crudo. El tradicional es a la tahitiana, marinado con verduras (tomate y cebolla), en zumo de limón y leche de coco. En las excursiones es habitual hacer un picnic en una isla desierta y que el guía prepare la especialidad de la casa. Cocinado, el pescado tradicional es el mahi mahi a la vainilla o al coco, o bien el salmón de los dioses. De postre, los cocos y el helado de vainilla son imperdibles.

Datos útiles

Cómo llegar

LAN es la única aerolínea que hace el trayecto directo (Buenos Aires/Santiago/Papeete). Tiene dos frecuencias semanales, domingo y miércoles. Desde US$ 1300. Informes: 0810-9999-LAN (526).

Alojamiento

Prácticamente, en la Polinesia la vida transcurre en los grandes resorts, muchos alejados de todo, en una bahía o en un motu donde sólo se llega por agua. Por eso, cuando se decide el viaje es conveniente reservar un buen hotel, con todas las comodidades y los servicios. También es adecuado un paquete, con los traslados incluidos. Nueve días, desde 2200 dólares por persona. Incluye aéreo, alojamiento y traslados (sin desayuno).

Excursiones

Los resorts ofrecen una gran variedad de paseos. Una salida de día entero en piragua, con almuerzo, cuesta alrededor de 80 dólares por persona. El buceo de bautismo, 70. Safari en 4x4 por Bora Bora, 65 por persona. Son habituales las excursiones para parejas a un motu desierto con almuerzo, desde 700 dólares.

Gastronomía

En los restaurantes de los hoteles un plato de comida cuesta entre 20 y 30 dólares.

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