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 • HISTORICO

Por campos de tulipanes, en bicicleta

Un circuito por las islas Frisias: para explorar Holanda y cansarse de pedalear rodeados de granjas, bosques y flores




Leeuwarden, Holanda (World´s Fare).- Era la época de los tulipanes en Holanda y el viaje que estaba programando parecía una excelente oportunidad para explorar ese país de tierras planas, perfectamente diseñado para recorrerlo en bicicleta. ¿Pero caminar por el fondo del mar? Cuando lo comenté en casa, no lo podían creer. Les expliqué que se trataba de una tradición holandesa que se practicaba durante los meses de verano.
El viaje no sólo incluía conocer los lugares más pintorescos del país, abarcaba también las islas Frisias Occidentales, el archipiélago que forma un terraplén natural entre el Mar del Norte y la costa continental holandesa. El bajo Waddenzee (que significa mar cenagoso) baña las Frisias Occidentales y su nombre es muy apropiado, puesto que su profundidad nunca supera los 3 metros, ni siquiera con marea alta.
Había leído que la experiencia de caminar por el fondo del mar era una práctica muy popular entre los holandeses y decidí probar para saber bien de qué se trataba. Al fin y al cabo, todo el país no podía estar equivocado.
Contratamos las excursiones en la agencia Cycletours, una compañía local que utiliza pequeñas embarcaciones como hoteles flotantes durante los tours en bicicleta por las islas. Un ómnibus nos llevó de Amsterdam al puerto de Den Oever, donde nos subimos al primer terraplén. Desde lo alto, observábamos a los ciclistas pedalear cuesta arriba mientras nuestro hotel flotante se aproximaba a la dársena.
A decir verdad, nuestro hotel se asemejaba más a un remolcador que a un crucero. Me preguntaba cómo iban a hacer para ubicar 15 pasajeros a bordo.
Después de acomodar todas las bicicletas en la cubierta, arrastré mis bártulos hasta la cabina principal. Detrás de la barra, a través de la rendija de una puerta entreabierta, se veía una cocina de acero inoxidable reluciente. Hasta aquí todo bien, pero adónde íbamos a dormir. Descendiendo por una escalinata se llegaba a los camarotes que tenían baño privado.

La más grande

Una vez a bordo, nuestro hotel flotante, el Anna Antal, zarpó en medio de un mar picado hacia Texel, la isla más al sur de las Frisias, la más grande del archipiélago. Esta isla se caracteriza por su suelo fértil, un paisaje variado de dunas, bosques, granjas y campos cubiertos de flores, y atractivos turísticos como navegar, practicar kayak, realizan cabalgatas o paracaidismo.
Para los caminantes, hay un sendero de casi 80 km, que atraviesa toda la isla, una manera ideal para explorar playas y poblados. Los ciclistas, en cambio, cuentan con una senda ondulante de más de 120 km, perfectamente señalizada.
El Anna Antal entró en el puerto Oudeschild en la isla Texel y ancló frente a una dársena cubierta de hierba. A la mañana siguiente, después de un buen descanso y un suculento desayuno, nos subimos a las bicicletas de 21 cambios. "Para qué tantos cambios en un terreno llano?", le preguntamos a nuestro guía. "Para los norteamericanos -nos respondió-. "No se dan cuenta de que en Holanda con un solo cambio basta." De hecho, la gente del lugar con la que nos cruzamos, casi toda, tenía bicicletas con un solo cambio y frenos traseros.
Pasamos por localidades que parecían salidas de un libro de cuentos, atravesamos campos con vacas y ovejas, cruzamos canales y pantanos. Finalmente, llegamos a una colina para lo que fue necesario utilizar algunos de nuestros 21 cambios. Una pendiente breve, luego un sendero cuesta abajo hasta que llegamos al mar, nos sentamos en un café a beber chocolate holandés caliente y saborear unas deliciosas masas de manzana.
No vimos muchos campos de tulipanes - crecen más al Sur -, pero la isla estaba cubierta por un espléndido manto de narcisos blancos y amarillos.
Aunque hacíamos alrededor de 50 km por día, las sendas no requerían demasiado esfuerzo de nuestra parte porque el terreno era plano, siempre y cuando no tuviésemos viento de frente.

Terschelling

La segunda isla en nuestro recorrido fue la más pequeña, Terschelling, donde el Anna Antal echó anclas. El monumento de la ciudad es un faro de 55 metros de altura que data de 1594 y cuya baliza aún destella en las noches de niebla. Pasamos frente a las viviendas de los marinos, construidas durante el apogeo del comercio y la caza de ballenas, y nos detuvimos en un pub para tomar una cerveza holandesa y jugar a los dardos.
Terschelling, compuesta por marismas y dunas, es como una franja de arena que se extiende a través de un mar negro. Sin embargo, constituye un hábitat rico y delicado que alberga, por lo menos, 125 especies de aves y más de 600 variedades de plantas silvestres.
Hacía frío y lloviznaba mientras atravesábamos los bosques de pinos junto al mar, pero el clima parecía no perturbar a los holandeses. Con ropa de abrigo y las mejillas rosadas, pasaban a nuestro lado y nos saludaban con una sonrisa. En cambio, yo no hacía más que pensar en la acogedora galera de la Anna Antal, tomando algo caliente.
Si bien algunas de las excursiones de Cycletours incluyen además la isla Vlieland, ese itinerario en particular habría interferido con nuestros planes de caminar por el fondo del mar. Es por eso que nuestro hotel flotante nos dejó en el continente, desde donde nos dirigimos hacia el Norte, rumbo al tan discutido, aunque no del todo comprendido, deporte de los holandeses, la caminata por el cieno .
Pasamos la noche en Leeuwarden y allí tomamos un ómnibus a la mañana siguiente hacia la ciudad de Wierum, desde donde parte la mayoría de las excursiones.
El guía local nos dijo que la gente hacía este tipo de recorrido a pie desde hacía cientos de años, pero que como actividad recreativa tenía apenas un par de décadas. Las excursiones están sujetas a las mareas y el tiempo; la temporada comienza, por lo general, en mayo y termina en septiembre. Los caminantes veteranos hacen el recorrido desde el continente hasta Schiermonnikoog, dos de las islas Frisias más al Norte, una distancia de aproximadamente 20 km. Pero como nosotros éramos principiantes, nos tocó el trayecto menos ambicioso de 15 kilómetros, ida y vuelta, desde Wierum hasta Englesmanplaat. Nos llevó aproximadamente cuatro horas.
Entre los alicientes que nos daban, nos decían que podíamos de pronto encontrarnos rodeados de agua, a 5 ó 6 kilómetros de la costa, y que era una sensación muy especial.
Llegó el día y el tiempo estaba horrible. "He estado en tormentas de nieve y eran más cálidas que esto", refunfuñaba mi amigo canadiense, mientras nos deteníamos en un terraplén para protegernos contra un viento feroz.
Quizá, pero la temperatura parecía no inmutar a las más o menos treinta personas que, a pasos agigantados, se internaban con entusiasmo en el mar. Como los lemmings , seguían a los guías hasta convertirse en puntos que asomaban en el agua.
Al hundirme en el cieno hasta los tobillos, mi obstinación por experimentar este tratamiento holandés fuera de lo común comenzó a disiparse. No era la única. Sólo uno de nuestro grupo de seis norteamericanos pudo capear el temporal.
El resto pasamos la tarde en el Café DeKalkman en Wierum, tomando chocolate caliente y meditando sobre las diferencias en los gustos de cada pueblo.
Cuando, a las tres horas, nuestro valiente compañero apareció todo empapado, morado y temblando como una hoja, supe que había tomado la decisión correcta. El dueño del pub corrió enseguida hacia él y le puso una botella de brandy en las manos heladas. Pero nuestro héroe respondió: "Me alegro de haberlo hecho, mientras los dientes le castañeteaban a un ritmo pegadizo.
"Hiciste bien en no ir" -dijo, señalándome a mí-. "En un momento el agua me llegaba al pecho, y tuve que colocarme la cámara encima de la cabeza."
Ellen Clark
(Traducción de Andrea Arko)

Datos útiles

Cómo llegar: el precio del pasaje de Buenos Aires a Amsterdam cuesta alrededor de 1000 dólares, con impuestos.
Excursiones: en bicicleta por las islas del Mar del Norte en Holanda: Cycletours, Keizersgracht 181, 1016 DR, Amsterdam; 31-20-627-90-32. E-mail: cyclefun@cycletours.nl
En Internet:

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