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 • HISTORICO

Rincón argentino, con aire gallego y comida internacional

A 115 km de Capital, hospedaje y ricos platos




El-Lar es el lugar, pero con ese guión en el medio confunde un poco a los huéspedes. José López Bernal, el catalán que decidió instalarse en San Andrés de Giles para hacer una inversión ligada al agroturismo, lo vuelve a explicar una y otra vez con la misma sonrisa.
El-Lar queda a 115 km de Buenos Aires, un poco lejos para una escapada, pero es lo de menos: ahí hay camas para dormir y, si se cansó del viaje, todo se compensa con una de las comidas de el gallego que, aunque no venga de Galicia, obviamente tiene ese mote en el pueblo.
La comida es uno de los logros más destacables de este catalán que aprendió a cocinar "de toda la vida": después de la entrada viene alguno de sus platos, como la paella, el pato a la naranja, el roast-beef, el pollo, el carré de cerdo, la boullabaise bien hecha, el gulasch, la fondue de queso, la bourgignone o el conejo a la cazadora, al vino blanco o al escabeche, de su propia granja, alimentados con maíz y alfalfa, lo que les da un sabor exquisito.
José López Bernal tiene 80 años, pero parece de 65. Tiene el pelo blanco, los ojos celestes, una pequeña dolencia en el pie y el alma algo cansada de tanto batallar. Habla italiano, francés, portugués, inglés y catalán. Junto con su familia huyó del franquismo a Francia, donde pasó su juventud y donde vive su único hijo, profesor en la Sorbona.
Luego tuvo librería en España, vivió en la Argentina desde 1950 hasta 1975, en Brasil 14 años, pasó por Rusia, Africa e Italia. Es increíble encontrar una persona con tantas experiencias que haya elegido un entorno tan austero.
"Tengo ahijadas y hermanos en la Argentina. Luego de la crisis de 2001, me dije a mí mismo: Puede ser que lo consigan, si este país lo único que necesita es trabajar para salir adelante, si es naturalmente rico. Y me vine", contó.

La modernidad

Al llegar a El-Lar, un cartel advierte sobre el dinero invertido en el camino: el 85% lo pagó Bernal, casi sin ayuda de los vecinos. Y es un indicador del carácter del dueño de casa.
Las construcciones son firmes, modernas y funcionales. No hay arcadas coloniales ni muebles de otras épocas. Un comedor vidriado permite ver el campo, las vacas, los árboles. En el living está la televisión con DTV y películas para cuando cae la noche. En el primer piso, las sencillas habitaciones tienen baño privado con ducha. Y hay más cuartos en dos construcciones a los lados de la casa principal. En total son nueve, que pueden alojar hasta a 24 personas.
En el jardín hay un quincho con horno de barro y cuatro parrillas, que se utilizan para comer bajo los árboles cuando hace calor, aquel que quiera hacerse su propio asado.
Un poco más lejos, una quinta de verduras tiene acelgas, cebollas, remolachas, zanahorias, lechugas, perejil, zanahorias. "Mis abuelos tenían una casa con fondos y una quinta. El español que tiene un pedazo de tierra y no lo aprovecha plantando algo para comer se siente mal", dice.
Conejos, gallinas que ponen de 7 a 10 huevos por día y otros animales de granja, que luego van a parar a la cazuela, tienen aquí también su lugar que puede visitarse. Los fines de semana, cuatro caballos sirven para despuntar el vicio de montar.
"A mí me gusta el campo, es hermoso, muy tranquilo", cuenta Damián Ricardo Cabrera quien, junto con su novia Libel Caroccia, se ocupan junto con José de que todo funcione.
Buena cocina, comedor vidriado para ver el mar verde, como lo describió Bernal, y una charla que vale la pena, cuando el catalán puede sentarse, claro, porque en general atiende y cocina para los huéspedes.
Un poco más lejos, un pequeño bosque sirve de refugio para que los chicos jueguen a la escondida entre acacias, eucaliptos, sauces e higueras. La quinta de 140 árboles frutales brinda naranjas, ciruelas, duraznos y un largo etcétera.
Para los amantes de la buena mesa, acá hay cocina internacional. Y el plato, lo prepara a veces, es el pejerrey relleno de jamón cocido con crema al cognac y papas al natural. "Es como el pejerrey a la Navarra, pero yo hago mi versión", concluye Bernal.
Otros atractivos para visitar en la zona son el circuito urbano de San Andrés de Giles, la Agrupación Tradicionalista Cacique Yancamil, y su Museo del Recado y Azcuénaga, un pueblo rural detenido en el tiempo, escenario de muchas películas.

Datos útiles

Cómo llegar

El-Lar: ruta 7, km 114,100, (02324) 497208, (02325) 442946/6720, el_lar@gilesonline.com.ar, www.agrotur-el-lar.com.ar
Día de campo: entrada, plato principal abundante, café o té sin bebidas, $ 30. Paseo a caballo: $ 10.
Por Silvina Beccar Varela

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