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 • HISTORICO

Salvaje. el reino animal inspira juegos extremos

La inauguración de una montaña rusa en Busch Gardens fue la excusa perfecta para conocer los cuatro parques temáticos de SeaWorld en el estado de Florida




TAMPA.- Pasé 3,5 minutos de la mano de una desconocida. Periodista ecuatoriana, me pidió que la acompañara de esa manera porque le daba miedo lo que teníamos por delante: el Cheetah Hunt, la nueva gran atracción del parque Busch Gardens. Y ahí estaba yo, como si fuera algo de todos los días subirme a una montaña rusa, manteniendo la calma sólo para quedar bien con una colega que ni siquiera me había dado su nombre.
El comienzo debe ser lo más parecido a despegar en un Jumbo descapotado. El tren acelera de 0 a 60 km/h en dos o tres segundos. Los tímpanos reciben los primeros alaridos mientras la boca del estómago empieza a preguntarse qué estará pasando afuera. La formación alcanza los 96 km/h cuando simula caer en picada, gira en tirabuzón y vuelve a acelerar a 40 metros del suelo. Los ojos se debaten entre saltar al vacío o cerrarse hasta que todo termine.
La experiencia es tan salvaje como los otros juegos de este parque temático basado, justamente, en el comportamiento animal. Cheetah Hunt es su sexta montaña rusa. Inaugurada hace dos domingos, está inspirada en los movimientos del chita (cheetah, en inglés), un depredador muy similar al leopardo, aunque aún más rápido. La gran virtud de esta especie en el momento de cazar es su aceleración repentina, por eso este juego mecánico cuenta con un sistema de imanes que, al repelerse, impulsan al tren como si tuviera turbinas. El movimiento es silencioso; lo único que se escucha son gritos desaforados.
"¿Llegamos?", preguntó disfónica mi compañera anónima de carrito, tras 4,1 kilómetros de un extraño viaje hacia la misma estación de partida. Abrió los ojos, destrabó su mano de la mía, agradeció la gentileza y se perdió entre la multitud, para probar alguna otra montaña -también a ciegas, seguramente- o encontrarse con chitas de verdad, entre la fauna curiosa de este centro de diversión que, en origen, fue un aviario.
Busch Gardens es uno de los cuatro parques temáticos de la compañía SeaWorld en el estado de Florida. Con competidores de peso en la zona -Disney World y Universal Studios, nada menos- su moción es diferenciarse con más realidad y menos ficción. Por eso, en lugar de interactuar con personajes como Mickey o Marty McFly de Volver al futuro , propone hacerlo con animales reales: jirafas, gorilas, rinocerontes, cerdos hormigueros y una rana pixie, la reina del camuflaje, entre otros 3000 especímenes de distintas formas y tamaños.
Los caminos para acercarse a ellos son también variados. La Reserva Jungala es, por ejemplo, una símil jungla interactiva donde los visitantes se enfrentan con orangutanes y tigres de Bengala, siempre detrás de un vidrio lo suficientemente grueso como para que el encuentro resulte grato. En la reserva Myombe están los seis gorilas, entre ellos Iñaki, de 49 años, y el enorme Sim-Sim, al que recomiendan no mirar a los ojos a menos que uno quiera ponerlo de muy mal humor.
Otra propuesta es subirse a un camión destechado para hacer una suerte de safari y alimentar a las jirafas en un terreno abierto de 26 ha. También se puede visitar el flamante Jambo Junction, donde se encuentran los embajadores del parque: ejemplares muy curiosos que se relacionan bien con los humanos, hasta tal punto de ser llevados a escuelas y programas de TV cuando se necesita crear conciencia sobre animales en extinción. Las estrellas son Harry, un oso perezoso, y el pequeño cuscús, que parece un roedor, pero es de la familia de los elefantes. Es el lugar más atractivo para los niños, junto con el safari con personajes de Plaza Sésamo (tampoco es malo un poco de fantasía).
Entre las montañas rusas, las más extremas son Sheikra, con una caída libre de 90°, y Kumba, que propone giros en 360° y velocidades que vuelan pelucas. En todos los casos, el cuerpo queda en manos mecánicas para lograr sensaciones que no se experimentan todos los días.

Orcas que no bailan solas

En Orlando, SeaWorld atrae multitudes con su famosa Shamu, una orca devenida símbolo del parque. En el estadio abierto que lleva su nombre se realiza el One Ocean Show, con cetáceos enormes que nadan en forma sincronizada, bailan al ritmo de los aplausos y, con increíble destreza, salpican al público.
La propuesta no es la misma de años anteriores, ya que después del accidente de 2010 -la orca Tilikum ahogó a una entrenadora- debieron modificar el espectáculo. Los humanos no ingresan ahora al estanque de los animales (antes se zambullían con ellos), sino que se mantienen en plataformas para guiarlos desde allí y mantener al público eufórico.
Tilikum es aún parte del elenco, incluso una de las protagonistas. Por su tamaño y peso -6,9 m de longitud y 5600 kg- resulta una gran atracción, ya que salta muy alto y es la que más salpica. Claro que no todo el público sale mojado: las plateas están divididas entre las que son alcanzadas por el agua y las que no. Para mantenerse seco hay que sentarse arriba.
Para conocer el detrás de escena del espectáculo se puede comprar el paquete Behind the Scene, que permite ver también el trabajo de conservación de animales como el manatí. SeaWorld trabaja en conjunto con el gobierno federal en el rescate de especies maltratadas. Muchos de estos animales participan luego de los espectáculos, para crear conciencia ecologista y, de paso, entretener al público.
Hay otros paquetes que se pueden adquirir al margen del pase tradicional, para ver de cerca, por ejemplo, los pingüinos del Wild Arctic -un espacio inmenso y helado que recrea el Artico- o ir en el primer asiento de las dos montañas rusas del parque.
Inaugurada en 2009, Manta es, justamente, la montaña más curiosa y atractiva. Su propuesta es volar sostenidos por un chaleco flexible, en un recorrido que emula los movimientos de una mantarraya.
Lo llamativo es que en lugar de ir en un carrito, los participantes viajan boca abajo, con los brazos sueltos y en posición horizontal. La experiencia dura 2,5 minutos y tiene cuatro inversiones completas, dos sacacorchos y un giro en 360°. Sólo cuando se mantiene firme es posible disfrutar del paisaje verde que rodea al juego, incluso de una laguna artificial. Claro que para eso es necesario abrir los ojos.

ARRECIFES RENOVADOS

Hay fotos en Orlando con gente en la playa. Pero... Orlando no tiene playa. Son imágenes del Discovery Cove, el parque más exclusivo de SeaWorld que recibe hasta mil personas por día y ofrece descansar en la arena blanca, disfrutar del agua salada, bucear entre arrecifes y, sobre todo, creer que uno está junto al mar. Entre los mundos imaginarios que forman parte del estado de Florida, Discovery Cove es tal vez el más curioso.
Rodeadas de palmeras, arenas y sombrillas naturales, sus piscinas ofrecen no sólo refrescarse, sino también nadar con delfines -es la actividad más buscada-, y sumergirse entre mantarrayas y otras especies marinas. Hay también un falso río de agua dulce que rodea casi todo el parque y ofrece disfrutar, guiados por la corriente, de un hermoso bosque repleto de aves, justamente porque atraviesa un aviario. Al mismo lugar se puede ingresar a pie para alimentar a especies mayormente tropicales, que no tienen ningún problema en comer de la mano de los visitantes, incluso de sus cabezas. El lugar es muy colorido.
Y habrá más. El 20 del actual se inaugurará The Grand Reef, donde van a quedar las principales atracciones. En sus profundidades se realizará un tour subacuático con cascos de buceo que lleva el nombre de SeaVenture.
El servicio es all inclusive. Sólo los tragos se pagan aparte. ¡Y las fotos! Deben apurarse al final de la jornada -a las 17.30 todo termina- quienes deseen comprar sus imágenes con los delfines, por ejemplo. Se arman largas filas para llevarse de suvenir ese recuerdo, caro, pero invaluable para la gran mayoría.

AGUA POR TODAS PARTES

Es inevitable una zambullida en Aquatica después de tres días bajo el sol de Orlando. No suele ser el parque más buscado en la zona, pero es uno de los más divertidos, sobre todo para los que viajan en familia.
Con 36 toboganes de diferentes formas y alturas, ofrece aventura directamente en el cuerpo: sólo es necesario un traje de baño para recorrer libremente el lugar y sentir la frescura y adrenalina de cada juego. El resto queda guardado en un locker, que vale la pena alquilar (por 5 dólares) para disfrutar de una jornada muy divertida sin pensar en otra cosa.
El tobogán más nuevo es Dolphin Plunge, con un descenso a oscuras. Sólo se ilumina el recorrido al atravesar una enorme pecera donde hay delfines de Commerson, que miran sorprendidos el paso de los humanos por un tubo transparente. Verlos a ellos es más difícil, porque la bajada es realmente veloz.
En otros juegos es posible lanzarse con botes de goma o competir con otros viajeros. Hay, por ejemplo, un tobogán (Taumata Racer) con ocho pistas que muestra el tiempo de cada competidor al final de su descenso. Un locutor electrónico anuncia al ganador.
La aventura se combina con tranquilidad en dos ríos que recorren el parque, en piscinas con olas artificiales o en un sector con juegos en miniatura pensado para los más chicos.

DATOS ÚTILES

  • Cómo llegar

    Orlando está a 390 km de Miami (4,5 horas por ruta). Tampa, a 90 minutos de Orlando (140 km), también por vía terrestre.
PARQUES TEMÁTICOS

En Tampa
En Orlando

SeaWorld:
entrada: US$ 72. Más, en
Las entradas pueden combinarse de manera de reducir costos. Por ejemplo, el paquete SeaWorld, Aquatica y Busch Gardens –con transporte entre Orlando y Tampa– cuesta US$ 130 (adultos) y 122 (niños).

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