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 • HISTORICO

San Francisco tiene mucha calle

En esta ciudad siempre hay novedades para los que desean volver a verla y para los que no la conocen




SAN FRANCISCO.- El Golden Gate Bridge es su símbolo. Equivalente sobre el Pacífico a la Estatua de la Libertad en Nueva York. Válido para comprender su apertura a Oriente y Occidente. Con economías tan diferentes como las de sus vecinos en el país del vino (Napa y Sonoma) y de las computadoras (Silicon Valley). Conviviendo con estilos de vida y conductas sexuales que todavía son discutidas en gran parte del mundo.
Y tan fotogénico como el Cable Car, el tranvía cuya réplica es la más vendida como souvenir. El sonido de su campanilla se identifica con la ciudad tanto como Hair , la opera rock de los hippies en los años 60, que celebró en sus parques el Poder de las Flores. Es el testimonio viviente de un pasado que no cesa de maravillarnos y que se actualiza permanentemente sin perder su frescura original. No es un archivo, sino una película en rodaje que va hacia atrás y adelante, en un flash back constante.
Nada se pierde, todo se transforma. Desde la cárcel de Alcatraz, La Roca , que hoy es un parque nacional hasta el barrio de North Beach de los beatniks en los años 50 (Jack Kerouac y compañía) con su librería City Lights y el café Vesubio al lado de Columbus Tower, donde funciona la productora de Francis Ford Coppola. Lo comprobamos en Fisherman´s Wharf (Muelle de Pescadores) donde nadie pesca, pero es un paseo turístico obligado por un reciclado que se anticipó en décadas a Puerto Madero.
Y en la recuperación de las zonas antes deprimidas que hoy están de última moda, con hoteles boutiques encantadores y una masa crítica de artistas sólo comparables con el Soho de Nueva York.

¿Qué hay de nuevo?

Para novedades, los clásicos. Y San Francisco es una ciudad clásica donde dejó el corazón Tony Bennett, la vida Janis Joplin y se fundó la revista Rolling Stone, que le dio al rock la misma importancia que al cine o la literatura. No se puede dar un paso sin llevar de la mano esos recuerdos, que son reinterpretados a la luz de los nuevos tiempos bajo la consigna del conjunto de Mick Jagger que, largamente pasada su cincuentena, insiste en el título de su conjunto: piedra que rueda no crea musgo. La vida es para vivirla, no para guardarla.
Hay muchas cosas nuevas en SF, siglas que son de uso más común que llamarla Frisco. Sin embargo, los nuevos edificios, atracciones, costumbres no borran las anteriores, las complementan. Sigue siendo el lugar donde mejor se come en Estados Unidos, aventajando a Nueva Orleáns o Chicago. Ellos dicen que así como París es la moda, Londres el teatro, San Francisco es la buena mesa.
No es casual que hagan referencia a ciudades europeas porque también se les parece. Por empezar es peatonal, como Roma o Madrid. Y con un excelente sistema de transporte público: subterráneos, trolleys, ómnibus y más tranvías que se suman al antológico Cable Car.
Todo está a distancia humana, se puede ir caminando desde el centro de lujo de Union Square (Macy´s, Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus, etc.), pasear por el Distrito Financiero con sus grandes rascacielos a prueba de terremotos y penetrar en Chinatown, donde hasta las cabinas telefónicas tienen signos chinos.
Luego trepar hacia la colina de Nob Hill con los grandes hoteles y mansiones y sacar una foto memorable con la bahía al fondo y con la cárcel incluida que encerró a Al Capone y donde filmaron Burt Lancaster y Sean Connery, entre otros. O ir bajando rumbo a North Beach, el barrio italiano, que la historia también recuerda como Barbary Coast, porque allí se amontonaban los barcos atraídos por la fiebre del oro a fines del siglo XIX.
Hoy es Embarcadero, una zona con grandes espacios para correr o andar en bicicleta o patines, cubierta de restaurantes y bares con mesas al sol. Desde allí salen varios ferries y grandes yates para excursiones. En esta suerte de esquina al Nordeste se concentran varios de los puntos más interesantes.
En los últimos tiempos se agregó otro recorrido imperdible: la zona que rodea al nuevo Museo de Arte Moderno y el vecino complejo de Yerba Buena. Era un barrio donde se pasaba de largo, porque estaba al sur de la calle Market, que marcaba el límite del centro. Hoy se levantan grandes hoteles, por ejemplo, el W y el complejo de entretenimientos de Sony con juegos interactivos y dieciséis cines, incluyendo un IMAX.
Además hay muchos lugares para comer para gustos y bolsillos diferentes. Se va a olvidar de las hamburguesas y de la fast food para disfrutar del Dim Sum (brunch a la china) o lo que se le ocurra a la italiana o a la francesa y hasta a la norteamericana.

Fiestas muy variadas

Sus barrios se van yuxtaponiendo, en un bricolaje de tolerancia donde las banderas gay del Distrito Castro se reemplazan unas cuadras más allá por las mexicanas en Misión, el barrio hispano donde se celebra el carnaval en su fecha patria (5 de mayo), porque el tiempo es más cálido que en febrero.
Las celebraciones forman parte del estilo de vida: los dragones del Año Nuevo chino a fines de enero; los irlandeses que todo lo pintan de verde en marzo, en el Día de San Patricio; los quimonos de las japonesas en abril; los mariachis mexicanos en mayo, y por supuesto, entre otras fiestas, el Día del Orgullo Gay, a fines de junio.
Como toda ciudad que ha sufrido catástrofes naturales al renacer de sus escombros se vacunaron contra la preocupación por el futuro.
Siguen viviendo junto a la gran falla de San Andrés y se preparan para el eventual Big One de la manera más inteligente posible. Por eso construyen rascacielos. Un temblor se produjo al inaugurarse el nuevo Marriott, en 1989, con sus 40 pisos y el edificio ni se inmutó.
Por Horacio de Dios
Para La Nación

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