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 • HISTORICO

Sydney: entre las mejores ciudades del mundo

Grande y atractiva, ofrece una óptima calidad de vida y, por supuesto, innumerables lugares de interés para visitar y disfrutar




SYDNEY (El Mercurio, de Santiago).- No es sólo la más grande y atractiva de las ciudades australianas; es también, según encuestas internacionales, opiniones y revistas de viaje, la mejor del mundo. Con una buena calidad de vida y la más linda. Así de drástico, así de irrefutable. Pero, ¿es realmente tan así? Lo único que podemos decir aquí es que hay momentos, ciertas horas del día, en que es posible tener esa certeza. Y en este texto vienen los ejemplos.
Primera certeza. Son las 19 y sale uno a correr por Sydney, sin conocerla. Lo único que sabe es que debe enfilar hacia el Este, siempre bordeando la bahía, si lo que quiere es llegar hasta Royal Botanic Gardens, uno de los parques que hay en la ciudad. El hotel queda junto al Harbour Bridge y, si todo va bien, el improvisado circuito tendría que llevarlo a uno por Circular Quay (muelle desde donde salen los ferries a distintos puntos de la ciudad) y por la Opera House (peculiar teatro que es la cara de Sydney en todo el mundo). Será una especie de recorrido iniciático-deportivo-turístico.
Sopla un viento fuerte, pero es tibio y agradable, y en la bahía hay cientos de embarcaciones. Hasta da la impresión de que hay más tráfico en el agua que en la tierra.
Se encienden las primeras luces y los colores del atardecer convierten a la fotogénica Sydney en una postal. Es como si fuera Navidad o último día del año, o al menos un domingo especial, pero es un miércoles cualquiera, un día común y corriente. Quedan atrás Circular Quay y la Opera House, ingresa uno a los Reales Jardines Botánicos, y entonces mucha gente trotando, infinidad de sujetos alimentando a unas blancas y gritonas cacatúas, letreros de Por favor, pise el césped. Y árboles bajo cuya sombra una familia que ha extendido un mantelito a cuadros se dispone a descorchar un Chardonnay que se adivina bien frío.
Segunda certeza. Sydney desde arriba, a cualquier hora del día. Hay muchas formas de hacerlo. Están los vuelos en helicóptero por la bahía, que duran unos quince minutos y valen desde US$ 210. Está la Sydney Tower, una torre que queda en el centro, que tiene 305 metros y es el edificio más empinado de la ciudad. Hasta allí se sube por un ascensor que demora sólo 40 segundos en llevar a la cima, previo pago de 7 dólares.
Y está el tour para trepar hasta lo alto del Harbour Bridge. Se trata de lo más turístico y comercial en la turística y comercial Sydney, pero vale la pena. Se sienta uno en una oficina contigua al puente y se entretiene con las fotos de famosos que han hecho el tour, gente como Will Smith y Jodie Foster. Después lo hacen pasar a una oficina separada donde lo someten a un alcotest, le entregan un traje gris y le explican lo esencial: un arnés irá sujetando el cuerpo a la estructura del puente durante todo el trayecto. Está prohibido llevar cámaras, lentes de sol o binoculares (no se puede permitir el riesgo de que algo caiga sobre los autos que circulan por el puente). Hay que llenar un formulario donde se declara que uno nunca ha tenido ganas de suicidarse (como si eso fuera posible) y no sufre de vértigo. Luego comienza el ascenso.
Tercera certeza. Tomar un taxi por la noche y pedir que lo dejen en Paddington o, si se está de ánimo más liberal, en Oxford Street. Paddington queda a unos cuatro kilómetros del centro y es una buena manera de acercarse a una Sydney hecha más para los locales. Es, además, un excelente ejemplo de cómo un barrio antiguo puede ser exquisitamente restaurado.
Las casas tienen terrazas en el segundo piso, con barandas de hierro forjado, pero también hay tiendas entretenidas, galerías de arte y muchos restaurantes con toda clase de comida. La calle Oxford es precisamente el corazón del barrio, aunque resulta más agitado. Se trata de una larga serie de restaurantes, cafés, bares, night clubs y discotecas que deben buena parte de su fama y espíritu a la comunidad gay que vive en esta zona, haciendo escuchar su voz y con mucha influencia.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 1710
Pasaje de ida y vuelta a Sydney, con tasas e impuestos incluidos.

Alojamiento

Renaissance Sydney Hotel: en pleno centro de la ciudad, a pocas cuadras de Circular Quay. Habitaciones dobles desde 150 dólares. 30 Pitt Street, Tel. (61-2) 9259 7000; www.renaissancehotels.com .
The Sebel Pier One: construido sobre un muelle y muy próximo al Harbour Bridge, cuenta con una excelente vista y ubicación. Muy buena alternativa. Habitaciones dobles desde 150 dólares. 11 Hickson Road, Tel. (61-2) 8298 9999; www.mirvac.com.au .
Ravesi´s: una excelente opción si la idea es quedarse en Bondi Beach. Habitaciones desde 80 dólares. Esquina de Corner Campbell Parade y Hall Street, Tel. (61-2) 9365 4422.

En Internet

Domingos de surf y tiburones

Domingo en Sydney. Demasiados panoramas. Podría ser una playa como Bondi o Manly, un barrio como Chinatown, un parque como el Hyde o los Royal Botanic Gardens, o una escapada hasta la zona de viñedos de Hunter Valley o hacia los bellos paisajes de las Blue Mountains. O el zoológico. O el enorme acuario. O una obviedad como el Sydney Opera House o el barrio The Rocks, que fue donde se instalaron los primeros habitantes de la ciudad. O una bahía escondida, entre las decenas que hay en Sydney, donde hay apenas unos cuantos botes y unas cuantas casas, y unos niños jugando y cero agitación. Los domingos son más cortos en Sydney.
Así que lo mejor es partir temprano y tomar un ferry hasta la playa de Manly o, mejor aún, hasta Bondi. La primera está hacia el norte de la ciudad y no es muy grande; ahí se practica surf y todo el mundo toma sol y se baña como si las vacaciones fueran un estado permanente. En Manly, además, hay una peatonal donde venden toda clase de recuerdos, de esos que uno puede repartir entre los compañeros de trabajo al regreso.
Bondi, en tanto, es la playa más famosa de Sydney, el sitio donde convergen musculosos surfistas vestidos con los clásicos bermudas floreados y abrigados viejitos japoneses en plan de turismo para la tercera edad.
La razón principal para ir hasta Bondi es la bonita playa, donde uno puede pasar horas mirando las piruetas de los surfistas o metido en las aguas tibias, o acostado en la arena con vista al agraciado paisaje femenino.
Después uno puede volver al ferry, regresar hasta Circular Quay y desde ahí tomar otra de estas embarcaciones hasta el Sydney Aquarium, sobre todo si la persona que lo acompaña a uno lo único que ha hecho toda la mañana es hablar de tiburones y las tremendas fotos que podría tomarles.
Entonces parte uno al acuario y comprueba que, en efecto, vale la pena ver los mentados escualos, pero también las medusas y tortugas, y todos los demás habitantes del pródigo mar australiano.
Javier Fuica del Campo

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