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 • HISTORICO

Un monumental tour por los caminos de la literatura

Estatuas de personajes inmortales en calles y parques del mundo




Imaginados, luego escritos, después leídos y finalmente inmortalizados. Los personajes de las grandes obras literarias viven. Salen de sus páginas, pasan por cines y teatros, y conquistan la realidad, confundiendo las fronteras de la ficción. ¿En serio hubo alguna vez una mujer con cola de pez? ¿Existieron Romeo y Julieta? Sí: existen. Y el mundo les rinde homenaje levantando monumentos en su honor.
Uno de los iconos de Londres es Sherlock Holmes, el detective que sir Arthur Conan Doyle imaginó viviendo en una casa ficticia en 221 B Baker Street, en el West End. Desde 1999, frente a la estación de subte Baker Street está, quieto, de bronce, pipa en mano, el mismísimo Sherlock, dándoles la bienvenida al barrio a los miles de turistas que se acercan a visitar la famosa dirección.
Además, Holmes también aparece en Picardy Place, en Edimburgo, donde nació su creador, y se ve más lejos aún: en Rusia, adonde ni siquiera sus investigaciones lo llevaron.

Shakespeare también

Si se le rinden tantos homenajes al gran personaje de Doyle, cae de maduro que también los de Shakespeare serán reproducidos en bronce y cemento por todas partes. Hay que empezar por la ciudad natal del gran dramaturgo: Stratford-On-Avon (que es a Shakespeare, lo que Salzburgo a Mozart, o lo que Praga a Kafka), una especie de Shakespeareville donde está el Gower Memorial, una estatua que lo inmortaliza junto a cuatro de sus más renombrados personajes: Lady Macbeth, Prince Hal, Hamlet y Falstaff, que representan la filosofía, la tragedia, la historia y la comedia.
Tampoco en Verona, donde vivieron y se enamoraron Romeo y Julieta, podían faltar monumentos alegóricos. Una estatua de Julieta se erige frente a la casa donde supuestamente vivía la enamoradiza Capuleto. La tradición dice que aquel hombre soltero que acaricie el pecho derecho de la muchacha tendrá suerte en el amor.
Una curiosidad marca cómo se han cruzado Shakespeare y las tecnologías del siglo XXI: desde hace años, miles de turistas pegan mensajes de amor en las paredes de la casa de Julieta, por lo que el aspecto de la fachada perdió cierto atractivo y las paredes comenzaron a deteriorarse, ya que muchos pegaban sus mensajes con chicle. Por eso, los responsables de la oficina de turismo local hallaron una solución: un número al cual los visitantes pueden enviar un mensaje de texto con sus celulares. Los mensajes son retransmitidos en una pantalla gigante...
Del otro lado del Atlántico, más específicamente en el Central Park neoyorquino, Romeo y Julieta se besan desde 1966 frente al teatro Delacorte, donde todos los años se presentan obras de su autor. A su lado, Próspero cuida a su hija Miranda, como lo hacía en La Tempestad .
El Central Park es un gran paseo para aquellos que disfrutan de esculturas y monumentos, donde los chicos encontrarán algunos de los más populares protagonistas de historias fantásticas. Alicia no está en el País de las Maravillas, sino ahí, sobre la calle 74, en el lado norte del parque, sentada sobre un hongo gigante y rodeada de algunos de sus amigos: la Liebre de Marzo, el Gato de Chesire y el Lirón, entre otros. Los niños suelen treparse a la estatua para abrazarlos.

Pobre Sirenita

Otros personajes fantásticos del parque son Mother Goose y El Patito Feo, creado por Hans Christian Anderson. Este danés es un icono de Copenhague, donde no hay turista que no pase por el puerto a visitar a La Sirenita, protagonista de uno de los más famosos cuentos infantiles del escritor. Más de un visitante se sorprende al ver que la estatua de bronce no mide más que 1,25 metros, descansa sobre una piedra a orillas del Báltico, y es víctima de tantos ataques de vandalismo que, de poder hablar, le pediría a las autoridades que la muden a otra parte.
La enumeración comienza con una decapitación en 1964, perpetrada por algunas artistas miembros de un grupo político. Veinte años después le serrucharon un brazo, pero lo devolvieron a los dos días. En 1990 quisieron cortarle la cabeza otra vez, pero apenas pudieron hacerle un tajo de 18 centímetros. En 1998 lo lograron, y el cráneo fue devuelto por un anónimo, un mes más tarde, a un canal de televisión.
Pero la mujer pez no es la única que sufre ataques. También los personajes de caricaturas reciben golpes bajos. El pobre gato Garfield, obra del dibujante Jim Davies, fue decapitado a fines del año pasado en Marion, Indiana, apenas dos meses después de haberlo colocado en la calle Riverwalk.
Para no ser menos, también en América latina se destruyen monumentos de algunos de sus más queridos personajes. En octubre de 2003, los diarios chilenos hablaban de la indignación que había generado la remoción de una estatua de Condorito, frente a las playas de El Quisco. Las autoridades adujeron que sacaron la estatua del pajarraco de Pelotillehue porque la gente la dañaba, colocando objetos obscenos.
Otros tuvieron más suerte. En Bélgica, Tintín es ídolo y su monumento en el Wowendael Park de Bruselas se mantiene firme desde 1976.

El Principito pasó por Concordia

"Me referiré a una breve escala en alguna parte en el mundo. Era cerca de Concordia, en la Argentina, pero hubiera podido ser en cualquier otro lugar: de tal modo está difundido el hemisferio." Esto escribía Antoine Saint-Exupéry en su cuento Oasis, en el que hace referencia a una de sus aventuras aeronáuticas en tierras argentinas.
Era enero de 1930 y su avión se había averiado, por lo que tuvo que aterrizar de emergencia en una colina en Salto Chico, en las afueras de Concordia. A pocos metros estaba el llamado castillo de San Carlos, que en realidad era una vieja mansión ocupada por los Fuchs Vallon, una familia francesa. Saint-Exupéry fue ayudado por ellos y terminó haciéndose amigo, a tal punto que los visitó más de una vez mientras estuvo en el país. De regreso a Francia, escribió el relato dedicado a ese lugar donde vivió "un cuento de hadas".
Hay quienes afirman que ese encuentro fortuito fue también inspirador de su obra cumbre, El Principito , personaje al que se le hizo un monumento frente al castillo de San Carlos. Se lo puede ver allí, blanco, firme, sobre su asteroide.
Claudio Weissfeld

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