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 • HISTORICO

Un toque de distinción en la mítica Chicago

Es un canto al diseño, el arte, la música; se sobrepuso al incendio que quiso convertirla en pasado y a las páginas adversas escritas en una época sin alcohol




CHICAGO.- Chicago optó por un recurso que suena a fábula para contar su renacimiento. Había una vaca, dicen, que fue culpable del gran incendio de 1871: la catástrofe se inició en el granero de Patrick O´Leary y prácticamente destruyó una ciudad que todavía no había cumplido cincuenta años. Luego viene la enseñanza moral: en vez de doblegarse, sus pobladores vieron en ese hecho la oportunidad de reconstruir una ciudad con una impronta de grandeza.
Más allá de que esa decisión se advierta hoy en cosas tan intangibles como el aire de la gente al caminar por la calle, la velocidad exacta en la que todo se mueve, es fundamentalmente la arquitectura la que ha quedado como prueba más concreta de ese plan ambicioso. El diseño no da mucho espacio para las distracciones. No es un lugar para perderse en introspecciones.
Michigan Avenue, la calle inevitable que toda ciudad tiene, es un punto en el que se puede ver mucho de la arquitectura más nueva. De hecho, Michigan tuvo una atención especial en el plan de remodelación de la ciudad que, en 1909, creó y puso en marcha el arquitecto Daniel H. Burnham. Entonces pasó de ser una apacible calle de casas residenciales a un boulevard con una actividad comercial cada vez más creciente, que hoy se concentra en un sector llamado Magnificent Mile.
Más hacia el Norte, el área de Lincoln Park es otro centro que agrupa varias de las expresiones más interesantes de la arquitectura.
Entre ellos hay dos obras de Jordan Mozer: Scoozi! es un restaurante que antes fue un garage mecánico en el que se combinan paredes descascaradas, pisos de mosaico y un sistema de iluminación basado en artefactos industriales. Cairo, otra de sus obras, es un club de jazz.
En el extremo opuesto, hacia el Sur, se puede ver la arquitectura de Chicago aplicada a otros de los puntos clave de la ciudad: la Universidad.
Las distintas sedes académicas de la University of Chicago -cuyos fuertes son la economía, la física y las ciencias sociales-, más la iglesia y el hospital se ubican en las proximidades del Washington Park, un área en la que se percibe ese aire de vida sin conflictos que saben transmitir las universidades americanas.
La Universidad fue inaugurada en 1892 y, según el diseño neogótico de Henry Ives Cobb, muchas de las distintas sedes, construidas en proporciones medievales y con ventanas en forma de ojiva, se ubican alrededor de un cuadrángulo central. La Biblioteca John Crerar, donde se puede encontrar toda la bibliografía sobre ciencia de la Universidad, también tiene reminiscencias góticas.
En esta zona de Hyde Park hay casas que se consideran baratas si cuestan medio millón de dólares y también departamentos antiguos en los que parecen habitar muchos de los estudiantes: desde algunas ventanas se ven escritorios con pilas de papeles, libros a medio abrir, una taza.

Templos de la memoria

Casi no hay aspecto de Chicago que no tenga su museo adjunto, como si la ciudad necesitara organizar en espacios concretos su memoria y su futuro. Hay museos dedicados a la ciencia, la tecnología y el medio ambiente, al arte, a la historia, o a las distintas comunidades del mundo que se asentaron en este suelo; incluso, una especie de museo dedicado al blues.
El Shedd Aquarium, el Adler Planetarium y el Field Museum forman una tríada ubicada en el Museum Campus, un espacio de parque que se interna en el lago Michigan. Los dos primeros se dedican a lo que su nombre indica con más claridad que el tercero, donde hay una gran variedad de momias, tumbas egipcias, esqueletos de dinosaurios y muchos otros elementos pertenecientes al campo de la antropología, la botánica, la geología y la zoología. El Museum of Science and Industry no sólo es recomendable en sí mismo, sino que está en las inmediaciones de Hyde Park.
Si se trata de arte, el par más célebre es el formado por el Museum of Contemporary Art y el Art Institute of Chicago. El primero alberga una colección permanente de piezas de arte producidas a partir de 1945; el segundo tiene hitos del arte del impresionismo y del postimpresionismo, las dos escuelas a las que se dedica. El Terra Museum of American Art es doblemente interesante: por un lado, contiene obras de Whistler, Sargent, Cassatt, Hopper y otros artistas americanos. Por otro, funciona en un complejo de tres edificios diseñado por Booth Hansen & Associates, que es uno de los hitos arquitectónicos de North Michigan Ave.
Sobre South Michigan Ave. está ubicada Willie Dixon´s Blues Heaven Foundation, una especie de reservorio de la historia del blues, que en las primeras décadas de este siglo emigró desde el Delta del Mississippi hasta Chicago. Allí también funcionó Chess Records, el estudio de grabación por el que pasaron Muddy Waters, Chuck Berry, Etta James y Aretha Franklin.
Además, hay museos dedicados a la fotografía, el diseño, el arte producido por los veteranos de Vietnam, la cultura lituana.
De Al Capone y la Ley Seca sólo se alcanza a escuchar que en 35 East Wacker Drive funcionaba uno de los bares ilegales del rey de la mafia. Nada guarda la memoria de ese Chicago.
María Sonia Cristoff

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