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 • HISTORICO

Una expedición por la Patagonia, a pura aventura

Por Virginia Elizalde Para LA NACION




El 1º de diciembre de 1999 comencé el viaje más duro y, a la vez, el más espectacular de mi carrera deportiva. Eran las 8 de una fría mañana en la Patagonia, y junto a 212 deportistas de todo el mundo íbamos a comenzar una de las pruebas más exigentes del mundo: La Eco Challenge Discovery Channel.
Se trata de una carrera donde 53 equipos formados por cuatro integrantes recorren casi 500 kilómetros sin parar, durmiendo donde pueden, comiendo lo que lleven y desafiando todo tipo de inconvenientes.
Las disciplinas de esta carrera son kayak en lago, cabalgata, trekking en montaña y en glaciares, kayak en aguas blancas de ríos clase 4 y otras disciplinas de montaña .
Nuestro equipo, el Energizer Aconcagua, era el debutante de los equipos argentinos. La carrera comenzó con kayak. Nos esperaban 100 kilómetros de remo en el lago Nahuel Huapi. Fueron 14 horas sin descanso, y el último tramo lo hicimos sin luz. Si nos dábamos vuelta, estoy segura de que moríamos de hipotermia.

Sangre, sudor y lágrimas

Llegamos a la parte final de kayak, en la desembocadura del lago y el nacimiento del río Limay, y tuvimos que cruzar a nado el río congelado. Afortunadamente nos esperaba una etapa relativamente fácil, la cabalgata. Después de todo el día a caballo y con el cuerpo dolorido comenzamos una etapa de trekking.
A la noche paramos a dormir en un establo, donde el olor no era agradable, pero después de dos días de tanto desgaste físico, nada importaba.
El siguiente día fue terrible. Caminamos todo el día junto con los sudafricanos y alemanes, con quienes compartimos toda esa etapa. Antes de oscurecer, los alemanes siguieron por un camino que creímos no era el correcto, y junto a los sudafricanos nos internamos en un bosque.
El clima cambió rotundamente y se largó una tormenta, con vientos de 150 kilómetros por hora, con temperaturas bajo cero. Estábamos perdidos y se aproximaba la noche. Para hacer 100 metros tardamos una hora, el suelo estaba resbaladizo e inclinado al arroyo Torrontegui.
Después decidimos que era demasiado peligroso seguir y armamos una carpa para tres personas donde dormimos siete. Cuando salimos a la mañana siguiente estaba nevando.
El siguiente puesto de control cerraba en cinco horas. Primero había que encontrar el sendero que nos llevara a la salida para después empezar la etapa de montañismo. Pero con nuestro equipo y ropa empapados no podíamos subir a la montaña, porque era ir a una hipotermia segura.

Atando cabos

Estuvimos a punto de encender la radio para que nos vinieran a buscar, pero advertimos que no nos podrían rescatar, así que seguimos adelante. El camino estaba tan resbaladizo que atamos cabos a los árboles para sujetarnos. Si alguien perdía el equilibrio, caía al arroyo y desaparecía.
Después de tres horas de sufrimiento, llegamos al sendero adecuado. Estabamos felices. Caminamos lo más rápido posible hasta llegar frente al lago Gutiérrez, donde la gente de la organización buscaba a los equipos que, como nosotros, se habían perdido. Seguía nevando, pero estábamos contentos porque seguíamos en carrera.
La parte de la montaña fue emocionante. Había sitios increíbles que levantaban el ánimo por su belleza.
La etapa del kayak inflable en el lago Mascardi y el río Manso fue lo mejor. Después seguimos con un trekking, donde además de un rappel de más de cien metros en caída libre, faltaba llegar a la cima del Tronador.
Así, después de todo un día de caminata por bosques de cañas y caminos peligrosos llegamos a la base del cerro, donde dormimos hasta las dos de la mañana, hora en que íbamos a atacar la cumbre.
Esa caminata por la nieve en el amanecer hasta la cima fue una de las partes más lindas de la carrera.
Los equipos de punta ya habían terminado y a nosotros todavía nos faltaba un largo camino, pero nuestro objetivo era llegar al final y tratar de pasarla lo mejor posible.
Nuestro último día fue el peor; yo tenía los pies ampollados y a cada paso veía las estrellas. En resumen, un camino que pensábamos hacer en cuatro horas nos llevó diez, porque estábamos tan perdidos que no encontrábamos la salida.
Finalmente la encontramos y empezamos a remar por un lago espectacular, seguimos con un trekking hasta Brazo Tristeza y allí tomamos los kayak para emprender la última etapa. Llevábamos las banderas de la Argentina y Sudáfrica, cantábamos y nos reíamos de felicidad porque estábamos terminando una de las carreras más difíciles del mundo.
Había muchísima gente esperándonos, varios equipos fueron a recibirnos y sonaban las sirenas de Prefectura. Sin embargo, para mí el mejor premio fue llegar y abrazarme con mi marido y mis hijas.
Cuando una termina una carrera dice nunca más en mi vida . Sin embargo hoy, a menos de un año de aquella experiencia, estoy a punto de viajar a Nueva Zelanda para participar en otra, igual a la de la Patagonia, y hasta más dura.
La autora es deportista y periodista. En 1998 se consagró campeona argentina de windsurf.

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