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 • HISTORICO

Vestir punk, pero no punk





Sigue dando que hablar la gala del MET que se celebró hace un par de días en Nueva York y que, como cada año, convoca a las celebridades más top de todo el mundo enfundadas en diseños de los más grandes. Esta vez la consigna fue revivir la cultura punk y así quedó inaugurada la muestra Punk: chaos to couture a la que recomiendo ir. Es una buena caminata por trajes y prendas que retratan este movimiento cultural por modistos modernos. Y está muy de moda este estilo, pero soy de la idea que muy pocos lo llevan con admiración a los primeros punks porque es un estilo de vida, no una moda. Pienso entonces en la artista californiana Natalia Fabia como una neo punk las 24 horas y en Vivienne Westwood como la diseñadora que enfoca a ese target joven que quiere lo trush, los grotesco con límites, lo border glam. Ella se mantiene en la misma línea siempre.
Punks como los del principio no quedan en el mundo de la alta moda, si es que alguna vez hubo alguno: el punk no era fashion, el punk remendaba en serio y tapaba agujeros de verdad, se vestía de la calle o con lo más barato que encontrara por ahí, no combinaba nada, pero no a propósito, sino porque no tenía recursos ni los hubiese gastado en una tienda de moda. El punk protestaba contra el deber ser y el artificio, el punk no ganaba ni gastaba un peso en una estética refinada. El desprolijo era el resultado inevitable, no un objetivo planificado.
Confieso que lo que vi en la gala del MET no me desvivió porque no vi una identificación con las ráices de este movimiento. Se notaba que la mayoría quería estar correcta y divina, sexy y glamorosa, antes que jugarse por un verdadero look punk, en todo caso con estilo, pero punk al fin. Y pensé que esto quizás pasó porque justamente no hay bases comunes entre el punk y la alta costura: sus orígenes son opuestos. Imagino a los primeros diseñadores criticando a los mugrientos punks que vagaban por las calles y retaseaban harapos... Pero claro, hoy ser punk es cool.
Haciendo un repaso y salvando distancias, las que me gustaron fueron cuatro: Sarah Jessica Parker (Philip Treacy), Beyonce (Givenchy), Carine Roitfeld (Givenchy) y Cara Delevingne (Burberry).




El resto fue chiste, sinceramente no me gustó nada más. Había looks que me cuesta creer que hayan sido presentados como punk: Gisele Bundchen vestida por mi caro Anthony Vaccarello no fue nada del otro mundo, esperaba más de él. Aunque ella es espléndida por donde se la mire y se esmeró por mostrar una actitud divertida, le puso onda.
El resto de lo que hizo Givenchy estuvo muy bien, pero cero punk, al igual que Tom Ford. Ambas casas me fascinan, pero en la consigna le erraron.
Yo hubiese elegido un vestido negro de Alexander McQueen vintage (cuando él todavía vivía) con la espalda descubierta y la cola larga, los géneros superpuestos y combinaciones con cuero. Hubiese jugado mucho con el pelo y llevado toneladas de accesorios, aros, ganchos y broches, todo el detalle al mejor estilo Gaultier.
De todas maneras, me hubiese costado. El estilo punk no es mi estilo, no suelo elegirlo, en todo caso me tiro más para lo rockero cuando quiero dar toques hard a un outfit, pero lo punk no me identifica. Lo analicé mucho siempre porque está latente en cada diseñador esta desviación, pero no me pega ni le pego. Sólo en Halloween, la única vez al año que me encanta disfrazarme de punk. Con cresta y todo.

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